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Educación financiera y autonomía

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Por: María José Domínguez


Señor Director:
Marzo es, para miles de familias chilenas, el mes más exigente del año. Uniformes, útiles, matrículas y múltiples compromisos obligan a reorganizar el presupuesto y enfrentar de manera concreta el impacto de la inflación en el bolsillo.
Sin embargo, mientras los adultos ajustan cuentas, muchos niños y jóvenes siguen sin recibir herramientas formales para comprender qué significan realmente conceptos como inflación, ahorro, subsidios o impuestos. Estos no son términos técnicos lejanos: influyen directamente en las decisiones cotidianas de cada hogar.
Cuando la educación financiera se aborda de manera pedagógica, cercana y conectada con el lenguaje de las nuevas generaciones, estos contenidos dejan de ser abstractos y se transforman en aprendizajes aplicables. No se trata solo de enseñar a administrar dinero, sino de formar criterio, responsabilidad y autonomía.
Si marzo nos recuerda la importancia de ordenar nuestras finanzas, también debería recordarnos la urgencia de preparar a las nuevas generaciones para entender el sistema económico en el que vivirán. La educación financiera es, en definitiva, una base para la autonomía.
María José Domínguez
Directora Ejecutiva
Libbre Faro UDD
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