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Tragedias y comedias Opinión Imagen de Archivo Agencia UNO

Tragedias y comedias

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Miguel Laborde
Por : Miguel Laborde Escritor y director de la Revista Universitaria UC
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En este país se nos viene un Gobierno trágico. Apela a la sombra de la inseguridad, que debe ser enfrentada con orden y fuerza, como lo impuso el orden portaliano. Pero ya sabemos que Diego Portales se reía en la fila. ¿Sabrá hacerlo este Gobierno?


El orden o la libertad… Siempre estamos en eso en nuestras vidas, en nuestra economía, el amor, los viajes, todo.

Hasta en las ciudades. Algunas resultaron porque la geografía era determinante, como Nueva York con la isla y el río. Otras fueron planificadas en una mesa, con lápiz en un papel. La primera nos transmite un aire de libertad, la energía de lo espontáneo, en tanto el segundo modelo ofrece la seguridad de un orden, previsible y seguro.

París ha sido admirado por su equilibrio.

También fue una isla y un río en su inicio, pero desde ahí, cada tanto, le impusieron un orden racional, calculado. La caminas y no puedes dejar de sentir y admirar la fuerza mental escondida detrás de su gracia.

Por lo mismo, ella fue un canon, un ideal en el siglo XIX, cuando los europeos quisieron ser liberales, capaces de fluir siguiendo nuevas modas y tendencias, conocer el arte del saber vivir. Pero, al mismo tiempo, aceptaron que el progreso exige disciplina, cálculo, ingeniería, estrategias a largo plazo.

La ciudad griega también enfrentó esas tensiones, las que resolvió con una geometría general simple, fácil de seguir, algo así como un orden general y colectivo, pero dejando espacio para la creación individual, más libre, en la pequeña escala.

Esa fue una lección que todavía agradecemos. Se puede conciliar el orden general –para que podamos unirnos en un proyecto colectivo, y ser ciudad, nación– y, al mismo tiempo, si cumples las leyes, puedes encontrar tu rincón de libertad; una preciosa plazuela que te sorprende, inesperada, cuando seguías una avenida amplia y ordenada.

Griegos grandes. En su teatro jugaron a lo mismo. Están las tragedias, porque somos humanos y tenemos que resignarnos a un mundo imperfecto; no somos inmortales, después de los 25 años empezamos a envejecer y al final nos morimos, y además se mueren los que amamos. No hay caso, la vida es una tragedia.

Pero, dice el sabio griego, el astuto dramaturgo, también le podemos ofrecer comedias. Reírnos de lo inesperado, de nuestras debilidades, de los vanidosos y poderosos, o de las bellezas narcisas. O de los sueños que nos atraen y de cómo se transforman, tantas veces, en pesadillas. Tantas veces somos ridículos y patéticos, cómo no nos vamos a reír.

En este país se nos viene un gobierno trágico. Apela a la sombra de la inseguridad, que debe ser enfrentada con orden y fuerza, como lo impuso el orden portaliano. Pero ya sabemos que Diego Portales se reía en la fila, se arrancaba de noche a las chinganas, al baile y a la risa. Supo meterle comedia a la tragedia.

¿Sabrá hacerlo el próximo Gobierno? Cuesta imaginarse al Mandatario electo saliendo de noche de ese vetusto palacio. Son las artes y las culturas las que, por vocación, han sabido enfrentar la dicha y también el quebranto, como pedía Violeta Parra.

El nuevo ministro responsable de ellas, Francisco Undurraga Gazitúa, por culpa de una tragedia, un accidente automovilístico de su madre embarazada, nació sin piernas y con un solo brazo. Pero lo vemos dueño de su destino como político y empresario, casado y con 3 hijos; de algún modo supo convivir con su origen y no aceptar la tragedia como destino.

¿El Gobierno entrante sabrá que no va a ser perfecto? ¿Que solo somos humanos? ¿Que vamos a necesitar al espíritu de la comedia cuando las cosas no marchen tan bien? ¿Su orden, tan planificado, contemplará un rincón para la risa y otro para el llanto?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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