Opinión
Formación inicial docente: una oportunidad para un nuevo compromiso social
Chile se está quedando sin profesoras y profesores, pero aún estamos a tiempo de actuar.
Ad portas del inicio del año escolar y el año académico en las instituciones de educación en nuestro país, parece pertinente analizar una crisis silenciosa, pero profunda que vivimos en este ámbito: la falta de profesoras y profesores está alcanzando un nivel que amenaza la continuidad formativa en miles de aulas. Aunque durante años se abordó como un problema específico del sistema escolar, hoy resulta evidente que se trata de una señal alarmante del debilitamiento del valor social de la enseñanza, en el que las universidades están llamadas a jugar un papel importante.
El Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) hizo proyecciones elocuentes estimando que, para el año que recién cerramos, el país enfrentaba un déficit superior a los 26.000 docentes, especialmente en áreas críticas como Matemáticas, Ciencias, Educación Diferencial y Técnico-Profesional. Esta escasez de profesores y profesoras, no es un problema específico de nuestro país, sino que es el reflejo de la crisis mundial en esta materia: se necesitarán 44 millones de docentes adicionales de primaria y secundaria en todo el planeta, según el Informe Mundial sobre el Personal Docente publicado por UNESCO en 2025, para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida (4to Objetivo de Desarrollo Sustentable). Sin docentes, en número y calificación suficiente, se afecta el acceso y la pertinencia de la educación: las aulas se masifican, disminuye la calidad de la enseñanza y las oportunidades de aprendizaje, sobre todo en comunidades desfavorecidas.
En nuestro país, la Ley 20.903 (promulgada en 2016) buscó dignificar y profesionalizar la docencia, exigiendo acreditación obligatoria, nuevas evaluaciones y requisitos de ingreso más elevados. Producto de los cambios que fueron introducidos en el proceso de selección para las universidades -tales como nuevas pruebas, cambio de escala, aumento del número de postulaciones de 10 a 20 por persona-, durante el proceso de admisión a la educación superior del año 2023, se observó un aumento significativo en el número de personas seleccionadas vía regular en pedagogías en todo el país (51%, pasando de 8.685 a 13.195), cifras que se mantuvieron estables los años 2024 y 2025, con variaciones de no más de un 2%.
No obstante, para el proceso de admisión 2026, en que se introdujeron los cambios relativos a requisitos de ingresos más elevados -entrando en vigencia el nuevo criterio de habilitación pedagógica (percentil 33 para el requisito 1)-, las personas seleccionadas disminuyeron en un 17,5%, pasando de 13.133 personas seleccionadas para pedagogías en Chile en 2025 a 10.831 en este año.
Es decir, los cambios diseñados con el objetivo de fortalecer y profesionalizar la docencia, han visto en su reciente implementación efectos negativos en el acceso a las carreras. En lugar de fortalecer la atracción de talento, han restringido el acceso a niveles que podrían hacer caer la matrícula de primer año en 40%, una vez que las exigencias de la ley entren en vigencia plena, según las proyecciones del Ministerio de Educación.
En el proceso 2026, los programas que registran las mayores disminuciones son Pedagogía en Educación Diferencial y Pedagogía en Educación de Párvulos, con caídas del 26,4% y 26,3%, respectivamente, en las vías de admisión centralizada; pero todas las áreas de la pedagogía sufren disminuciones en el número de personas seleccionadas. Y las más fuertes disminuciones en la selección de estudiantes se dan en las regiones de Arica y Parinacota, Coquimbo, O’Higgins, Ñuble, Los Lagos y Magallanes, todas con más de un 20% menos de personas seleccionadas en comparación con 2025.
Por ello la discusión legislativa actual se ha centrado en mantener o no la elevación gradual de los percentiles mínimos en los puntajes PAES de ingreso (del 33 al 60 entre 2026 y 2030), sin embargo, dicha discusión, si bien es clave para mantener la formación inicial docente en ciertas regiones de nuestro país, no aborda un punto crucial: ¿Cómo lograr que jóvenes talentosos quieran convertirse en docentes si las condiciones laborales y culturales de la profesión continúan debilitándose?
Surge un desafío para las facultades de educación de todo Chile en la lógica de formar con calidad, además de motivar e inspirar para atraer talento y sobre todo formar en la vocación de que el ejercicio del profesorado es un acto de transformación que cambia vidas, entendiendo que Educar es un acto de humanidad, de profundidad, de esperanza. Esa inspiración, lejos de ser un gesto simbólico, constituye un componente central para reconstruir la vocación y poder atraer a jóvenes talentosos a la carrera docente.
La evidencia internacional confirma que las y los estudiantes de pedagogía permanecen y se desarrollan mejor en programas que ofrecen prácticas tempranas, retroalimentación sistemática y acompañamiento emocional. En Chile, sin embargo, el 40% de quienes cursan pedagogías declara sentirse poco preparado para enfrentar la primera práctica laboral. Y muchos jóvenes profesionales desertan tempranamente del ejercicio docente.
Esto es especialmente crítico en regiones como Biobío y Ñuble, donde más del 60% de los establecimientos públicos se ubican en zonas rurales o semi rurales, contextos que demandan competencias socioemocionales, adaptabilidad pedagógica y un fuerte anclaje territorial. En este sentido, la innovación formativa no puede quedarse en el discurso: debe expresarse en aulas universitarias activas, interdisciplinarias, tecnológicamente integradas y fuertemente conectadas con las comunidades educativas locales.
Sin embargo, la crisis docente no será resuelta por las universidades de manera aislada. Es necesario un enfoque sistémico que combine políticas laborales que dignifiquen la profesión, incentivos reales para el ejercicio docente, reconocimiento social sostenido y programas de formación inicial que desarrollen excelencia sin sacrificar acceso. Todo ello implica inyección o redistribución de recursos económicos.
Chile se está quedando sin profesoras y profesores, pero aún estamos a tiempo de actuar. Ninguna reforma podrá prosperar plenamente si no recuperamos el orgullo de enseñar y el reconocimiento colectivo hacia quienes sostienen cada día el proyecto educativo del país. La crisis actual es una advertencia, pero también una oportunidad: la de construir un nuevo compromiso social por la docencia, uno que sitúe a las y los educadores en el corazón del desarrollo nacional.
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