Director de filme sobre un amor en la tercera edad: “Ellos viven sus vidas, sin la edad en mente”
“La corazonada” de Diego Soto retrata la historia de Nieves, una mujer quien administra un balneario junto a su hijo. Un verano, un motociclista se enamora de ella, pero el romance parece condenado al fracaso.
Una película sobre un amor en la tercera edad ha estrenado el director Diego Soto (Rancagua, 1993).
Se trata de “La corazonada”, que tendrá una nueva función este domingo y martes en el Centro Arte Alameda.
Es una comedia romántica a la chilena, originada y filmada en Doñihue, una localidad de la región de O’Higgins, de donde es oriundo su director.
La cinta retrata la historia de Nieves, una mujer quien administra un balneario junto a su hijo. Un verano, un motociclista se enamora de ella, pero el romance parece condenado al fracaso.
Todo cambia con la llegada de una cineasta que decide incluirlos a ambos en su nueva película. Cuando se conviertan en actores, los límites entre la ficción y el sentimiento comenzarán a desdibujarse.
Soto trabaja en esta cinta con Germán Insunza y Natacha García, protagonista de “Un fuego lejano” (2019), su ópera prima, y que además son tíos suyos.
“Ellos actuaron en nuestra primera película y demostraron que tenían un gran talento frente a cámara, además de ser graciosos y fotogénicos. Quería volver a hacer una película con ellos, que se centrara en su relación, pero usando la ficción para indagar en ella. Así inventamos dos personajes ficticios basados en algunas cosas de su realidad, la dueña de un balneario de la zona central y un motoquero”, cuenta a El Mostrador.
“Siempre han estado dispuestos a la aventura, tienen una gran motivación y, al haber tenido una experiencia previa, entendían muy bien qué era lo que necesitabamos de ellos”, agrega.
En cuanto al título de la película, “apareció incluso antes de tener la historia, cuando supimos que el tema iba a ser el amor, y la intuición que hace que alguien se abra a la posibilidad de vivir un nuevo amor en cualquier momento de su vida”.

Crédito: producción de “La corazonada”
Aún así, el director asegura que no se propuso hacer una película sobre un amor de gente mayor, sino sobre el amor de los protagonistas.
“Luego el tema de la edad comienza a aparecer mientras vamos pensando los personajes, pero, me parece, está más en la mente de los espectadores que de los protagonistas”, explica.
“Ellos viven sus vidas, sin la edad en mente, pero quienes los ven inevitablemente se preguntarán cómo lo que están haciendo, a su edad, nos habla sobre su pasado y su futuro”.

Crédito: producción de “La corazonada”
Rodaje
Dentro de la película además empieza a haber otra más, que incluye a una cineasta, un director de fotografía y un asistente de sonido.
“Esta película es un taller abierto de cómo trabajamos, es una ficción que al mismo tiempo va mostrando como se construye, no solo con el rodaje dentro de la película, sino con ciertos momentos de nuestro propio making of que se cuelan entre planos o entre escenas”, comenta.
“Incluir al personaje de la cineasta y de su equipo era una manera de reflexionar sobre lo que nosotros mismos estábamos haciendo al entrar en la vida de los protagonistas y de cómo la ficción, por muy inventada que sea, puede cambiar la realidad, ¿un beso de ficción no es un beso de verdad? La película pone en duda esa barrera”.

Crédito: producción de “La corazonada”
Para Soto, “es quizás la película más alegre de las que hemos hecho, pero mantiene el mismo método: tomar gente común y corriente, elegir algunos aspectos de sus vidas, inventar otros, y tomar eso como punto de partida para crear una historia que nos enseñe algo sobre su mundo interior”.
“Es también la película que más explícitamente juega con los límites de la realidad y la ficción, algo que está en todo lo que hacemos”.
En cuanto a cómo se vincula con sus películas anteriores, “hay algo que la emparenta con Muertes y maravillas: ambas son películas sobre cómo el arte entra en las vidas de personas comunes y corrientes y las abre a nuevas posibilidades”.
“Creemos en la importancia de democratizar el arte, mezclar la cultura popular con referencias menos conocidas, tender puentes y que al final todos sientan que pueden hacer películas, actuar, escribir poemas, no para ser famosos ni estrellas sino para explorar el mundo de afuera y el de adentro”, concluye.
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