Opinión
Del Gobierno de emergencia al Estado priorizador
¿El próximo Gobierno será capaz de tocar estas teclas y de esa manera enraizar el nuevo clivaje? Estará por verse. Existe un campo minado con errores y tentaciones que podrían hacernos retornar a las trincheras del pasado.
Se ha instalado la tesis de que con estas elecciones se habría pasado de la preeminencia del clivaje entre el Sí y el No del plebiscito de 1988 al clivaje entre el Apruebo y el Rechazo del 2022. Hasta el Gobierno de Boric las elecciones estuvieron dominadas por el fantasma de Pinochet, dándoles una ventaja a sus opositores. A partir de esta elección, en cambio, el eje gravitaría en torno a la posición tomada respecto del estallido del 2019 y del primer proceso constitucional.
Los patrones electorales territoriales apoyan la tesis, aunque aún es muy pronto para darla por cierta. Lo que está menos claro es la especificidad del contenido del nuevo clivaje. En buena medida su continuidad dependerá de cómo lo interpreten los actores políticos. La izquierda y la centroizquierda estarán divididas entre aquellos que se aferrarán a los términos pasados y solo tendrán ojos para ver en Kast pinochetismo y fascismo, y entre quienes articularán un proyecto positivo que atienda a las sensibilidades del nuevo clivaje.
Por otro lado, en la derecha habrá quienes querrán ver en el polo del Rechazo una adhesión a sus más caras doctrinas conservadoras y libertarias. Se trata de una interpretación errónea, puesto que Kast ganó con un guion centrado en un Gobierno de emergencia, enfocado en resolver los problemas de seguridad, migración y empleo. Es en esta idea en donde quienes aspiren a navegar exitosamente la corriente que alimentó el Rechazo el 2022 deberían concentrar la lectura. El Gobierno de emergencia se plantea como algo temporal, pero podría estar encerrando una idea perenne y fértil. Para entenderla hay que recordar los acontecimientos que la fueron incubando.
El proyecto del Frente Amplio se articuló bajo la lógica del populismo de Laclau y Mouffe, buscando anudar una miríada de malestares para constituir un pueblo como sujeto político movilizado. La manera en que este proyecto se manifestó en el estallido y en la Convención terminó poniendo ante la ciudadanía un dilema: la atención política a una multitud de malestares movilizados no lleva a apaciguarlos, sino que a descuidar las bases del orden, la seguridad y la prosperidad. La erosión de estos bienes básicos ante infinitas demandas de nicho nutrió las fuerzas del Rechazo. Y su contenido profundo podría estar en la idea de un Estado priorizador que hace bien aquello que debe y puede hacer bien.
No se trata ni de un Estado pequeño ni pasivo, sino que priorizador: activo, eficaz y ágil para proveer lo fundamental; reacio a la obstrucción, la clientelización y la parafernalia. Si esta conjetura es correcta, estaríamos ante una vuelta larga hacia los principios de un Estado subsidiario que fueron cuestionados por las fuerzas del Apruebo. ¿El próximo Gobierno será capaz de tocar estas teclas y de esa manera enraizar el nuevo clivaje? Estará por verse. Existe un campo minado con errores y tentaciones que podrían hacernos retornar a las trincheras del pasado.
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