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Obesidad: una enfermedad crónica y el desafío de un abordaje integral Opinión Archivo

Obesidad: una enfermedad crónica y el desafío de un abordaje integral

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José L. Cárdenas
Por : José L. Cárdenas Director de Asuntos Corporativos de Laboratorio Chile | Teva
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No podemos tratar una enfermedad sistémica con soluciones aisladas. El abordaje integral exige acceso a innovaciones farmacológicas, política pública transformadora que modifique entornos obesogénicos y cambio cultural que sustituya el juicio por empatía y priorice la salud metabólica.


La obesidad ha dejado de ser una preocupación estética para consolidarse como la mayor crisis de salud pública del siglo XXI. En cada consulta médica, en cada familia, la obesidad deja de ser un tema secundario para convertirse en una preocupación central.

Chile se ubica entre los 4 países con mayor prevalencia de obesidad de la OCDE. En algunos segmentos poblaciones, tiene tasas superiores a países históricamente críticos como EE.UU. o México. Además, se ha posicionado como el país con el mayor crecimiento en la prevalencia de obesidad en 10 años.

En este contexto el debate científico está zanjado: la obesidad no es un fallo de voluntad ni una simple consecuencia de “comer mucho y moverse poco”.

La OMS la reconoce como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, resultado de la interacción de factores genéticos, neurobiológicos, conductuales, ambientales y sociales. Su abordaje médico se debe centrar en los mecanismos biológicos y hormonales que regulan el apetito, la saciedad y el gasto energético, en vez de responsabilizar únicamente al paciente por sus hábitos.

Este reconocimiento transforma la práctica clínica y obliga a los sistemas de salud y a la sociedad a replantear sus políticas y actitudes.

En los últimos años, el campo terapéutico ha experimentado una revolución. Los agonistas del receptor GLP-1, que son medicamentos que imitan una hormona natural para controlar la glucosa y promover la pérdida de peso, como semaglutida y tirzepatida, han logrado reducciones de peso del 15% al 22%, cifras antes solo alcanzables mediante cirugía bariátrica. Como si esto fuera poco, estos fármacos aportan además beneficios cardiorrenales, reduciendo el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Sin embargo, el acceso a estos avances sigue siendo limitado en muchos países de la región, lo que subraya la necesidad de políticas públicas que garanticen equidad en el tratamiento.

Los países que han logrado estabilizar sus tasas han implementado estrategias multisectoriales robustas. Cuentan con regulación estricta, como etiquetado frontal y restricción de publicidad dirigida a menores; políticas fiscales, como impuestos a bebidas azucaradas y subsidios a alimentos frescos, y urbanismo activo, con ciudades que promueven transporte no motorizado y acceso a espacios verdes.

No podemos tratar una enfermedad sistémica con soluciones aisladas. El abordaje integral exige acceso a innovaciones farmacológicas, política pública transformadora que modifique entornos obesogénicos y cambio cultural que sustituya el juicio por empatía y priorice la salud metabólica.

Solo una acción coordinada entre gobiernos, sector privado, profesionales de la salud y sociedad civil permitirá revertir la tendencia y proteger la salud de las próximas generaciones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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