CULTURA
Crédito: gentileza de Rossana Dresdner
Escritora Rossana Dresdner: “Toda memoria, personal o colectiva, es una suerte de guión construido”
La flamante Premio Municipal de Literatura de Santiago habla en esta entrevista de los orígenes de su novela “Tu memoria en mis ojos”, donde habla del reencuentro de una hija con su madre, víctima del Alzheimer.
Esta semana la escritora Rossana Dresdner (Boston, 1961) fue la flamante ganadora del Premio Municipal de Literatura de Santiago con su novela “Tu memoria en mis ojos”.
El libro narra el reencuentro de una hija con su madre, víctima del Alzheimer.
Según el veredicto del jurado, lo hace “en un relato equilibrado, logra incorporar el progreso de la enfermedad en la vida cotidiana de la narradora con todas las tensiones que además significan la vida de pareja, hija, trabajo y la vida en el estresante contexto urbano”.
– ¿Cuál es el origen de este libro?
– Para mí escribir ha sido una forma de pensar y ordenarme respecto de temas que me han marcado o que han sido dolorosos. En este caso, la enfermedad y pérdida de una persona fundamental para mi: mi madre. Escribir es una forma de conversar conmigo misma, de averiguar, y revisar a lo largo del tiempo, qué me pasa, porqué siento o vivo cosas de una u otra manera. Y en ese ejercicio me he dado cuenta de que los temas que me han marcado están relacionados con aspectos que son comunes a todas las personas: la búsqueda de identidad, de pertenencia, la necesidad de amor, regazo, seguridad, el temor a la soledad, al rechazo, etc.
Entonces, si bien el punto de partida de mis libros es una experiencia personal, las historias, que tienen de verdad y ficción, son más amplias, y hacen que resuenen, en otras mentes y otros corazones, más allá de lo que yo pueda haber vivido. El origen de Tu memoria en mis ojos es una de estas situaciones duras: la enfermedad del Alzheimer de mi madre. Y creo que una de las razones por las cuales esta novela le ha hecho sentido a muchas personas, es porque se han visto en una situación similar, donde un ser muy querido padece esta enfermedad, y les ha generado, como a mí, un terremoto interior. Que yo necesité escribir.
– ¿Por qué quisiste hablar del Alzheimer?
– Porque al acercarme a la enfermedad de mi madre, y querer entenderla, me di cuenta, primero, que sabemos muy poco del Alzheimer y, segundo, de que estamos llenos de prejuicios sobre la enfermedad. Es común que se diga que la persona que pierde la memoria deja de ser la persona que fue. O que es indigno ver a la persona que hemos conocido toda la vida sin poder recordar cosas básicas de la vida cotidiana, como para qué sirve un tenedor. ¿Es eso realmente indigno? ¿Por qué? ¿Deja la persona realmente de ser sí misma? ¿Es otra persona, acaso? ¿Es que somos solo lo que hemos aprendido a hacer? ¿Y que entonces no somos nadie cuando nacemos?
En fin, yo partí con muchas preguntas al inicio de la enfermedad de mi mamá y me di cuenta de que esas preguntas no servían de nada para vivir junto a esa persona por el tiempo que le quedaba de vida. Más bien había que fijarse en cómo era ella ahora, conocerla sin las restricciones o convenciones sociales que antes la obligaban a ser de una cierta manera, conocer cómo era ella cuando solo era ella. Y preguntarse más bien, ¿qué debo hacer yo para que sea más feliz, ahora que es solo ella? Y aparecieron las cosas simples, los momentos de alegría simples.
Y bueno, ahí te das cuenta de que todas esas frases tajantes y fáciles respecto de las personas con Alzheimer son muy fáciles y, sobre todo, descalificatorias.
– ¿Cuál es el papel de los afectos en esta historia?
– Yo digo que Tu memoria en mis ojos es una historia sobre el Alzheimer, la memoria, la identidad y el amor. Y sobre todo el amor. No hay fuerza más potente que el amor. Incluso y especialmente para relacionarse con una persona con Alzheimer. Te das cuenta de que, aún cuando olvidan tu nombre, o tu cara, te siguen queriendo. Y si les hablas o haces contacto con ellas a través del amor, te reconocen, porque siguen sintiendo amor por ti. El amor no se olvida. En la novela digo que el corazón es un músculo y, si el amor nace del corazón, debería existir en tanto ese músculo siga funcionando.
– ¿Hay una analogía entre el Alzheimer y la pérdida de la memoria histórica en Chile?
– No lo pensé cuando empecé a escribir la novela, pero, cuando entras a tratar de entender a qué nos referimos cuando decimos “memoria”, te das cuenta de que al final, toda memoria, personal o colectiva, es una suerte de guión construido. En el libro menciono al filósofo y lingüista búlgaro, Tzvetan Todorov, a quien escuché hace años en el Museo de la Memoria, y decía que la memoria le da sentido a nuestras vidas y que para eso, debemos seleccionar el material (recuerdos), elaborar un guión basado en ese material, y usar ese guión como sustento de nuestra acción. Es algo que hacen las personas y también los países.
De hecho, el propio cerebro se encarga de seleccionar los hechos que recordamos, porque es imposible recordar todo y porque no todo es igualmente importante de recordar. E incluso, el cerebro se encarga a veces de borrar de nuestra memoria hechos que son muy traumáticos para nosotros. Lo mismo pasa con los países. Si te das cuenta, la historia que hemos aprendido de nuestro país y del mundo, es finalmente la historia de quienes la escribieron.
Sin eventos que consideraron menos importantes o que no querían que se recordaran. Hay muchísimos hechos traumáticos en la historia mundial que las instituciones que detentan el poder o toman las decisiones prefieren dejar en el olvido. ¿Cuál es el peligro de eso? Lo mismo que para las personas. Si no recordamos los hechos traumáticos, no tendremos la conciencia de que es necesario defendernos para que no vuelvan a ocurrir ni nos vuelvan a dañar.
Lo que pasa hoy en Chile y en el mundo, con gente que minimiza periodos que han desgarrado a países y a todo el globo, solo abre la puerta a que vuelvan a pasar. Y muchas veces, quienes minimizan estos hechos lo hacen porque no conocieron en carne propia el horror de esta situaciones. No conocieron el nazismo en Europa, o no conocieron la dictadura en Chile. Por eso es importante mantener viva la memoria de los países, para que no solo quienes vivieron esas tragedias tengan conciencia de ese horror, sino toda la sociedad. Y para que no vuelvan a ocurrir.
– ¿Cómo se vincula este libro con tus otras novelas?
– Como dije al inicio, escribir para mí ha sido una forma de pensar y ordenarme respecto de temas que me han marcado o dolido. Pasajeros en tránsito, mi primera novela, está, se trata, más que del exilio, del desarraigo. Porque hay tantas personas que se sienten desarraigadas sin haber nunca dejado su país. Hay desarraigos de distinto tipo y en esa novela abordo qué se siente no pertenecer. Esa falta de tranquilidad, de punto de partida y llegada, ese eterno cuestionamiento a lo que te rodea, esa sensación de no ser parte. Personalmente me hizo bien escribir sobre eso. Y también vi que muchas personas se sintieron interpretadas por esos sentimientos.
Mi segunda novela, Honorables, que ha sido catalogada como el primer thriller político en Chile, o como el House of Cards chileno, si bien pareciera ser de otro género, creo que responde a la misma inquietud. Se desarrolla en la Cámara de Diputados chilena y narra la forma de vida que se da al interior de ese enorme edificio, tipo bunker, en Valparaíso, con sus códigos, sus trampas, su crudeza, su falta de humanidad, su desconfianza institucionalizada, cinismo, etc.
Narra el encuentro de los personajes del libro con el poder puro y duro, cómo se desenvuelven en ese ambiente –algunos bien, otros de manera desastrosa– y responde a una necesidad mía de contar, con algo de ficción y algo de verdad, la experiencia que viví como directora de comunicaciones de esa institución, experiencia de la que salí, por decirlo de alguna forma, trasquilada, emocional, psíquica y físicamente. Y tenía que contar eso. No solo lo que ocurre allí, sino lo que se siente, que pasa con las personas. Es una realidad desconocida para la gran mayoría, porque solo ocurre detrás de esos muros en la Quinta Región.
– ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
– Estoy trabajando en dos: uno que ya creo haber terminado la parte de la escritura, que significa que tengo la base y ahora debe empezar a leerlo y releerlo, corregirlo, cortarlo, cambiarlo, enriquecerlo, para luego leerlo y releerlo, corregirlo, etc.. Mucho trabajo por delante porque, aunque creo que está bien, le falta compromiso. Algo no fácil de arreglar, pero que se tiene que hacer.
Y hay otra idea, para la que tengo hartas cosas escritas, pero que no sé si me atrevo a comenzar a trabajar aún, porque aborda un tema muy doloroso.
Pero el principal proyecto es empezar a escribir más, con más dedicación y no sólo cuando me sobra tiempo. Y estoy en una etapa en la vida en la que puedo hacerlo.
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