Publicidad
Las muchas caras del súper lunes Opinión

Las muchas caras del súper lunes

Publicidad
Giovanni Vecchio
Por : Giovanni Vecchio Profesor asistente en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica e investigador del Centro UC Observatorio de la Costa y el Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus).
Ver Más

Pensar el transporte desde la justicia requiere identificar los grupos y las zonas que enfrentan mayores barreras para acceder a sus oportunidades, para poder orientar las inversiones en servicios e infraestructuras donde más se necesitan.


Año tras año, el Super Lunes nos deja las mismas imágenes: autopistas saturadas, estaciones llenas, buses sobrecargados, tiempos extensos de traslado. Sin embargo, este día también nos ofrece una mirada sobre el acceso desigual a la ciudad y sus oportunidades a lo largo de Chile. Este día no se vivirá de la misma manera en todo el territorio. 

Si hablamos de transporte, indisolublemente nos referimos al acceso a la ciudad y sus oportunidades, que cambia según el territorio y las condiciones en que se habita. No es lo mismo residir en un barrio bien conectado, con múltiples alternativas de transporte público y cercanía a servicios, o en una zona que depende del automóvil. No es igual contar con automóvil que depender exclusivamente de un bus o de combinaciones que requieren sincronía perfecta. Tampoco es lo mismo tener flexibilidad horaria que estar sujeto a turnos rígidos que obligan a viajar en hora punta. 

Las brechas son evidentes cuando miramos a distintas realidades de Chile. Como muestran los resultados de las encuestas origen-destino, en Santiago el 62% de los viajes duran más de una hora, con tiempos que en hora punta se acercan a las dos horas en comunas periféricas, como La Pintana y Quilicura, y en comunas suburbanas, como Melipilla y Peñaflor. Pero en regiones la situación es igualmente crítica, considerando que también en ciudades más pequeñas, como Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Puerto Varas, más de mitad de los viajes duran más de una hora. A sistemas de transporte que operan con menor frecuencia y cobertura se suman muchas veces condiciones geográficas y climáticas que agregan dificultades adicionales. Si bien el territorio cambia, el desafío de cómo se distribuyen tiempos, distancias y oportunidades se mantiene a lo largo del país.

Durante décadas, la planificación del transporte ha privilegiado criterios de eficiencia, pero hacerlo significa invisibilizar lo que el transporte significa para cada persona. Cuando un sistema de transporte no funciona, las personas renuncian a empleos lejanos, pierden horas médicas por llegar tarde, salen cada vez menos de sus casas para realizar actividades esenciales. Por esto, es necesario pensar el transporte y las ciudades no solo para mover personas más rápido, sino para acercar oportunidades. La localización de servicios, la distribución territorial del empleo, la integración entre modos de transporte contribuyen al bienestar cotidiano y a la libertad de cada ciudadano. 

Pensar el transporte desde la justicia requiere identificar los grupos y las zonas que enfrentan mayores barreras para acceder a sus oportunidades, para poder orientar las inversiones en servicios e infraestructuras donde más se necesitan. Cuando el transporte funciona con calidad, confiabilidad y dignidad, amplía horizontes de vida. Por esto, frente a las imágenes de un nuevo Super Lunes, es importante medir un sistema de transporte no sólo por cuántos minutos ahorra, sino por cuántas oportunidades habilita y para quiénes. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad