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Síndrome postvacacional: cuello, espalda y mandíbula, las zonas que más sufren en marzo Salud Crédito: Cedida

Síndrome postvacacional: cuello, espalda y mandíbula, las zonas que más sufren en marzo

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El regreso a la rutina activa una respuesta de estrés que impacta directamente en músculos y articulaciones. Especialistas advierten aumento de contracturas cervicales, dolor lumbar y bruxismo tras las vacaciones, asociados a la sobrecarga de cortisol.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El regreso a la rutina en marzo activa una respuesta de estrés que impacta principalmente en cuello, espalda y mandíbula. El aumento de cortisol y el retorno a posturas sedentarias favorecen contracturas, dolor lumbar y bruxismo. Especialistas advierten que síntomas como cefaleas matutinas, hormigueo o trastornos del sueño son señales de alerta. Un retorno escalonado, pausas activas y evitar sobrecargas físicas son claves para prevenir lesiones crónicas asociadas al síndrome postvacacional.
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El regreso a las actividades en marzo suele ser descrito como un desafío emocional, pero para miles de chilenos, el impacto también es físico. El denominado síndrome postvacacional no solo afecta el ánimo, sino que se manifiesta como un estado de adaptación complejo donde el cuerpo “pasa la cuenta”.

“A nivel físico podemos volver a la rutina con ciertas dolencias y contracturas que nos impiden retomar nuestra vida normal”, explica Daniela Cuadra, directora médica de Clínica CRL. Según la experta, este fenómeno se produce por una falta de tolerancia al trabajo tras el periodo de descanso, generando bloqueos musculares reales.

Del relajo a la oficina: Un choque para el organismo

Muchos confunden este malestar con simple cansancio, pero la realidad es más profunda. Durante las vacaciones, el cuerpo entra en una relajación total; al volver, lo sometemos a una carga súbita de cortisol (la hormona del estrés) y a posturas sedentarias que el organismo ya había olvidado.

Al respecto, la especialista explica que lo que sentimos es la inflamación de tejidos que no están preparados para el ritmo de 0 a 100 km/h. “Existe una conexión directa entre la mente y los músculos: cuando el cerebro percibe la rutina como una amenaza, tensa los músculos para ‘defenderse’, sin distinguir si el estrés viene de un peligro real o de una bandeja de entrada con 200 correos pendientes”, sostiene Cuadra.

Esta tensión suele localizarse en la zona cervical y los trapecios —la “zona diana” del estrés—, pero también en la mandíbula. Según la especialista, el bruxismo actúa como una vía de descarga para la tensión contenida, lo que termina derivando en cefaleas que muchas personas intentan normalizar.

Señales de que tu cuerpo está estresado

Si presentas estos síntomas, tu cuerpo te está enviando un “semáforo en rojo”:

● Cefaleas matutinas: Dolores de cabeza al despertar que indican que no hubo reparación nocturna.
● Hormigueo en las manos: Puede ser señal de que una contractura cervical está comprimiendo un nervio.
● Pinchazos al respirar: Indica que la musculatura del pecho y el diafragma están bloqueados por la ansiedad.
● Trastornos del sueño: El dolor impide alcanzar el descanso profundo, creando un círculo vicioso de cansancio y tensión.

Cómo prevenir el colapso

Para evitar que una contractura de marzo se convierta en una lesión grave en junio, la especialista recomienda:

● Retorno escalonado: No intentes resolver todo el trabajo del año en la primera semana.
● Pausas activas: Cada 50 minutos, levántate y estira el cuello y la zona lumbar.
● Exposición solar: Mantener niveles de Vitamina D es clave para la función muscular y el ánimo.
● Cuidado con los “atracones” de gimnasio: Querer recuperar la forma física en tres días tras un mes de inactividad solo aumenta el riesgo de lesión.

“El dolor es un semáforo en rojo. Ignorar una contractura por estrés en marzo es comprar una lesión crónica para el resto del año”, sentencia Cuadra. La recomendación es clara: si el dolor impide el sueño o se irradia a los brazos, es imperativo consultar antes de que el cuerpo pase factura en tiempo de incapacidad laboral.

El síndrome postvacacional no es solo un fenómeno emocional, sino una respuesta fisiológica concreta al estrés y al cambio abrupto de rutina. Reconocer las señales tempranas y adoptar medidas preventivas permite evitar lesiones crónicas y mejorar el rendimiento físico y mental durante el año.

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