Opinión
¿Qué entendemos por libertad de enseñanza?
la importancia de defender aquello que creemos fundante y esencial de toda sociedad libre, abierta y pluralista, dentro de lo cual encontramos—en su núcleo—la libertad de enseñanza como una de las piedras angulares.
La libertad de enseñanza y de aprendizaje —teniendo por origen la dignidad humana y distintas perspectivas desde las cuales se puede entender— en esencia se contrapone al Estado entendido como árbitro moral único o monopolizador de la verdad, siendo, por ende, algo necesario en toda sociedad libre.
Ahora bien, no existe una forma unívoca de entender este derecho, sino que debemos atender más bien a tres perspectivas distintas pero complementarias. Por un lado, podemos entender la libertad de enseñanza como un conjunto amplio de libertades educacionales, que las podríamos resumir en cuatro componentes: 1) la libertad de enseñanza entendida como el derecho a crear instituciones educativas con amplio grado de libertad de elección, que implica la libertad de elegir métodos educativos; 2) la libertad de elegir el sistema de enseñanza, entendido como el conjunto de reglas o principios que organizan los contenidos, objetivos, valores y métodos de enseñanza; 3) la libertad de elección del material de apoyo que se requiere para la enseñanza, como los libros de texto y las lecturas o el contenido de las clases; y 4) la libertad de contar con instalaciones, aulas, espacios, etc., para poder impartir la enseñanza, como el establecimiento educacional o bibliotecas; entre otras.
Una segunda perspectiva es la libertad de enseñanza entendida como libertad de cátedra, que es en simple una libertad profesional, en virtud de la cual se le reconoce a los profesores, en cualquier nivel educativo, el derecho a orientar la enseñanza que imparten de acuerdo con sus principios, valores y criterios dejando a los profesores la libertad de impartir catedra en función de sus habilidades y sesgos.
Tercero, y finalmente, existe la libertad de enseñanza entendida como el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos según sus propios criterios personales. Creemos que esta última, sin perjuicio de que es necesaria la existencia de las demás perspectivas vistas anteriormente para respetar la totalidad del derecho, es la más fundamental, y hace referencia a la proyección de la libertad ideológica y religiosa y del derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones de los padres que son las personas adultas y racionales más cercanas al niño o niña que se empieza a formar intelectualmente. Así, termina por reconocer y respetar el carácter plural de toda sociedad, teniendo naturalmente distintas visiones en materia religiosa, moral, ética, política y cultural. Dentro de aquella sociedad pluralista y abierta, entonces, se reconoce y permite el derecho que los padres y la familia tienen en la educación del hijo—dándole a esta prioridad respecto a la libertad de acción de otros agentes como los burócratas estatales.
De hecho, ante la Circular N°781 dictada por la Superintendencia de Educación, ya tan criticada y cuestionada por la autonomía progresiva, la perspectiva de género, los padres y su nueva posición de meros acompañantes, la incidencia de escolares en los reglamentos internos y otras razones, se hace necesario recordar la importancia que tiene defender la libertad en la educación y, sobre todo, la libertad de enseñanza relacionada a la libertad de los padres de elegir y representar los intereses de sus niños. El efecto de atacar dichas libertades, en concreto, no termina por ser una mayor inclusión, sino todo lo contrario. Las convicciones diversas de las distintas familias dejan de ser toleradas, o lo son solo en la medida en que no contradigan la visión oficial. Si bien no terminaremos siendo un país sin libertad de educación, sí es un avance marginal en dicha dirección y, de dejar pasarlo, se termina por legitimar este tipo de acciones y abre la puerta a mayores intromisiones de parte del Estado a dictar principios homogeneizadores que restringen la liberta de educación.
De todas formas, lo que ha quedado de manifiesto en estos últimos años es la aspiración que tiene una parte de la izquierda, en relación con instrumentalizar la educación con fines políticos y tratar promover el adoctrinamiento desde la educación y, también, su característica tendencia antiliberal inherente a ellos. La supuesta “educación pública, gratuita y de calidad”, que fue una de las grandes banderas alzadas durante años por el Presidente Boric y compañía, es entendida por ellos como una actividad totalizante y omniabarcante; parafraseando a Mussolini y con referencia a la educación en Chile, pareciera que muchos políticos de izquierda buscan promover la idea de “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”, en donde dicha entidad debe tener el control más férreo de la enseñanza en perjuicio de la familia y de los derechos consagrados en la Constitución (Art. 19 N°10, entre otros). Así, la Circular N°781 no es más que una expresión de algo mucho más profundo presente en el pensamiento de algunos lideres políticos nacionales: una concepción de la educación como una mera herramienta utilitarista disponible para realizar una transformación ideológica capilar a través del uso del poder político.
En conclusión, habiendo pasado el actual gobierno sin una reforma educacional, con la propuesta constitucional rechazada y, por ende, fallando con una de sus principales promesas de liderar una transformación política desde arriba-hacia-abajo, intenta ahora a través de decretos y circulares, y por ende sin mucho diálogo y con cierto dejo de autoritarismo, avanzar en dicha transformación ideológica de la sociedad, pero esta vez desde abajo-hacia-arriba a través de la educación. Thomas Jefferson dijo alguna vez que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia” y, ante las preocupantes acciones de los “antiliberales de la educación pública” y todo lo mencionado en esta columna, se hace necesario recordar una vez más justamente eso: la importancia de defender aquello que creemos fundante y esencial de toda sociedad libre, abierta y pluralista, dentro de lo cual encontramos—en su núcleo—la libertad de enseñanza como una de las piedras angulares. A fin de cuentas, la libertad no se pierde por quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes, como nosotros, no son capaces de defenderla ante los constantes embates antiliberales de muchos sectores de izquierda y de derecha.
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