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Sobre cables submarinos y poder global Opinión

Sobre cables submarinos y poder global

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Jorge Gatica Bórquez
Por : Jorge Gatica Bórquez Investigador y Docente de ANEPE
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La controversia por el cable Humboldt y el proyecto chino revela que la conectividad digital ya no es solo una cuestión tecnológica. En un mundo de “interdependencia como arma”, infraestructuras críticas como los cables submarinos también se han convertido en piezas del tablero estratégico global.


Las últimas semanas han estado marcadas por una controversia que, hasta hace poco, probablemente era desconocida para la gran mayoría de los chilenos. Pocos habían escuchado hablar del cable Humboldt y, menos aún, del proyecto chino y sus implicancias estratégicas.

Mucho se ha discutido ya sobre los aspectos técnicos del proyecto y sobre los beneficios o riesgos directos e indirectos de optar por una u otra alternativa. También se ha analizado lo que esa decisión podría significar en términos políticos o de política exterior.

Por lo mismo, esta columna no busca revisar antecedentes técnicos ya ampliamente difundidos, sino poner atención en un concepto que ayuda a comprender mejor el contexto estratégico en el que se inscribe esta discusión.

Hace algunos años, los académicos Henry Farrell y Abraham Newman desarrollaron la idea de weaponized interdependence, concepto que suele traducirse al español como “interdependencia armada”. Sin embargo, más allá de la literalidad y del efecto mediático de esa traducción, una forma más precisa de entender esta noción sería “interdependencia como arma”, es decir, utilizada como instrumento de poder.

En términos simples, Farrell y Newman describen la capacidad de ciertos Estados para utilizar redes de interdependencia económicas, financieras, tecnológicas, logísticas, informacionales o de otro tipo como herramientas de influencia o coerción política.

El punto central no es que estas redes tengan solo un carácter militar (que en efecto lo tienen). De hecho, normalmente conservan su naturaleza civil y funcional. Lo que cambia es el uso estratégico que puede hacerse de ellas cuando determinados actores controlan nodos críticos de esas redes o infraestructuras clave.

Esta idea se conecta con un concepto anterior de la teoría de las relaciones internacionales: la interdependencia compleja, descrita por Robert Keohane y Joseph Nye hace más de medio siglo.

Según estos autores, el sistema internacional contemporáneo está marcado por una densa red de vínculos que conectan a los países en múltiples dimensiones económica, tecnológica, social o cultural y en las que participan diversos actores, no solo los Estados.

Sin embargo, la creciente densidad de estas redes también genera nuevas formas de vulnerabilidad y de poder. Precisamente allí aparece la posibilidad de que algunos actores utilicen esas interdependencias como instrumentos de presión o influencia en el escenario internacional.

En ese contexto, países de estatura mediana y con peso regional especialmente cuando poseen determinadas cualidades geoestratégicas, como ocurre en el caso de Chile pasan inevitablemente a formar parte del mapa de intereses de quienes compiten por influencia en el sistema internacional.

Esa es una realidad que conviene observar con realismo, evitando tanto las simplificaciones alarmistas como las visiones excesivamente ingenuas sobre el funcionamiento del poder global.

El debate sobre los cables submarinos puede ser leído, precisamente, desde esa perspectiva más amplia. No se trata únicamente de un proyecto tecnológico o de conectividad digital.

También forma parte de un escenario global en el que la infraestructura crítica, los flujos de información y las redes tecnológicas adquieren un creciente valor estratégico.

Por lo mismo, este tipo de decisiones difícilmente puede analizarse desde una sola dimensión. No son únicamente asuntos económicos, comerciales o tecnológicos; también involucran consideraciones políticas, estratégicas y de seguridad.

En otras palabras, estamos frente a problemas complejos. Como ha señalado el investigador Dave Snowden, este tipo de fenómenos no presentan relaciones claras y lineales entre causa y efecto, sino que están marcados por múltiples interacciones, dinámicas cambiantes y efectos difíciles de prever.

Precisamente por esa razón, el desafío no consiste en buscar respuestas simples, sino en promover una discusión amplia, bien informada y no marcada por la coyuntura política interna.

Una conversación que incorpore distintas perspectivas disciplinarias, que combine análisis técnico con reflexión estratégica y que permita evaluar este tipo de decisiones considerando, ante todo, los intereses nacionales de largo plazo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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