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Baquedano y la memoria profunda de la nación Opinión

Baquedano y la memoria profunda de la nación

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Hugo Herrera
Por : Hugo Herrera Abogado y profesor de Filosofía y Teoría Política. Universidad Diego Portales y Universidad de Valparaíso. https://orcid.org/0000-0002-4868-4072
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Baquedano, hombre austero, volvió a la vida civil tras la guerra y sólo reapareció para evitar que el vacío de poder posterior a Balmaceda derivara en violencia mayor. Conocía el costo humano del conflicto y procuró impedir nuevas pérdidas inútiles.


En la Place Vendôme de París se alza hoy, serena, la columna que recuerda la victoria de Napoleón en Austerlitz. Esa calma encubre una historia agitada: en 1871, durante la Comuna, el monumento fue derribado por quienes lo veían como emblema de un pasado intolerable. Tres años después, Francia lo reconstruyó. Comprendió entonces algo difícil de aceptar en tiempos de furia: destruir símbolos no borra la historia; sólo rompe la memoria compartida.

Los monumentos no existen para imponer admiraciones obligatorias. Recuerdan hechos y figuras que, con luces y sombras, configuraron el destino común. Nadie está obligado a venerar a Ibáñez, Allende o Portales; pero expulsarlos del espacio público equivale a mutilar partes de nuestra propia biografía. El patrimonio no es propaganda: es memoria. Cuando desaparece, la comunidad pierde el suelo simbólico desde el cual reconocerse y discutir su pasado.

Algo semejante ha ocurrido con el monumento al general Baquedano, durante décadas punto axial de Santiago. Allí no sólo se evocaba a un jefe militar, sino también al soldado anónimo y al sacrificio de miles de chilenos en la Guerra del Pacífico, episodio decisivo en la formación del imaginario nacional.

Baquedano, hombre austero, volvió a la vida civil tras la guerra y sólo reapareció para evitar que el vacío de poder posterior a Balmaceda derivara en violencia mayor. Conocía el costo humano del conflicto y procuró impedir nuevas pérdidas inútiles.

Valdivia y Caupolicán, Montt y Varas, Barros Arana y Cifuentes, O’Higgins y Carrera: todos exhiben grandezas y errores. Convertirlos en figuras puramente ominosas implica proyectar la mentalidad actual sobre épocas distintas. Así no se salva nadie. Tampoco se puede construir comunidad, ni aprender de la historia.

Existe, además, un aspecto artístico que suele olvidarse. La estatua es obra de Virginio Arias, hijo de campesinos pobres y figura mayor de la escultura chilena, autor también del Roto chileno. En esas obras generaciones enteras se reconocieron. Incluso quienes protestaron en 2019 lo hicieron tomando como referencia ese mismo monumento, prueba de que, aun cuestionado, conservaba intacta su magnetismo simbólico.

Carl Gustav Jung advertía que los pueblos albergan símbolos profundos que estructuran su inconsciente colectivo. Reprimirlos no los disuelve: los hace regresar con mayor violencia. El pueblo se asemeja a un dios: una fuerza oscura y la mayor parte del tiempo dispersa, pero que, cuando irrumpe, lo hace con potencia incontenible (cf. “El pueblo”, en “Octubre en Chile”: https://www.academia.edu/44726892/El_pueblo). Arrasar monumentos equivale a negar conflictos que exigen mediación y elaboración; es condenarlos a reaparecer de forma ciega. Sólo una historia visible —encarnada en signos, figuras y lugares— puede ser comprendida, asumida y, finalmente, transformada.

Resulta difícil entender, entonces, la prolongada demora en reponer la estatua. ¿Se trata de simple burocracia o de la incapacidad de asumir que una nación necesita signos comunes, incluso si resultan incómodos?

Cuando la memoria desaparece del espacio público, el país comienza a caminar a oscuras sobre un suelo que ya no reconoce como propio. Sin símbolos compartidos, lo común se vuelve extraño y la convivencia pierde orientación, hasta quedar suspendida en un vacío silencioso, como si habitáramos una tierra que ya no sabemos nombr

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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