Salud
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Ruido de motos en la ciudad: contaminación acústica y su impacto en la salud auditiva
El aumento del parque de motocicletas y las modificaciones en sus sistemas de escape están intensificando la contaminación acústica urbana. Especialistas advierten que la exposición constante al ruido del tránsito puede provocar fatiga auditiva, tinnitus y daño progresivo de la audición.
El ruido ambiental se ha consolidado como uno de los principales contaminantes de las ciudades, aunque muchas veces pase inadvertido. Actualmente, el tránsito vehicular concentra cerca del 70% del ruido urbano, convirtiéndose en una fuente permanente de estrés para millones de personas. En este escenario, las motocicletas han adquirido un protagonismo creciente.
El anuncio del Ministerio de Transportes y el Ministerio del Medio Ambiente sobre la revisión del Decreto Supremo N°7 —que regula las emisiones sonoras de los vehículos— responde a un fenómeno en expansión. En los últimos cuatro años, el parque de motocicletas en Chile ha aumentado en un 40%, crecimiento estrechamente ligado al auge de las plataformas de reparto, que hoy reúnen a cerca de 300 mil trabajadores en el país.
A este aumento se suma un factor crítico: estudios del Ministerio del Medio Ambiente indican que las modificaciones no autorizadas y el desgaste de los sistemas de escape pueden elevar hasta en 20 decibeles el ruido emitido por una motocicleta, una diferencia que puede transformar un sonido cotidiano en una exposición dañina.
Por eso especialistas advierten que este tipo de ruido no solo genera molestias momentáneas. “La exposición constante al ruido del tráfico mantiene al organismo en un estado de alerta permanente. Esto afecta el descanso, la concentración y el estado de ánimo, y en el largo plazo puede provocar síntomas como tinnitus o fatiga auditiva”, explica Luciano García, fonoaudiólogo especialista en salud auditiva de GAES Chile.
El especialista agrega que uno de los principales problemas es la normalización del ruido urbano. “Muchas personas asumen que vivir con altos niveles de ruido es parte inevitable de la ciudad, cuando en realidad se trata de una exposición que puede tener consecuencias acumulativas sobre la salud auditiva y general”.
En ese contexto, la revisión del DS N°7 es vista como una oportunidad para avanzar en prevención. “Actualizar la normativa no solo permite una fiscalización más efectiva, sino que también envía una señal clara de que el ruido vehicular es un tema de salud pública, no solo de convivencia”, señalan desde GAES.
Cómo proteger la salud auditiva frente al ruido urbano: recomendaciones clave para la vida en la ciudad
● Evitar la sobreexposición: Quienes pasan varias horas al día en el tránsito —como repartidores, conductores o peatones frecuentes— deben estar atentos a señales como zumbidos persistentes, sensibilidad al ruido o cansancio auditivo.
● Mantenimiento responsable: Mantener los vehículos en buen estado y evitar modificaciones irregulares en los escapes reduce significativamente la emisión sonora y el impacto en el entorno.
● Chequeos preventivos: “La pérdida auditiva suele avanzar de forma silenciosa. Realizar evaluaciones auditivas periódicas permite detectar a tiempo alteraciones que, si no se abordan, pueden volverse irreversibles”, enfatiza García.
● Conciencia ciudadana: Reducir el ruido urbano no depende solo de la fiscalización, sino también de un cambio cultural que entienda el silencio y el sonido moderado como parte del bienestar colectivo.
Ruido urbano: un desafío de salud pública que exige prevención y corresponsabilidad
Abordar el ruido vehicular en las ciudades requiere una mirada integral que combine actualización normativa, fiscalización efectiva y un mayor compromiso social. El crecimiento del parque automotor, en particular de las motocicletas, ha convertido la contaminación acústica en una exposición cotidiana que afecta el descanso, la concentración y la salud auditiva de la población, muchas veces sin que exista plena conciencia de sus efectos acumulativos.
En este escenario, el mantenimiento responsable de los vehículos, la prevención en salud auditiva y la adopción de hábitos urbanos más respetuosos del entorno son fundamentales. Reducir el ruido no solo mejora la convivencia, sino que constituye una medida concreta de protección de la salud pública, especialmente en contextos urbanos densamente poblados donde el impacto del sonido excesivo se vuelve permanente y transversal.