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Chile, China y el concepto norteamericano del “doble uso”
¿Será necesario aprender que el juego triangular con las dos potencias será una constante y que, en cada caso, habrá que negociar condiciones y bajar las presiones de un u otro, según el caso?
Cuando desde Estados Unidos se actúa con la fuerza que hemos visto en el tema del cable submarino de fibra óptica, lo que subyace es la aplicación, ahora aquí, del concepto del “doble uso”. Y esto, para el futuro gobierno, será necesario entenderlo y debatirlo a fondo con las autoridades norteamericanas, porque puede convertirse en un freno mayor para áreas esenciales del desarrollo de Chile.
Ya desde el gobierno de Biden la diplomacia norteamericana y sus autoridades militares (recuérdese a la comandante Laura Robinson, del Comando Sur) plantearon este argumento para cuestionar diversos proyectos con participación china en la región. Así se han puesto en tela de juicio los puertos de una empresa hongkonesa en Panamá, el desarrollo y aporte del puerto de Chancay en Perú, el observatorio espacial y de observación lunar en Neuquén (Argentina) o la red internet satelital de órbita baja con 324 satélites de la empresa SpaceSail (en Brasil). Todos son proyectos que, de una u otra manera, tomaron forma por la presencia financiera de China desligada de precondiciones ideológicas, mientras la inversión de Estados Unidos en la región era menor. Sus ojos no estaban en la América Latina.
Los tiempos cambiaron y, en esencia, Estados Unidos utiliza activamente el concepto de “doble uso” (tecnologías con aplicaciones tanto civiles como militares) como una herramienta central de presión y seguridad nacional en su relación con China. Este enfoque se ha intensificado entre 2025 y principios de 2026 bajo la administración de Donald Trump. Ello ha tenido dos frentes principales: por una parte, presionar a Beijing para que detuviera el suministro de materiales calificados de doble uso por el Departamento de Estado, destinados a servir como un “salvavidas crítico” a la maquinaria de guerra rusa en Ucrania; por otro lado, establecer restricciones a la exportación de tecnologías avanzadas “para evitar” que el Ejército Popular de Liberación (EPL) de China mejore sus capacidades militares.
En esto ha habido medidas de lado y lado. Frente a las restricciones puesta por Estados Unidos para que China no tenga acceso a los chips de IA avanzada, China respondió suspendiendo la venta de minerales especiales (tierras raras) a las empresas norteamericanas, en particular las ligadas a los proyectos defensa y el espacio. De ambas potencias se han dado marchas y contramarchas en el tema, demostrado que ciertas medidas, impuestas bajo la lógica de seguridad, podían ser aminoradas si había negociación con los intereses de cada cual sobre la mesa. Y en ese itinerario hay que poner el ojo, porque en algo nos puede servir al abordar los entendimientos con Washington a futuro.
Cuando Trump llegó al gobierno, enero 2025, regían duras medidas restrictivas en la relación con China. Era un momento de creciente presión de las sanciones estadounidenses, que acusaron a empresas chinas de suministro de productos de doble uso, como drones, al esfuerzo bélico de Rusia en su guerra contra Ucrania. China ya había adoptado medidas internas de control a las exportaciones de esos y otros productos para evitar sanciones. Más allá del anuncio de aranceles que remeció a la economía mundial –con aplicaciones específicas de lado y lado entre China y Estados Unidos– ambas partes abrieron conversaciones según sus intereses y necesidades. Al momento del diálogo directo de Trump y Xi a fines de octubre 2025, en el marco de APEC en Corea del Sur, ya se habían logrado concesiones para bajar en algo la permanente tensión entre ambas potencias.
Por eso, el 9 de noviembre el Ministerio de Comercio de China anunció la suspensión temporal de la prohibición de exportar galio, germanio y antimonio hacia Estados Unidos, medida que estaba vigente desde diciembre de 2024 y relativa a los denominados productos de doble uso, con aplicaciones civiles y militares. La medida fue vista como un aporte de China en el proceso de distensión comercial entre ambas naciones. En ese marco tuvieron lugar en las semanas siguientes las gestiones en Washington y Beijing de Jensen Huang, el CEO de Nvidia, la empresa tecnológica estadounidense, líder mundial en IA y computación acelerada.
¿Cuál fue el resultado? El 9 de diciembre Trump escribió en su sitio: “He informado al presidente Xi, de China, que Estados Unidos permitirá a NVIDIA enviar sus productos H200 a clientes aprobados en China y otros países, bajo condiciones que permitan una sólida seguridad nacional ¡El presidente Xi respondió positivamente! Se pagará un 25% a los Estados Unidos de América. Esta política apoyará los empleos estadounidenses, fortalecerá la manufactura estadounidense y beneficiará a los contribuyentes estadounidenses…”
Es decir, como dijo el sitio especializado Xatak, “la guerra de chips entre China y EEUU ha mutado de bloqueo a transacción comercial. Donald Trump ha anunciado que permitirá a Nvidia exportar sus chips H200 de alto rendimiento a China. La autorización conlleva una condición sin precedentes: el gobierno estadounidense recibirá una comisión del 25% sobre estas ventas”.
¿Tendremos que pagar a futuro una comisión por tener negocios con China en áreas que se puedan considerar complejas? ¿Habrá que negociar condiciones especiales y fijar ciertos márgenes de flujos de data en la relación Chile/China, para tener un cable directo entre las dos orillas del Pacífico sin luces rojas en Washington? ¿Será necesario aprender que el juego triangular con las dos potencias será una constante y que, en cada caso, habrá que negociar condiciones y bajar las presiones de un u otro, según el caso?
El concepto del “doble uso” requiere de firmeza política y argumentos sólidos para ponerle límites cuando se nos quiera aplicar. Si se analizan las cifras globales del cobre queda claro que la relación de Chile y China es entre el principal productor de cobre del mundo con el principal consumidor del mineral en el planeta. No cabría allí aceptar, si llegara a ocurrir, que se cuestionara esa relación por vínculos con la seguridad hemisférica y se hablara de un “doble uso” ligado a los envíos de cobre. Y está el litio y otros minerales claves que aún reposan en esta generosa geografía. Es decir, el concepto puede extenderse a muchos ámbitos ligados a los cielos, al mar o nuestra creciente capacidad de servir de sede de data center.
En consecuencia, el tema del “doble uso” ya quedó instalado con el cable y el observatorio astronómico en el Norte. Puede que esos sean temas aún abiertos a discusión, pero más allá de ellos es esencial tener una política sólida y una diplomacia contundente para responder, con autonomía inteligente, como ha dicho el excanciller Heraldo Muñoz, a los requerimientos que se nos puedan plantear en el futuro.
Chile es de este hemisferio, sí, pero hace mucho tiempo que tiene una vocación de mundo que impregna nuestra historia. Había un consulado de Chile en Hong Kong en 1846… sí, en 1846. A mediados del siglo XIX vendíamos trigo en Australia y en el despertar del siglo XX el salitre chileno llegaba a Estados Unidos, Europa y Japón. Y a eso siguió el cobre con su historia. Eso somos y desde ese ser hay que buscar respuestas cuando se nos plantee el “doble uso”.
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