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“Giro doloso” de Roberto Rivera Vicencio: un texto cargado de significados culturales CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

“Giro doloso” de Roberto Rivera Vicencio: un texto cargado de significados culturales

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Marina Alvarado Cornejo
Por : Marina Alvarado Cornejo Doctora en Literatura y académica de la Universidad Católica Silva Henríquez.
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La narrativa de este libro de cuentos se inscribe en el rico panorama literario chileno que problematiza el presente mirando las grietas del pasado.


Hace algunos años atrás realicé una estancia académica en Berlín; en Chile aún no levantaban la restricción del uso de las mascarillas, sin embargo, en la capital alemana la medida solo aplicaba en el transporte público. Las sensaciones de incertidumbre y a la vez de liberación por la caída del bozal fueron tan parecidas a las emociones que experimenté cada vez que pasé cerca de los vestigios del muro de Berlín ¿Cómo habrá sido esta ciudad con ese muro operativo, al igual que las casetas de control que demarcaban el lado oriental del occidental?

Mismas emociones me surgían luego de cruzar el Tiergarten, donde luego de intentar olfatear hasta la última rama de esos añosos árboles, de pronto se me imponía un póster imposible de obviar que retrataba cómo había resultado dañado ese mismo rincón del parque durante la Segunda Guerra Mundial. Los monolitos de bronce con los nombres de familias de origen judío que habían sido espoliados desde sus casas por los nazis, las iglesias sin restaurar “a propósito”, los trozos saltados de muros que dejaron las balas y cañonazos de la misma época, en fin, todos gestos de memoria que, entre los libros, los archivos, esas lagunas y palacios de ensueño me obligaban a aterrizar en los horrores de esa ciudad tatuada por sus traumas. Esas semanas viví ese Berlín que me invitó a sentir un pedacito de su dolor a pesar de ser solo una pasante.

Así también creo que somos quienes leemos: unos pasantes que hurgamos en relatos ajenos que con sus gestos y voces nos invitan a asomar y empatizar con los personajes y sus ciudades. En esta ocasión, comentaré el resultado de mi “hurgueteo” del libro Giro Doloso de Roberto Rivera, texto recientemente publicado por libros La Calabaza del Diablo que reúne 17 cuentos del autor chileno, enfatizando en las hábiles estrategias desplegadas por Rivera por mostrarnos una ciudad que juega como un titiritero con los personajes de las narraciones.

La ciudad ha sido distinguida por los estudios culturales desde hace varias décadas como un actante en la diégesis literaria, pues, ya sea en la poesía, dramaturgia o narrativa, el espacio citadino empezó a leerse en tanto pieza fundamental para la construcción del universo simbólico. Más allá del protagonismo que la ciudad pueda tener en la trama, los autores que han reflexionado sobre ella (Benjamin; Williams; De Certau; Wirth-Nesher; Heffes; Augé; Lizama; Silva; Rodríguez-Plaza; entre otros), destacan que el espacio urbano literario funciona como un texto en sí mismo, cargado de significados culturales, políticos y sociales, superando lecturas meramente referenciales para explorar el modo en que la forma literaria misma se ve afectada por la experiencia urbana que influyen en nuestras formas de habitar y comprender las ciudades.

El monólogo interior de los personajes, de los cuentos de Rivera retratan una ciudad que para salvar a quienes intentan escabullirse de sus captores, los desorienta y extravía. Nicomedes Froilán Mateluna, el protagonista de “A la lumbre de la ciudad oncena”, confunde la zona norte de la zona sur de la capital:

“- Entonces…¿Qué andabas haciendo?
– Buscando la ciudad…, iba por Camino Agrícola…No. Por Independencia iba cuando mi compañero escuchó disparos, aviones y disparos…” (p.08)

Ante la total y genuina confusión del sujeto, los militares lo liberan. Hacia el final del relato Nicomedes pregunta a quien lo recogía en el Estadio Nacional: “- Marta…¿Tú sabes dónde estamos?” (p.11). La ciudad laberíntica había rescatado a Nicomedes del miedo y de la muerte.

En los relatos de Rivera, la ciudad surge como un espacio que, aunque cercada, es generosa con quienes están siendo acechados y pone todos sus vericuetos a disposición de quienes deben realizar actividades clandestinas para sobrevivir. Así también, las ciudades de diferentes países latinoamericanos, traumatizadas por sus respectivas dictaduras y pobladas de paseantes exiliados, se confunden con el cruce de calles a quienes aún se pierden nostálgicos por su ciudad de origen:

“De turistas que somos, por eso no más. ¡Cuántas veces te voy a explicar!,- cuando la fibra de la música le brilla en los ojos y como en la Alameda canta, era la piragua de Guillermo Cubillos, era la piragua, en una esquina de Corrientes frente al cerro Santa Lucía […] ahora nos lanzan a los arrabales del laberinto, y es que usted sabe los tiempos que vivimos, claro, cómo no, nosotros sí que sabemos pero no alcanzamos a entender ese teorema implacable que nos sacó del Santiago de Droguett y Alegría y Teillier, y nos puso raros y curiosos mal avenidos, con una extraña profundidad en la mirada, camino a San Telmo, demorándonos […]” (de “Matemáticas”, p. 28-29)

Los personajes de Rivera no se victimizan ni menos se lamentan, viven intensamente y la fragmentariedad de su memoria producto del desarraigo emerge en la forma en que viven la ciudad. Ya sea en medio de la urbe o en el espacio rural, el espacio sitiado se moviliza y se adecua a cada paisaje que brota en las conciencias de los protagonistas:

“La tía Elena mantenía la casa de calle Rodríguez- y a Roberto- en Curicó, lo más parecido que podía a los tiempos del Aquelarre y Vichuquén, hasta criando gallinas alimentaba la ilusión […] Pero los plazos se postergaban […] y ahora con los helicópteros revoloteando sobre la cabeza, enfocando en los vericuetos […]” (de “Contramarcha de la bronca”, p. 48)

Roberto Rivera ofrece un rico caleidoscopio sobre la experiencia de la dictadura y el retorno a la democracia, narrando la ebullición de quienes están en el centro del golpe, también la distancia de quienes están en el exilio tanto dentro de Chile como en el extranjero y, por último, los esfuerzos de quienes intentan obviar sus orígenes sociales y políticos siendo la ciudad precisamente quien les devuelve a su verdadero nombre: “No fue la nostalgia al fin la que lo llevó dos o tres años después a la casa de infancia, sino la curiosidad, ese revés alojado en la conciencia, a una ya borrosa calle Dávila al llegar a Recoleta en la Chimba.” (de “Santos de mi devoción”, p. 117)

En definitiva, la narrativa de Giro Doloso se inscribe en el rico panorama literario chileno que problematiza el presente mirando las grietas del pasado, buscando en los hitos que están estampados en la ciudad y en los imaginarios de quienes la habitan. Vienen a mi memoria literaria Santiago Waria de Elvira Hernández, Mapocho de Nona Fernández y Putas Asesinas de Roberto Bolaño, por solo mencionar los primeros nombres que saltaron en medio del husmeo a estos 17 cuentos que retratan personajes populares, abyectos, nobles, intelectuales, con quienes es imposible no mirarse o caminar junto a ellos a través de la ciudad.

Ficha técnica:

Giro Doloso – Cuentos
de Roberto Rivera Vicencio
Ediciones La Calabaza del Diablo (2025)

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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