Opinión
Archivo
Potenciales riesgos económicos y políticos bajo un gobierno de Kast
es ilusorio pensar que las expectativas positivas en materia de inversión puedan cristalizar fácilmente si Kast ganara. Se abre el riesgo que se repita el gran problema que enfrentaron las dos administraciones del presidente Piñera: la dificultad de asegurar gobernabilidad y cohesión social.
La campaña sostenida del candidato republicano de que el país se cae a pedazos y de que se requiere un gobierno de “emergencia”, se ven cuestionada por numerosos datos que entrega el Banco Central: la tasa de crecimiento es superior a la tendencial, la inversión crece al 8%, las inversiones nacionales y extranjeras previstas para el próximo trienio son espectaculares, la inflación es cercana al 3%, la ocupación aumentó en 600 mil puestos de trabajo en el actual período de gobierno y el desempleo, aunque lentamente, disminuye.
Desde Chile Vamos se escuchan serias advertencias a estos dichos de Kast. Es así como Ignacio Briones, exministro de Hacienda de la administración Piñera, hace pocos días señaló taxativamente a Radio Infinita que era deprimente centrar todo en un gobierno de emergencia porque “solo vas a arreglar lo que tú supones es una emergencia permanente, que es todo a corto plazo … ¿dónde está la mirada larga? … la mirada de la emergencia termina siendo una suerte de profecía autocumplida, donde básicamente ‘todo es un desastre, Chile se cae a pedazos’. Yo me rehúso a esa mirada de Chile, porque Chile no se cae a pedazos”.
Por su parte, el exdirector de Presupuesto del presidente Piñera, Matías Acevedo, cuestionó el discurso del Partido Republicano sobre la crisis estructural del Estado y las cifras de contratación pública: “el gobierno ha aumentado en 27.700 los funcionarios del gobierno central, y no en 100 mil como se dice… El Estado tiene oportunidades de eficiencia, pero por ningún motivo creo que haya un Estado terminal… no tiene base empírica… acaban de ratificar la clasificación de riesgo en A. Una buena clasificación. Y si uno lee los informes, una de las cosas que ellos destacan es la capacidad que tuvo el gobierno y toda la oposición de lograr un acuerdo en pensiones”.
Cabe subrayar que la paz social, la recuperación de la capacidad de crecimiento y la fuerte reducción de la inflación se relacionan estrechamente con la gestión política del gobierno de Boric, dispuesto al diálogo y al logro de acuerdos para resolver los problemas de Chile. Este talante ha sido también decisivo para modernizar la institucionalidad contra el crimen organizado, que incluye la creación del Ministerio de Seguridad Pública y una nutrida legislación que potencia las capacidades y la coordinación de la fiscalía, el gobierno, Carabineros y PDI, y que sustenta los golpes que ha recibido la criminalidad. Decisivo en ese ámbito fue la disposición a dialogar y colaborar de la bancada parlamentaria de Chile Vamos.
Por el contrario, Kast y su partido sistemáticamente se han negado al dialogo y la posibilidad de lograr acuerdos en terrenos decisivos. Luego, emerge una pregunta crucial: las buenas expectativas económicas en un marco de paz social que se proyectan para los próximos años, ¿podrán cristalizarse en un eventual gobierno de Kast? Claras señales políticas que el candidato ha dado en los últimos 5 años arrojan serias dudas al respecto.
Con Kast llegaría al gobierno un partido que se ha negado a importantes acuerdos. Se vio claramente en el segundo proceso constitucional, cuando el partido Republicano quiso imponerle al país una constitución que representaba un retroceso en las libertades y derechos de la gente para vivir de acuerdo con sus valores y aspiraciones. Su propuesta constitucional proponía, además, eliminar las contribuciones que paga el 15% más rico, lo que implicaba un golpe directo al financiamiento específico de las comunas más vulnerables, que hubiese afectado sobre todo a la clase media emergente y los grupos más pobres. En su campaña presidencial de 2021 emprendió una guerra cultural que, aunque sigue siendo parte de su ideario, como recurso de campaña, decidió ocultar en 2025.
Propone ahora reducir fuertemente los impuestos a las empresas, y recortar el gasto público en 6.000 millones de dólares, meta que en diversas oportunidades no ha sido capaz de explicar cómo pretende alcanzarla, y que es inverosímil lograr eliminando cargos políticos del gobierno central, cargos que, además, en alguna medida, necesitaría para su gestión. Reducir el gasto público necesariamente afectará el gasto social en Pensión Garantizada Universal, en salud, en educación y puede afectar gravemente a los sectores medios emergentes y populares. Su aliado, Johannes Kaiser, por su parte, planteaba reducir 300 mil empleados públicos, lo que necesariamente iría en perjuicio de la calidad de los servicios sociales que presta el Estado.
Se pierde de vista que la clase media emergente que se abre camino por su esfuerzo necesita también un apoyo por parte del Estado para complementar el financiamiento de sus esfuerzos, logros y emprendimientos. Por ejemplo, el ajuste a menores ingresos del Estado golpeará a pequeños emprendedores sin acceso a la banca privada.
Ciertamente, es necesario elevar la eficiencia y eficacia de los servicios que presta el sector público, pero ello, de manera alguna, debe emprenderse bajo una visión simplista y general de recortes en el empleo. Si se considera que, del total de 481 mil funcionarios del gobierno central, 220 mil trabajan en el sistema público de salud, que atiende al 85% de la gente y que el Estado tendrá menos recursos para comprarle servicios al sector privado de salud, las listas de espera se elevarían dramáticamente.
En tales circunstancias, no sería realista pensar que las personas se quedarán tranquilas, abriéndose la posibilidad de que se agriete seriamente la relativa paz social de que ha disfrutado Chile en los últimos años. Los inversionistas ambicionan pagar menos impuestos, pero lo que más temen y rehúyen es la falta de paz social.
Por ello, es ilusorio pensar que las expectativas positivas en materia de inversión puedan cristalizar fácilmente si Kast ganara. Se abre el riesgo que se repita el gran problema que enfrentaron las dos administraciones del presidente Piñera: la dificultad de asegurar gobernabilidad y cohesión social, con el agravante de que mientras Piñera estructuró su gobierno sobre la base de una derecha unida, Kast encararía una derecha dividida, al menos, en tres partidos cuyas diferencias han sido patentes durante los últimos años y, sobre todo, en la primera vuelta de la campaña presidencial.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.