Opinión
Lo que las licencias médicas están diciendo sobre nuestras instituciones
Las licencias médicas, el ausentismo y la rotación no emergen de manera abrupta. Se instalan gradualmente, cuando las organizaciones comienzan a operar con desgaste acumulado y sin mecanismos efectivos de lectura y retroalimentación.
En muchas instituciones, el funcionamiento cotidiano se ha vuelto frágil. Equipos que operan con ausencias persistentes, turnos que se reorganizan semana a semana, cargos que cambian de manos con rapidez y una sensación instalada de estar siempre “sacando el día”. Las licencias médicas, el ausentismo y la rotación aparecen así como problemas urgentes, abordados casi siempre desde la contingencia y el control.
El relato dominante suele ser conocido: abuso del sistema, falta de compromiso, debilitamiento de la ética laboral. Bajo esa mirada, la licencia médica se transforma en sospecha, el ausentismo en falta y la rotación en deslealtad. El foco se instala en la conducta individual y la respuesta tiende a ser administrativa: más controles, más formularios, más presión para normalizar el funcionamiento.
Sin embargo, cuando estos fenómenos dejan de ser excepcionales y comienzan a repetirse de manera sistemática, insistir solo en la explicación individual resulta insuficiente. Licencias reiteradas, ausencias prolongadas y salidas constantes no suelen aparecer de forma aislada. Más bien, operan como síntomas visibles de organizaciones que no están logrando leer a tiempo lo que ocurre con las personas que las sostienen.
Esta lectura se vuelve especialmente relevante al observar la duración de estas ausencias. De acuerdo con datos del Observatorio de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), las enfermedades profesionales asociadas a salud mental registran, en promedio, más de cuarenta días laborales perdidos por caso. Se trata de una duración comparable, e incluso superior, a la de otras patologías tradicionalmente reconocidas como de alto impacto laboral. No se trata, entonces, de pausas breves ni de episodios aislados, sino de procesos prolongados de desgaste que continúan siendo abordados como contingencia y no como señal.
En muchas organizaciones, la gestión de personas permanece reducida a lo transaccional: contratos, pagos, reemplazos y cumplimiento normativo. Todo ello es necesario, pero claramente insuficiente. Cuando la gestión se agota en la administración y no incorpora una mirada sostenida sobre cargas laborales, estilos de liderazgo, climas de trabajo y condiciones de desempeño, el desgaste se acumula de manera silenciosa hasta expresarse a través del cuerpo, la ausencia o la salida.
Desde la salud mental ocupacional, estos fenómenos no se comprenden como fallas aisladas, sino como respuestas adaptativas a contextos que se han vuelto difíciles de sostener. El ausentismo no siempre responde a evasión; muchas veces funciona como una pausa forzada frente a una exigencia constante. La rotación no necesariamente expresa falta de compromiso; en ocasiones, constituye la única vía de salida cuando no existen espacios efectivos de escucha. Y la licencia médica, más que un costo, puede operar como una señal temprana de un sistema que ha dejado de cuidar a quienes lo sostienen.
Esto no implica desconocer que existen abusos ni responsabilidades individuales. Los hay, y deben ser abordados. Pero incluso esos abusos, cuando se vuelven frecuentes, tienden a prosperar en contextos donde el liderazgo es débil, las reglas pierden legitimidad y la relación entre personas e institución se ha ido deteriorando sin ser atendida.
Las licencias médicas, el ausentismo y la rotación no emergen de manera abrupta. Se instalan gradualmente, cuando las organizaciones comienzan a operar con desgaste acumulado y sin mecanismos efectivos de lectura y retroalimentación. En ese punto, las ausencias dejan de ser un problema excepcional y pasan a formar parte del funcionamiento habitual, con consecuencias que suelen hacerse visibles solo cuando el deterioro ya está avanzado.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.