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Las tres derechas del Presidente electo Opinión Archivo

Las tres derechas del Presidente electo

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Recordemos que tanto Johannes Kaiser como Rodolfo Carter pidieron públicamente ministerios que después no les dieron, pero es principalmente porque José Antonio Kast apuesta a que no va a existir nunca una oposición real a su derecha.


Desde la victoria de José Antonio Kast mucha de la discusión pública se ha dado en torno a las dos izquierdas que van a formar la oposición al gobierno del presidente electo. Poco, sin embargo, se ha escrito sobre las distintas derechas que van a conformar el gobierno de Kast y sus pesos relativos dentro del entramado de poder del (futuro) oficialismo.

Esta falta de discusión sobre el rol de las distintas fuerzas viene de una percepción errada en orden a que el control de Kast sobre la derecha chilena es total y que la unidad que logró para salir electo se reproducirá sin sobresaltos para gobernar. Como bien sabe Gabriel Boric, quien también fue en su momento el presidente más votado en la historia de Chile, eso no es más que un espejismo.

Por eso, para entender al gobierno de Kast es fundamental entender la relación entre las distintas fuerzas que conforman su gobierno, un equilibrio que nunca es fácil de lograr y en donde se juega gran parte del devenir de un gobierno que asume. Históricamente, la derecha en Chile ha estado dividida en dos vertientes, una de carácter empresarial (aunque a ellos les gusta llamarse “liberales”, para desmarcarse de sus mandantes) y una más conservadora, generalmente ligada al gremialismo. Ambas han coexistido de manera más o menos pacífica dependiendo del momento y del liderazgo del sector, pero en su núcleo las une un pasado pinochetista y una aversión al Estado como ente regulador, en un caso, o como impulsor de liberalización cultural, en el otro.

El cambio más importante que ha sufrido la derecha chilena en el último tiempo es que a estos dos pilares tradicionales se les ha sumado un tercer integrante, una derecha que no es precisamente conservadora en lo cultural ni necesariamente liberal en lo económico. Esta derecha tiene como motor el populismo (sobre todo penal), el efectismo en materias de migración y un desplante comunicacional alejado de las elites y centrado en la batalla cultural. A las derechas de Milton Friedman y Jaime Guzmán se les unió la de Nayib Bukele, y es precisamente esta incorporación la que mejor supo interpretar al universo del votante obligado y la que le permitió a Kast ganar la elección caminando.

El gran desafío de José Antonio Kast como presidente no es sólo cumplir sus promesas en materia de crecimiento, seguridad y migración, si no que hacerlo manteniendo el equilibrio de estas tres derechas que apuntalan su coalición. Es por eso que la presentación del nuevo gabinete ministerial -y de las subsecretarías más importantes- es tan importante; porque nos da la oportunidad de analizar cómo quedaron equilibradas esas fuerzas al inicio del nuevo gobierno.

Lo primero que es importante relevar es que casi dos tercios de los ministros son independientes, número que solo va a aumentar cuando Evópoli, el Partido Radical, Demócratas y el Partido Social Cristiano desaparezcan el 11 de marzo. Esto refuerza la tesis de que lo importante aquí no es, como lo fue tradicionalmente, el equilibrio entre partidos, sino que entre las fuerzas que representan.

Jorge Quiroz puede ser independiente, pero nadie duda que milita en el partido de la derecha económica. Mara Sedini no tiene partido político, pero su trayectoria la hace fiel representante de esa nueva derecha populista que se desarrolla en Sin Filtros y las redes sociales.

En ese sentido, es sorprendente que Kast -que se construyó como una respuesta desde la derecha gremial a la derecha económica- haya entregado tanto poder relativo a esta última, en menoscabo de la que él mismo encarna.

Un canciller que es básicamente un representante del gran empresariado en La Moneda es una señal clara, cuando ese cargo podría haber sido entregado a alguien cuyo rol haya sido acercar a Chile a la órbita internacional de la ultraderecha. Ahí lo que hubo fue una muestra de poder de la derecha económica, y Kast acusó el golpe cuando anunció que su siguiente viaje sería a El Salvador.

Aparte de Hacienda, Economía y Relaciones internacionales, la derecha económica se anota otros goles importantes: además de entregarles básicamente el Ministerio del Trabajo completo (subsecretarías incluidas), Kast nombró a representantes de Libertad y Desarrollo en el Ministerio del Medio Ambiente y en el Ministerio de Educación, este último un cupo que perfectamente podría haber quedado en manos de un representante del gremialismo ultra conservador.

Con el mundo conservador Kast parece haber hecho un cálculo muy parecido al que hizo Gabriel Boric en la segunda etapa de su gobierno con el mundo frenteamplista. Si bien tienen menos ministros de los que uno habría esperado (solo la futura Ministra de Desarrollo Social es químicamente gremialista), es evidente que Kast apuesta a que el representante de esta tradición va a ser él y que eso, junto con llenar la segunda línea de personas ligadas a ese mundo, es suficiente. Ahí podemos ver nombres como Máximo Pavez en la subsecretaría del Interior, Luis Silva en la subsecretaría de Justicia, o Sebastián Figueroa en la Subdere.

Esto deja al mundo cercano a la derecha populista, youtuber, preocupada de la mano dura y “la batalla cultural” en una posición muy desmejorada en relación a la importancia que tuvieron en campaña. Quizás esto sea en parte por problemas inherentes a esa forma de hacer política. Recordemos que tanto Johannes Kaiser como Rodolfo Carter pidieron públicamente ministerios que después no les dieron, pero es principalmente porque José Antonio Kast apuesta a que no va a existir nunca una oposición real a su derecha. En esto, Kast hizo el mismo cálculo que cuando se negó a ir a primarias con Johannes Kaiser, decisión que le causó ciertos dolores de cabeza en primera vuelta, pero terminó asegurando su victoria en segunda.

Hasta el momento, esa derecha pareciera haber sido usada en campaña y desechada -en parte para gobernar. Aparte de Sedini, la única excepción es la futura nueva titular del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, quien fue nombrada más para apaciguar a los sedientos de “batalla cultural” que a los verdaderos conservadores y gremialistas de la derecha chilena.

El tiempo dirá como estos equilibrios se irán desarrollando, y si la derecha económica mantiene un poder que hoy es real, pero tremendamente frágil. Veremos si a Kast le alcanza con su propia figura preponderante para calmar a las elites gremialistas, o si va a necesitar de otros apoyos para mantenerlos contentos, y por sobre todo veremos si la derecha de la mano dura y la “batalla cultural” va a quedarse tranquila habiendo sido el elemento central en la elección para luego haber sido dejado de lado en el gobierno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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