Opinión
Archivo (AgenciaUno)
El incendio que también quema la economía local
Si de verdad queremos un Chile que avance, tenemos que empezar por cuidar y fortalecer a quienes, incluso en medio del fuego, siguen apostando por quedarse, reconstruir y volver a empezar. Porque ahí, en esas pymes y emprendedores, está gran parte del futuro que decimos querer construir.
Cada verano volvemos a ver las mismas imágenes: incendios forestales que avanzan sin control, familias que lo pierden todo, territorios completos que quedan destruidos. Sin embargo, detrás de esas imágenes hay una realidad que muchas veces no se alcanza a dimensionar del todo: miles de emprendedores y emprendedoras que ven cómo, en pocos días, se desmorona el trabajo de años.
En efecto, cuando el fuego arrasa una región no solo se queman casas o bosques, sino también emprendimientos turísticos, pequeños comercios y proyectos familiares de personas que apostaron por quedarse en sus territorios para generar empleo local e impulsar la economía desde regiones.
Para muchos de ellos, el verano no es solo una estación del año, sino la temporada que define si el negocio sobrevive o no. Es el momento donde se concentran los ingresos que permiten pasar el resto del año y, cuando eso se pierde, el golpe no es solo económico. Es emocional, estructural y profundamente injusto.
Aquí es donde como país tenemos que hacer una pausa y reflexionar, porque hay que entender que no basta con la ayuda de emergencia -que por cierto es necesaria- sino que se requiere una mirada de largo plazo, que entienda que la reactivación económica de las regiones es clave para el desarrollo de Chile.
Estoy segura que los emprendedores regionales no piden privilegios, sino que quieren condiciones justas para volver a levantarse. Es decir, acceso a financiamiento real, apoyo técnico, acompañamiento, plazos razonables, redes de colaboración y un Estado que entienda que sin pymes no hay recuperación posible.
No obstante, también hay un rol fundamental del mundo empresarial. Las grandes empresas, los gremios y las instituciones privadas tienen una oportunidad enorme de ser parte de la reconstrucción no solo desde la ayuda puntual, sino integrando a estos emprendedores en sus cadenas de valor, priorizando proveedores locales, generando alianzas sostenibles y apostando por el desarrollo territorial.
Sabemos que cuando una pyme regional cae, no cae sola y comienza un dominó donde se pierde empleo, se debilita la economía local y se profundiza la desigualdad entre Santiago y el resto del país. Pero del mismo modo, cuando una pyme se levanta, arrastra consigo a una comunidad completa.
Hoy, más que nunca, necesitamos una mirada país que entienda que el desarrollo no puede ser centralizado ni desconectado de la realidad de los territorios. Reactivar la economía es una meta macroeconómica, pero también es una urgencia social, humana y estratégica.
Si de verdad queremos un Chile que avance, tenemos que empezar por cuidar y fortalecer a quienes, incluso en medio del fuego, siguen apostando por quedarse, reconstruir y volver a empezar. Porque ahí, en esas pymes y emprendedores, está gran parte del futuro que decimos querer construir.
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