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La música clásica también innova CULTURA|OPINIÓN

La música clásica también innova

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Alejandra Urrutia
Por : Alejandra Urrutia Directora del Gran Concierto por la Hermandad, fundadora de Vibra Clásica.
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La cultura se expande por acumulación. Mientras más música circula, más música se escucha, se busca y se necesita. En ese ecosistema diverso, la música clásica aporta profundidad, complejidad y emoción.


Viejas partituras, compositores de otros siglos, salas solemnes. Así suele representarse la música clásica, asociada a lo antiguo y al pasado. Sin embargo, este género sigue produciendo obras nuevas, innovando y dialogando con el presente desde la orquesta y la sala sinfónica. Lo clásico no es una época, sino un lenguaje vivo. Innovar ha sido siempre parte de su naturaleza.

La innovación no necesariamente implica ruptura. Más bien supone profundizar, releer y ensanchar una tradición sin perder su esencia. Desde su origen, la música clásica ha dialogado con su tiempo, ha incorporado nuevos lenguajes, instrumentos y formas de escucha. Su historia es, precisamente, una historia de movimiento.

Esa vitalidad se expresa hoy tanto en el repertorio como en las formas de creación y de encuentro con el público. Nuevas obras se estrenan por primera vez ante audiencias amplias, extendiendo el horizonte de lo que entendemos por música sinfónica; intérpretes provenientes de otros mundos musicales se integran al formato orquestal; y los conciertos se desplazan hacia espacios urbanos y abiertos, donde la experiencia se vuelve más cercana, compartida y participativa.

Ejemplos recientes, impulsados desde Vibra Clásica, lo ilustran con claridad: el estreno de la sinfonía Raíces y alas, del compositor chileno Sebastián Errázuriz, en el Gran Concierto por la Hermandad realizado en Estación Mapocho; la presentación en Chile del Concierto para batería y orquesta del compositor Joe Chindamo, interpretado por el prestigioso percusionista David Jones en el concierto final de PortilloFest, en la Gran Sala Sinfónica; y el concierto masivo y creativo desarrollado en Mallplaza Vespucio, donde músicos de distintas trayectorias compartieron escenario en una experiencia abierta a la comunidad.

PortilloFest, en sí mismo, encarna esta forma de innovación. Un espacio de encuentro, formación y creación musical que reúne a estudiantes, intérpretes y compositores de distintas procedencias en un entorno de concentración artística, y que luego abre ese proceso al público.

Este enfoque resulta especialmente relevante para las nuevas generaciones. Acercarlas a la música clásica implica ofrecer experiencias significativas, vivas y contemporáneas, donde el lenguaje sinfónico se presenta como un territorio abierto a la curiosidad, la emoción y la participación. La innovación en los compositores, los estilos y las locaciones cumple un rol clave en ese acercamiento, ampliando las puertas de entrada sin empobrecer el contenido.

El creciente interés por los conciertos en vivo refuerza esta idea. Cada vez más personas destinan tiempo y recursos a experiencias musicales compartidas, atraídas por la intensidad del momento, la vivencia colectiva y la memoria de haber estado ahí. Esa dimensión comunitaria, tan visible en otros géneros, también está presente en la música clásica cuando se vive como experiencia común.

La cultura se expande por acumulación. Mientras más música circula, más música se escucha, se busca y se necesita. En ese ecosistema diverso, la música clásica aporta profundidad, complejidad y emoción. Innovar, en este contexto, constituye una forma de continuidad: la manera más fértil de afirmar un lenguaje que forma parte activa de la cultura contemporánea.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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