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Cumbre de Trump revive Doctrina Monroe, mientras ala progresista de los demócratas busca su término MUNDO

Cumbre de Trump revive Doctrina Monroe, mientras ala progresista de los demócratas busca su término

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En la antesala de la Shield of the Americas, un pequeño grupo de congresistas demócratas impulsa una resolución para abolir la Doctrina Monroe. Nydia Velázquez, autora de la iniciativa, y Francesca Emanuele, del CEPR, explican la propuesta en conversación con El Mostrador.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El 7 de marzo, Donald Trump encabezará en Miami la cumbre Shield of the Americas junto a líderes de la derecha latinoamericana. En paralelo, en Washington, la congresista demócrata Nydia Velázquez impulsa la New Good Neighbor Act, una resolución que busca declarar formalmente superada la Doctrina Monroe y reemplazarla por una política de cooperación entre iguales. Respaldada por 18 legisladores progresistas y apoyada por la investigadora Francesca Emanuele (CEPR), la iniciativa cuestiona tanto el “corolario Trump” como la continuidad bipartidista del intervencionismo estadounidense.
Desarrollado por El Mostrador

El próximo 7 de marzo, Donald Trump recibirá en su hotel en Miami a algunos de los líderes más influyentes de la derecha latinoamericana: Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y el Presidente electo de Chile, José Antonio Kast, a solo cuatro días de asumir el cargo.

La cumbre, denominada Shield of the Americas, se presenta como un encuentro para tratar los temas sobre seguridad hemisférica, migración e “interferencia extranjera”. Pero para algunos, el mensaje político es más amplio. Días después de la intervención militar en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Trump fue explícito: “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado. No ocurrirá”.

En Washington, esa frase no pasó inadvertida.

La congresista demócrata Nydia Velázquez, del ala más progresista del partido opositor a Trump y representante de una minoría dentro de sus filas, impulsa una resolución que va en la dirección opuesta: declarar formalmente superada la Doctrina Monroe.

Velázquez tiene 72 años, nació en Yabucoa, Puerto Rico, y en 1993 llegó al Congreso como la primera mujer hispana de su partido en conquistar el Capitolio. Desde ese momento, lleva más de tres décadas representando uno de los distritos más progresistas de Nueva York.

La congresista anunció que no buscará la reelección, pero que la resolución que presentó el 12 de febrero, la New Good Neighbor Act, forma parte de lo que quiere dejar como legado político.

La iniciativa propone reemplazar la Doctrina Monroe por una política de “Nueva Buena Vecindad” hacia América Latina y el Caribe. Durante su presentación, la acompañaron Alexandria Ocasio-Cortez, Greg Casar y Rashida Tlaib, entre otros. En total, 18 congresistas del ala progresista demócrata en una Cámara de 435 miembros. Una minoría dentro del partido opositor.

El texto plantea cuatro cambios centrales: que el Departamento de Estado confirme formalmente que la Doctrina Monroe ya no es política estadounidense; terminar con las sanciones unilaterales; desclasificar archivos sobre golpes de Estado y dictaduras respaldadas por Washington; y reformar las instituciones financieras internacionales para dar mayor voz a los países latinoamericanos.

Francesca Emanuele es investigadora del Center for Economic and Policy Research (CEPR) e impulsora de la campaña. Es ella quien hace el puente entre el CEPR, los congresistas progresistas y organizaciones sociales.

En entrevistas para El Mostrador, tanto Velázquez como Emanuele defendieron la iniciativa y cuestionaron la vigencia práctica de la Doctrina Monroe.

“La Nueva Política de Buen Vecino es fundamentalmente diferente de lo que hemos visto en administraciones demócratas anteriores. Los presidentes anteriores suavizaron su retórica o apoyaron cambios incrementales, pero la Doctrina Monroe permaneció intacta”, explica Nydia Velázquez. “Esta resolución llama a terminar formalmente con esa política. Es una ruptura con el consenso bipartidista de que América Latina es nuestra para controlarla”, agrega.

Emanuele reconoce las dificultades a las que se enfrentan, pues solo 18 legisladores han respaldado la iniciativa. “La propuesta, al menos por ahora, se sitúa principalmente en el plano simbólico. Esto refleja la reticencia persistente de muchos responsables políticos en Washington a reconocer abiertamente el historial de intervenciones de Estados Unidos en la región”, afirma.

Pero a Velázquez eso no la desanima. “Es importante construir apoyo ahora para políticas que una futura administración podría implementar”, dice. Y recuerda algo que, a su juicio, parecía improbable hasta hace poco: “Un año atrás, nadie esperaba la reacción del pueblo estadounidense frente a la violencia de ICE. Tenemos que continuar educando a los estadounidenses sobre las implicaciones de la Doctrina Monroe”.

El regreso de Trump a la Casa Blanca reactivó esa lógica bajo su propio sello –lo que críticos han bautizado como la “Doctrina Donroe”–, una versión endurecida de la política exterior tradicional. Su Estrategia de Seguridad Nacional define el hemisferio occidental como “un único teatro estratégico integrado” y establece lo que su administración denomina el “corolario Trump”: restaurar la preeminencia estadounidense en la región, con China como principal amenaza.

“La Doctrina Donroe es simplemente una versión más grotesca de las políticas intervencionistas que nos han fallado durante dos siglos”, afirma Velázquez.

La intervención en Venezuela, el bloqueo de combustible a Cuba, las advertencias a México y Panamá son, en su lectura, expresiones contemporáneas de esa lógica.

Para Emanuele, la Shield of the Americas es más que una reunión diplomática. “Proyecta un alineamiento hemisférico basado no en la cooperación entre iguales, sino en el servilismo y una afinidad ideológica de extrema derecha”, dice. A su juicio, se trata de un liderazgo “que privilegia gobiernos afines incluso cuando enfrentan cuestionamientos en materia de derechos humanos o erosión democrática”.

Pero uno de los argumentos más incómodos de esta iniciativa no apunta solo a Trump, sino que también hacia adentro. “Ambos partidos (Demócrata y Republicano) han usado la doctrina cuando les conviene”, dice la congresista. “Esta resolución dice que todo ese enfoque debe terminar”, subraya.

“Los elementos de continuidad los hallamos en el plano discursivo”, dice Emanuele. “En la práctica, Biden mantuvo pilares centrales del enfoque Monroe: el uso amplio de sanciones y una política que no abandonó los mecanismos de presión sobre la región”.

La resistencia dentro del Partido Demócrata existe, aunque Velázquez evita dramatizarla. “La resistencia real viene de los republicanos”, dice. Aun así, reconoce que el respaldo dentro de su propia bancada está lejos de ser mayoritario.

Chile ocupa un lugar particular en este debate, y Nydia Velázquez lo conoce de cerca. En agosto de 2023, estuvo en Chile y visitó el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago. “Esa historia no puede permanecer oculta”, dice hoy. “Hemos desclasificado algunos documentos, pero todavía hay mucho escondido. Fortalecer la asociación entre nuestros dos países requiere que la verdad salga a la luz”, enfatiza.

Hoy la tensión tiene una dimensión nueva con la decisión de Estados Unidos de revocar las visas al ministro de Transportes y al subsecretario de Telecomunicaciones, en represalia por las negociaciones en torno a un cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong. 

En ese contexto, la presencia de Kast en la Shield of the Americas cuatro días antes de asumir no es un detalle menor. “Esa cumbre muestra la visión real de Trump para América Latina. A Trump solo le interesa asociarse con líderes políticamente afines que puedan avanzar su agenda”, dice Velázquez. “No una cooperación democrática genuina”, puntualiza.

La resolución que impulsa no tiene fuerza de ley y enfrenta una Cámara controlada por republicanos. Sus posibilidades de prosperar son escasas, lo que hasta sus propias promotoras lo reconocen.

Pero Velázquez lleva 30 años en el Congreso e insiste en que no termina con una votación.

“La Doctrina Monroe termina en la práctica cuando cambiamos fundamentalmente cómo nos relacionamos con América Latina”, dice. “Terminar con las sanciones unilaterales, detener el apoyo a golpes de Estado, reformar los programas de seguridad que han habilitado abusos a los derechos humanos”, detalla.

Finalmente, el cambio que considera más difícil es que “los países latinoamericanos necesitan ser tratados como socios iguales, no como subordinados que reciben órdenes”, concluye.

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