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Dolor de rodilla en adolescentes: causas frecuentes durante el crecimiento y cuándo consultar Salud Crédito: Cedida

Dolor de rodilla en adolescentes: causas frecuentes durante el crecimiento y cuándo consultar

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El dolor de rodilla es una de las molestias más comunes en la adolescencia y suele aparecer cuando el crecimiento corporal avanza más rápido que la adaptación muscular y articular. Especialista explica por qué ocurre, cuándo preocuparse y cómo prevenir lesiones sin abandonar el deporte.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El dolor de rodilla en adolescentes es una consulta frecuente y suele estar relacionado con el rápido crecimiento corporal y la adaptación del sistema musculoesquelético. Cambios en la alineación, control neuromuscular y cargas deportivas pueden generar molestias, especialmente en jóvenes activos. Expertos advierten que no todo dolor es normal y existen señales de alerta que requieren evaluación profesional. La prevención se basa en una adecuada dosificación del ejercicio, fortalecimiento muscular, descanso y evitar el sedentarismo o aumentos bruscos de actividad.
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Una de las molestias más comunes es el dolor de rodilla, ya que es una consulta frecuente durante la adolescencia y, en muchos casos, está relacionado con la adaptación del sistema musculoesquelético a un cuerpo que cambia rápidamente.

Así lo explicó Juan Ignacio de la Fuente, académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, quien señaló que “en las y los adolescentes, muchas veces la rodilla no se ‘echa a perder’, sino que está adaptándose a un crecimiento acelerado, y el dolor aparece cuando la carga supera la capacidad de adaptación del momento”.

Causas del dolor

El experto explica que “una de las causas más habituales es el dolor patelofemoral, que se manifiesta como dolor anterior o alrededor de la patela (rótula) y suele intensificarse al subir o bajar escaleras, correr o permanecer sentado por periodos prolongados”.

Durante la pubertad, el aumento rápido de estatura puede generar un desfase temporal entre el crecimiento óseo y el control neuromuscular, lo que afecta la estabilidad de la rodilla y favorece la aparición de molestias. A esto se suman cambios transitorios en la alineación, la laxitud articular y los patrones de movimiento, que modifican la forma en que se distribuyen las cargas sobre la articulación.

El kinesiólogo también destacó la apofisitis por tracción, como la enfermedad de Osgood-Schlatter, una causa típica en adolescentes activos. “Esta condición provoca dolor bajo la rodilla, en la tuberosidad tibial, debido a la irritación del cartílago de crecimiento, y suele asociarse a saltos, carreras y aumentos bruscos de la carga deportiva”, explica el experto.

Efectos de crecimiento veloz

El crecimiento acelerado, la actividad física intensa y el sedentarismo influyen directamente en la aparición del dolor. De la Fuente explicó que aumentos rápidos en la intensidad o volumen del entrenamiento, la falta de descanso, el sueño insuficiente y la especialización temprana en un solo deporte pueden sobrecargar la rodilla.

“El sedentarismo genera desacondicionamiento muscular, de modo que, cuando el adolescente retoma la actividad de forma abrupta, la articulación recibe cargas para las que no está preparada. Tanto el exceso de carga sin descanso como el sedentarismo con retorno brusco pueden terminar en el mismo problema: músculos que no logran estabilizar bien la rodilla cuando aumenta la exigencia”, advirtió.

Consulta médica y prevención

El académico recalcó que no todo dolor es normal y que existen señales de alerta que requieren evaluación profesional. “La inflamación evidente o edema articular, dolor con bloqueo o sensación de que la rodilla “cede”, aumento de temperatira en la zona o signos inflamatorios intensos, dolor nocturno persistente o molestias que no mejoran tras dos a cuatro semanas de manejo conservador. El dolor por crecimiento suele ser mecánico y dosificable; si hay derrame, fiebre o bloqueo, eso ya no calza con lo esperable”, enfatizó.

En cuanto a la prevención, el especialista subrayó que la clave no es dejar el deporte, sino adaptarlo. Recomendó cuidar el sueño y la recuperación, incorporar días de descanso, fortalecer progresivamente el cuádriceps y la musculatura de la cadera, regular la carga de entrenamiento y evitar aumentos bruscos de intensidad. También sugirió promover la variedad de actividades y movimientos, utilizar alternativas de bajo impacto cuando hay dolor y planificar un retorno gradual al deporte.

“Si el adolescente se mantiene activo con una buena dosificación de cargas, fortalece los músculos que estabilizan la rodilla y respeta los tiempos de recuperación, la mayoría de estos cuadros evoluciona favorablemente. Lo importante es no normalizar el dolor persistente y consultar a tiempo cuando limita la vida diaria o el deporte”, concluyó Juan Ignacio de la Fuente.

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