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Los desafíos de la industria agrícola y alimentaria en la próxima Administración Opinión

Los desafíos de la industria agrícola y alimentaria en la próxima Administración

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Para empezar, parece difícil argumentar que no hemos tenido éxito en materia de exportaciones agroalimentarias. Las estadísticas comerciales así parecen mostrarlo, ya que tenemos una balanza comercial agroalimentaria con el mundo positiva que, además, crece.


En una reciente columna (El Mostrador, 17 de enero. Lea en este link) señalé que, en el sector agrícola y alimentario, en materia de relaciones económicas internacionales, deberíamos esperar medidas similares a las utilizadas en las últimas décadas: un renovado impulso a la apertura comercial y captura de nuevos mercados para el aumento de nuestras exportaciones agrícolas y alimentarias. Lo califiqué como “más y mucho más de lo mismo”. Lo nuevo es que ahora conocemos quién asumirá el Ministerio de Agricultura, y tiene los “pergaminos” para hacerlo. Pero -creo- debemos esperar y ver qué propone el futuro ministro.

No obstante, reitero que la propuesta de los gremios está basada en premisas erróneas: hoy, los tiempos son otros y se requiere un nuevo paradigma: la prioridad no es continuar abriendo mercados, pues la verdad es que “no nos da el cuero pa’mas”. Para qué querríamos más mercados, si no estamos ni siquiera “gerenciando” y desarrollando de manera adecuada los mercados a los cuales ya podemos ingresar.

Los “tiempos han cambiado” y creo que ahora, los principales desafíos que enfrentamos son otros: (1) Asegurar y desarrollar aquellos mercados a los que ya ingresamos, especialmente en nuestra región, pues son los que, en términos relativos, importan alimentos de mayor valor agregado; (2) Fortalecer nuestra seguridad alimentaria en el convulsionado y complejo escenario internacional que se avecina;
(3) Integrar de manera exitosa y permanente, a los pequeños y medianos productores agrícolas y alimentarios a las “cadenas de exportación” y (4) Morigerar los efectos de la sobreexplotación de nuestros escasos recursos naturales y proteger la biodiversidad.

En esta ocasión, me refiero muy brevemente a los desafíos que hoy enfrentamos en materia de seguridad alimentaria. Más adelante, espero referirme a los otros temas.

Para empezar, parece difícil argumentar que no hemos tenido éxito en materia de exportaciones agroalimentarias. Las estadísticas comerciales así parecen mostrarlo, ya que tenemos una balanza comercial agroalimentaria con el mundo positiva que, además, crece.

Durante el quinquenio de 2020 – 2024, en promedio, el “saldo” positivo alcanzó a más de $10.220 millones de dólares. Hasta ahí todo bien, excepto que, en medio de este “boom” exportador, nos olvidamos que la apertura comercial también impacta la producción de alimentos de consumo interno. Seguramente podremos recordar que ya pasamos algunos “aprietos” durante la pandemia. No obstante, el convulsionado escenario global que podríamos enfrentar en años venideros, fácilmente podría desembocar en escenas similares a las que vivimos a comienzo de los años 70s, cuando los EE.UU. nos “cortó” el suministro de alimentos básicos de los cuales dependíamos.

Así, no deja de ser preocupante que, en las dos últimas décadas, el valor total de las importaciones de productos agrícolas y de alimentos se haya quintuplicado, creciendo a una velocidad del doble que la de las exportaciones. Pero aún más importante, las importaciones de alimentos como carnes, lácteos, alimentos del mar, frutas y alimentos preparados -que han pasado a ser componentes fundamentales de
nuestra dieta- lo hacen a velocidades mayores.

Nuestro sistema alimentario “no está dando el ancho”, y tengo la firme impresión que no bastará con la “Estrategia Nacional de Soberanía para la Seguridad Alimentaria”, propuesta -e inaugurada pomposamente- por la actual administración.

La “Estrategia” no consideró aspectos esenciales de nuestro modelo exportador agroalimentario y de cómo se integra al mercado internacional (El Mostrador, 7 de agosto 2023; y El Mostrador, 9 de julio, 2023). Tal como fue propuesta, la Estrategia no “estimulará” la producción nacional de alimentos básicos en los volúmenes, variedad y calidad necesarios para suplir el creciente déficit. Las transformaciones en la matriz productiva agroalimentaria de las últimas décadas, su organización, su orientación a los mercados internacionales, y los cambios sustantivos en los hábitos de consumo son tales que -hoy- dependemos de manera creciente del mercado internacional. Y la Estrategia no da respuesta al cómo y con quién o cuáles socios, enfrentaremos este desafío ¿Lo hará la futura administración o será el “mercado” el que decidirá cómo robustecer la seguridad alimentaria?

Creo que la respuesta la tenemos cerca, en nuestra región. Las últimas cifras disponibles en la base de datos ONU – ITC (2024) indican que dos tercios de nuestras importaciones de alimentos provienen de países miembros de ALADI. Y subiendo ¿No es ésta la dirección en la que debemos mirar y -sobre todo- actuar? Creo que sí, y deberíamos ser proactivos en los foros de la Región.

Nuestra seguridad alimentaria se potenciará y fortalecerá con una agricultura e industria alimentaria regional eficiente, potente y capaz de proyectarse regionalmente. Prioricemos, entonces, la facilitación del comercio regional, mejoremos la colaboración entre Servicios de Inspección de la región, promovamos la colaboración a nivel de la industria, y estandaricemos normas y regulación para la producción, distribución, exportación – importación, y venta de alimentos en nuestra región. No será fácil, pero es posible. Más importante, también estaremos avanzando hacia la integración económica regional.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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