Opinión
Cuba no va a ser un Estado Asociado
El presidente cubano, Miguel Diaz-Canel, ha admitido que la isla atraviesa una crisis económica y energética importante, y que obligará a aplicar ajustes y racionamiento a una población ya golpeada por los apagones y la falta de agua y alimentos, pero también ha desestimado la “teoría del colapso”.
Trump, usando el marco de la nueva estrategia de seguridad de EE.UU., intensificó las acciones desestabilizadoras hacia Cuba con el fin de “asfixiarla” y lograr el colapso del régimen (palabras de Trump), esto tras el exitoso secuestro de Nicolás Maduro y la intervención en Venezuela (03/01/2026).
Siguiendo una estrategia similar, Trump le impuso un cerco petrolero y firmó una orden ejecutiva amenazando con aranceles a los países que lo rompieran, acción que viola abiertamente los principios de igualdad soberana, no intervencionismo y autodeterminación de la Carta de la ONU y de los marcos internacionales de comercio definidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC), entre otros.
Este bloqueo tiene por propósito garantizar que el país no funcione de modo de acusar que la crisis responde únicamente a la mala gestión interna.
El bloqueo impuesto en 1962 y que se profundizó en el tiempo con otras acciones (prohibición del comercio y transacciones financieras/Trading with the Enemy Act de 1917, inclusión de Cuba en los países patrocinadores del terrorismo en 1982, Ley Torricelli/Cuban Democracy Act de 1992 que prohibió a subsidiarias comerciar con Cuba, Ley Helms-Burton/Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act de 1996 que endureció e internacionalizó el bloqueo, restricciones de viajes y remesas, las recientes restricciones financieras y tecnológicas, etc.), ha incidido fuertemente en las limitaciones/fracasos en el desarrollo cubano y los estándares de vida, ello a pesar de los logros en salud pública, tecnología, educación y deporte, entre otros.
Cuba, que ya venía con serios problemas desde los 60’s, que se ahondaron con la caída de la Unión Soviética (Período Especial 1990), ha desmejorado aún más con la caída de la ayuda de Venezuela, un aliado estratégico que le surtía más del 30% del petróleo necesitado a cambio de médicos, profesores, técnicos, personal de seguridad, etc.
El Real Instituto Elcano grafica bien esta situación negativa al decir que en los últimos 10 años las exportaciones de Cuba cayeron un 47 % y las importaciones un 36 %, mientras que la inflación saltó de 2 % al 70% en este país de 10.9 millones de habitantes que no logran salir de las dificultades económicas.
Hoy Cuba padece de una asfixia energética que ha influido en la contracción económica (15% desde el 2020): varias termoeléctricas están fuera de servicio y gran parte del país ha sufrido apagones simultáneos. La isla se encuentra hoy al borde del colapso humanitario, tal como lo advirtió Antonio Guterres, Secretario General de la ONU. El diagnóstico fue compartido por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien expresó que “imponer aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba podría desencadenar una crisis humanitaria de gran alcance, afectando directamente a…servicios básicos para el pueblo… una situación que debe evitarse mediante el respeto al DD.II.” (en La Habana no se ha recogido la basura por días).
Sheinbaum, que asume la postura mexicana tradicional de defensa de la no intervención y la autodeterminación, esa anclada a la “Doctrina Estrada” (1930), por temor a las represalias de un Trump que está redibujando el mundo, cambió el envío de petróleo por ayuda humanitaria (México enviaba hasta 17.000 barriles de petróleo al día en 2025), pero pretende retomar los envíos tras negociaciones con Washington y ha ofrecido convertirse en un “puente aéreo”.
China, más hermético y mirando el tablero mundial, ha reafirmado su respaldo político y el compromiso de prestar apoyo “en la medida de sus posibilidades”.
En el caso de Brasil, hasta ahora solo se han escuchado declaraciones y cooperación humanitaria y sanitaria. Solo Rusia se está preparando para enviar petróleo y combustible a Cuba en un futuro cercano (apoyó a un aliado proxy). En medio de ello, llegó un tanquero con bandera de San Vicente y las Granadinas a Matanza (de confirmarse sería el primero que llega a la isla desde el 09/01).
El presidente cubano, Miguel Diaz-Canel, ha admitido que la isla atraviesa una crisis económica y energética importante, y que obligará a aplicar ajustes y racionamiento a una población ya golpeada por los apagones y la falta de agua y alimentos, pero también ha desestimado la “teoría del colapso” de Trump. Díaz-Canel si bien se ha mostrado en favor de un diálogo con EE.UU. para alivianar el embargo, condicionó este a una “posición de respeto a la soberanía y la autodeterminación”, agregando que su objetivo debe ser construir “una relación entre vecinos civilizada” y de “beneficio mutuo” (Cuba está a 145 Kms. de Florida).
La apertura al diálogo de Díaz-Canel se ve como una “apuesta a alargar la situación” (resistir) en la espera de un debilitamiento de la posición del interlocutor (Trump/republicanos ya han perdido 7 elecciones), bien sea por las elecciones de medio término o por una posible victoria en las próximas presidenciales. Sin embargo y como expresa el profesor de la Universidad Holy Names de Oakland-California, Arturo López Levy, “la crisis es de una envergadura mayor…En otros momentos había la expectativa de que el gobierno iba a implementar reformas, iba a producir cambios, pero ahora la situación es mucho más desesperada, porque sin energía no hay posibilidad de mover el país”. Cuba se va quedando sin ingresos (ej. la empresa canadiense Sherrit que explota el níquel y el cobalto parará por falta de combustible), por eso resaltan los 3 millones de cubanos en el exterior cuyas remezas (US$ 3.000 millones) tienen un gran impacto en la mayoría de los hogares cubanos.
Hoy influyen en la política exterior de Washington los halcones (léase los Marco Rubio, Ted Cruz, Pete Hegseth, Stephen Miller y Tom Homan, etc.), lo que ha implicado el retomar la línea dura de derrocar al régimen mediante el aumento del embargo y las sanciones, aislar al régimen y condicionar cualquier diálogo a importantes cambios hasta medidas coercitivas. Trump, por ejemplo, ratificó aspectos de la Ley Helms-Burton para garantizar a los estadounidenses el derecho a demandar a Cuba y a compañías cubanas por las propiedades expropiadas tras la revolución de 1959. Las palomas, demócratas en su mayoría, que proponen normalización de relaciones, levantar o flexibilizar el embargo, más comercio, viajes y cooperación, diplomacia directa; es decir, quitar las razones para las restricciones político-culturales y seducirlos en los planos socio-económico y cultural (poder blando), recién están reaccionando a la situación interna y tiene escasa capacidad de condicionar la política exterior de Trump. Quizás con ellos y sin las políticas beligerantes (ej. 638 atentados a Fidel Castro o el cerco de hoy), Cuba habría evitado la centralización, restricciones económicas y ausencia de libertades, acercándose más al modelo del socialismo democrático.
Especialistas como Louis A. Pérez Jr. o Jorge I. Domínguez, tras el triunfo en 1959, han dicho que la Revolución no tenía como objetivo declarado instaurar un sistema comunista y esto fue un giro progresivo a partir de las reformas estructurales aplicadas (reforma agraria, nacionalización de empresas, etc.) y que afectaron a grandes propietarios estadounidenses.
Washington respondió con la reducción de la cuota azucarera, el embargo y el apoyo a la invasión de Invasión de Bahía de Cochinos (1961). Ahí se produce la ruptura de Cuba con EE.UU. y el acercamiento a la Unión Soviética y al bloque socialista con Crisis de los Misiles incluida (1962). Fue una revolución nacionalista que derivó en socialismo por la coyuntura (Guerra Fría), aunque algunos afirman la existencia de la semilla marxista desde el principio.
Hoy la población cubana no muestra ni un apoyo masivo entusiasta, ni un rechazo total generalizado al régimen. Esta se debate entre un apoyo ideológico, una adaptación pragmática, un descontento (frustración) creciente y una oposición que renace, todo en medio de un orgullo nacional compartido al resistir 5 intervenciones militares de EE.UU. desde su independencia, más 10 encubiertas relevantes (ej. Operación Mangosta de desestabilización y sabotaje). Los cubanos si bien están acostumbrados a rehacerse, hoy hay un contexto más difícil, con personas más pragmáticas, lo que impone un cambio (apertura) sí o sí en la Isla.
Claramente, como lo advierte Arturo López-Levy, profesor de la Universidad Estatal de Georgia, la nueva presión estadounidense no responde a una defensa de los DD.HH. y las libertades en la Isla. Es contra sensu humanitario presentar el sufrimiento económico como un paso necesario para acelerar el fin del modelo político cubano. En este sentido, los objetivos políticos no pueden justificar acciones que, en sí mismas, violen DD.HH. De este modo, con esta acción se está instalado el mismo precedente peligroso usado en Gaza por los israelíes: el uso del hambre y la sed como instrumentos legítimos de presión/guerra política.
Mientras se espera la implosión del sistema para no reproducir las crisis migratorias (Mariel 1980, balseros de 1994 o la de 2021-2023), además de ayuda humanitaria, Washington estaría viendo un calendario de envío supervisado de petróleo desde Venezuela (habría zarpado un tanquero con 150.000 barriles que serían distribuidos por la Iglesia Católica). El aflojar un poco la presión y apostar por la diplomacia como ha dicho la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, con la Ley Helm-Burton en la mesa (cambio de régimen), es muy difícil que el gobierno cubano quiera negociar. Por dignidad, Cuba no va ser pauteado y/o teledirigido, no va a ser un “Estado asociado”, más allá de los cambios que deberá hacer.
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