Ernesto Guevara/AgenciaUno
Universidad de Chile: el actor con la llave maestra
La crisis actual no es solo un problema de personas, sino de diseño. Y cuando el diseño falla, alguien debe asumir la responsabilidad de corregirlo. En el caso de la Universidad de Chile y su club de fútbol, ese actor existe y tiene una llave maestra. La pregunta es si estará dispuesta a usarla.
Los hinchas de Universidad de Chile hoy somos testigos de un cuadro institucional alarmante.
En el último tiempo, la reputación del club ha quedado expuesta por múltiples motivos. Causas penales, civiles y sanciones administrativas que involucran al presidente de Azul Azul S.A., Michael Clark Varela, en el contexto del caso Sartor. A esto se suman graves incidentes de violencia protagonizados por una minoría de “hinchas” que están incrustados en parte de la hinchada. Estos fenómenos, aunque distintos, revelan una misma fragilidad estructural: un modelo de gobierno sin legitimidad social ni controles efectivos.
La crisis no se limita a hechos aislados. Es la consecuencia de un mal diseño institucional que ha normalizado la opacidad en la propiedad, ha excluido sistemáticamente a los hinchas de cualquier forma de participación, ha expuesto reiteradamente el nombre de la Casa de Bello a un daño reputacional innecesario y ha dejado secuestrado al club y a sus verdaderos hinchas al comportamiento vandálico de unos pocos.
Sin embargo, en medio de este escenario crítico, se abren también oportunidades que no deberían ser desaprovechadas.
Por una parte, la reforma a la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales busca corregir vicios largamente denunciados: la falta de transparencia en la propiedad de los clubes, la concentración accionaria y la influencia indebida en los clubes por parte de representantes de jugadores. Por otra, la reciente reactivación de la Corporación de Fútbol Profesional de la Universidad de Chile (CORFUCH), con autorización del Ministerio de Justicia, restituye un actor clave: la entidad propietaria de los derechos federativos del club, hoy concesionados a Azul Azul por un plazo definido.
A este cuadro se suma el reciente pronunciamiento del Senado Universitario, que ha solicitado explícitamente la renuncia del presidente de la concesionaria y ha instado a las autoridades superiores de la Universidad a revisar las condiciones bajo las cuales se autoriza el uso de su nombre, símbolos y emblemas. No se trata de una intromisión antojadiza, sino de una señal política e institucional de primera magnitud.
La Universidad de Chile no puede seguir observando este proceso como un mero espectador. Respetando su institucionalidad, está llamada a debatir con seriedad qué proyecto deportivo de su Club de Fútbol considera compatible con sus valores fundamentales: participación, democracia, ética, transparencia y vocación pública. El modelo actual ha demostrado ser incompatible con esos principios y funcional a una lógica que permite el control del Club sin contrapesos ni legitimación social.
En este contexto, la Universidad tiene la llave para destrabar la crisis. Debe asumir un rol activo y liderar una negociación entre los distintos actores involucrados, orientada a construir un nuevo modelo institucional del club de fútbol. Si bien el convenio vigente contempla la posibilidad de arbitraje, avanzar por esa vía solo aumentaría la incertidumbre y el deterioro institucional. Anticiparse y buscar un acuerdo es una opción política e institucionalmente superior.
Ese acuerdo debiera considerar, al menos, tres elementos: un mecanismo efectivo de resguardo institucional —como un derecho a veto respecto de los directores de la concesionaria—; la incorporación de la CORFUCH al gobierno corporativo, como expresión mínima de participación de los hinchas; y la continuidad de la participación privada en la administración del club, pero bajo un esquema balanceado, transparente y coherente con los valores de la Universidad de Chile.
La crisis actual no es solo un problema de personas, sino de diseño. Y cuando el diseño falla, alguien debe asumir la responsabilidad de corregirlo. En el caso de la Universidad de Chile y su club de fútbol, ese actor existe y tiene una llave maestra. La pregunta es si estará dispuesta a usarla.
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