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La sonrisa de Jaime Guzmán Opinión

La sonrisa de Jaime Guzmán

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Hugo Herrera
Por : Hugo Herrera Abogado y profesor de Filosofía y Teoría Política. Universidad Diego Portales y Universidad de Valparaíso. https://orcid.org/0000-0002-4868-4072
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La sonrisa de Guzmán no es mera sonrisa. Fue asesinado, igual que Portales. Más que sonrisas, es responsabilidad lo que requiere la historia actual. Menos moralismo revolucionario, también menos neoliberalismo ramplón.


Algo así me imagino, a casi medio siglo de 1980. Gracias, en parte a su cerebro y en parte a las torpezas de la izquierda, Jaime Guzmán comienza a parecerse, en sus efectos, a Diego Portales.

Su Constitución, aprobada cuando tenía apenas 34 años (la de 1833 lo fue cuando Portales rondaba los 40), cumplirá pronto cincuenta. Un discípulo de Guzmán, José Antonio Kast, se apresta a entrar al gobierno. Y el Presidente Boric, que emergió de la crítica frontal al orden de Guzmán, acepta el cargo de “alguacil honorario” de Carabineros, la institución que su sector otrora atacó y quiso desmantelar.

¿Dónde estuvo el error de la izquierda, que pasó, de tener Presidente y mayoría abrumadora, al fracaso rotundo?

No se equivocó en denunciar abusos y estancamientos. El yerro fue de otro tipo.

Pasó que confundió política y moral (y denuncia con construcción e impugnación con proyecto). Símbolo egregio de la decadencia es la dupla Jackson-Atria. Condensan una mezcla corrosiva: moralismo e inconsistencia.

El moralismo tuvo hasta su doctrina. Atria describió al mercado como “mundo de Caín”, espacio de egoísmo. Elevó la deliberación política a camino de “reconocimiento radical del otro”, antesala de la plenitud comunista. La política, así entendida, ya no era administración prudente de conflictos, sino tránsito redentor (dejo pdf. liberado de libro sobre el debate https://www.academia.edu/62037370/Razón_bruta_revolucionaria).

Jackson, el que andaba “con Atria en la mochila”, añadió lo que, aparentemente, logró entender del profesor: eso de los “estándares morales superiores”.

El moralismo devino caricatura.

Jackson quedó sumido en el oscuro asunto de las fundaciones organizadas para el hurto o la estafa, así como en el inverosímil “robo” de computadores, ¡incluido el suyo propio! La estrategia de financiarse vía fundaciones se la enseñaron los españoles de “Podemos”. Y a España partió Jackson, tras ser obligado a renunciar como ministro por el escándalo. ¿Ejecutando una fuga preventiva?

Atria, por su parte, llegó al extremo de decretar “inaceptable” en su debate “emancipador”, incluso al “escéptico”: al que ose dudar de “la verdad” en la deliberación política. Quien discrepa no es ya adversario, es enemigo social. La ruta queda así marcada.

El propio dique institucional que se quería demoler apareció, entonces, a la ciudadanía, como especie de resguardo.

Ni el orden portaliano ni el guzmaniano —si cabe llamarlo así— nacieron de procesos impecables. Los orígenes fueron dolorosos. Lircay fue áspero. 1980, también. Pero el orden de Portales duró siete décadas, en las que Chile se desplegó institucional, educacional y territorialmente; forjó el sentimiento nacional; y, como muestran estudios histórico-económicos importantes (aquí hay uno de Lüders: https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/127949/Rolf_J_Luders.pdf?sequence=1), el país creció más que el promedio de las naciones que luego serían desarrolladas.

¿Podremos esperar algo semejante del ciclo iniciado en 1980 y reformado en democracia con Aylwin primero y Lagos después?

Difícil imaginarlo. Todo parece aludir a un estancamiento. ¿Qué nos faltaría?

Que fuerzas de centro, izquierda y derecha responsables se dejen de comportar destructivamente y se comprometan con el interés general de la nación. Que sobre esa base acuerden una agenda urgente de reformas contundentes necesarias: ocupación territorial y conectividad; urbanismo; salud y educación; productividad y crecimiento; alteración del sistema político, para recuperar el papel conductor del Estado.

La sonrisa de Guzmán no es mera sonrisa. Fue asesinado, igual que Portales. Más que sonrisas, es responsabilidad lo que requiere la historia actual. Menos moralismo revolucionario, también menos neoliberalismo ramplón. Quizás sea esto: percatarnos de que, como insinúan los datos del estudio de Lüders, sólo bajo una acción directiva estatal clara, como la que hubo en Chile de 1830 hasta el final del siglo XIX, e instituciones sólidas, podrá el país volver a desplegar con nitidez sus hoy embotadas capacidades.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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