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Respeto al Presidente y libertad de expresión en el aula

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Por: Evelyn Vera


Señor Director:

Recibir a un Presidente de la República es, sin duda, un hecho que merece orgullo y respeto para cualquier comunidad educativa. No todos los días estudiantes, docentes y funcionarios tienen frente a sí a la máxima autoridad del país. Precisamente por eso, instancias como esta también representan una oportunidad excepcional para dialogar, expresar inquietudes y visibilizar realidades que forman parte de la vida cotidiana de quienes habitan la educación pública.

En ese contexto, habría sido especialmente valioso que los estudiantes hubieran podido plantear —de manera respetuosa— sus preguntas e inquietudes respecto de los desafíos que enfrenta hoy la educación en Chile, particularmente frente a la anunciada baja presupuestaria para distintos ministerios, o al desconocido compromiso que el gobierno proyecta para fortalecer la educación pública o mantener la gratuidad en la educación superior. Un momento histórico como este no debiera limitarse únicamente a celebrar logros académicos o respaldos políticos; también debiera abrir espacios para reflexionar sobre las tareas pendientes del sistema educativo.

Si bien el Liceo Augusto D’Halmar es reconocido por sus buenos resultados, lo cierto es que persiste una deuda importante con la educación pública a nivel nacional. El desafío debería ser que todos los niños y jóvenes del país puedan acceder a establecimientos dignos y con oportunidades similares. En ese sentido, habría sido significativo que los propios estudiantes pudieran levantar esa aspiración ante el Presidente, representando a miles de alumnos del sistema público.

Por lo mismo, preocupa que —según lo que se comentó previamente a la visita— se haya advertido a los estudiantes sobre posibles sanciones disciplinarias ante cualquier tipo de manifestación. Medidas de este tipo pueden terminar limitando no solo su libertad de expresión, sino también el desarrollo de una conciencia social crítica, elemento fundamental en la formación de ciudadanos comprometidos con la sociedad en la que viven.

La escuela no solo debe ser un espacio de aprendizaje académico, sino también un lugar donde los estudiantes puedan formarse como ciudadanos, analizar los desafíos del país y expresar sus ideas de manera respetuosa.

Asimismo, si no existió tal prohibición por parte del establecimiento respecto de eventuales manifestaciones estudiantiles, habría sido pertinente que los apoderados recibieran una comunicación aclaratoria por parte de la dirección del colegio, considerando la circular difundida por el Centro de Alumnos en torno a los límites para expresarse durante la visita presidencial.

Instancias como estas debieran ser oportunidades pedagógicas para fortalecer la formación cívica de los estudiantes. Después de todo, manifestarse pacíficamente es un derecho humano fundamental y una forma legítima de participación democrática.

Evelyn Vera
Apoderada
Liceo Augusto D’Halmar

 

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