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IA y correcciones de valores en bolsa en Chile Opinión

IA y correcciones de valores en bolsa en Chile

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Iván Rojas Bravo
Por : Iván Rojas Bravo Ingeniero Comercial MBA UC
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La IA abre la posibilidad de crecer con menor empleo, al menos en ciertos sectores. Este será uno de los mayores retos económicos y sociales de las próximas décadas.


La inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser una nueva tecnología que “ayudaba a hacer cosas”, a algo mucho más profundo: un cambio estructural en la forma de hacer las cosas. Desde el punto de vista económico, estamos frente a una modificación de la función de producción. Modificación que tiene tintes de reemplazo.  

Este cambio tiene una consecuencia directa y evidente: hacer un mismo producto o prestar el mismo servicio cuesta menos trabajo, tiempo y capital físico. En un esquema de pizarrón, la IA desplazó la función de producción “hacia afuera”, reduce costos marginales, optimiza procesos y reemplaza tareas que antes eran intensivas en trabajo humano o, en jerga económica, mano de obra principalmente no calificada.

Si los costos de producción cambian, entonces también cambia el costo de reposición de la propia unidad productiva. Y esto es una variable clave –aunque muchas veces subestimada u olvidada– en la valorización de empresas.

Toda empresa combina diversos insumos –capital, trabajo, tecnología y organización– a través de una función de producción para generar bienes o servicios. Pero la empresa, como unidad económica, también tiene su propio costo de reposición: cuánto costaría replicar hoy esa misma empresa utilizando la mejor tecnología disponible. 

Este fenómeno es una amenaza particularmente relevante para las empresas que participan en los sectores de servicios. A diferencia de industrias intensivas en capital físico, donde existen barreras de entrada más difíciles de superar, muchos servicios –específicamente financieros, educación y salud– son altamente susceptibles de ser rediseñados mediante IA.

En estos sectores, la inversión en replicar una empresa desde cero con tecnología de punta puede ser significativamente menor que el valor implícito de compañías ya establecidas, especialmente si estas arrastran estructuras de costos fijos heredadas de un paradigma productivo anterior. Se trata, en definitiva, de mejorar el servicio que se produce, más que clonar la empresa en sí misma.

Es cierto que las empresas pueden adaptarse, incorporar nuevas tecnologías y ajustar su función de producción. Y lo han hecho. Sin embargo, esa adaptación, donde lo viejo se “enchula” con lo nuevo, tiene límites. Integrar IA sobre organizaciones pensadas para otro mundo suele implicar costos crecientes, rigideces culturales y procesos que no siempre se pueden reconfigurar sin afectar la operación.

La verdadera destrucción creativa –en el sentido schumpeteriano– no consiste solo en mejorar lo existente, sino en el reemplazo de compañías que ya no pueden adaptarse o para las cuales hacerlo resulta demasiado caro en relación con los beneficios esperados.

En el caso de las empresas que transan en bolsa en Chile, muchas –dependiendo de la industria– han incorporado nuevas tecnologías y, en ese sentido, se han “adaptado”. Pero la tarea relevante para inversionistas y analistas no es solo proyectar flujos inciertos en un Excel (¿proyectar flujos a 10 años con la misma tecnología?). Implica, necesariamente, un comentario razonado sobre la amenaza que la destrucción creativa tiene en la empresa que están analizando y recomendando a sus clientes.

Si hoy se tuviera que crear la empresa desde cero, ¿se diseñaría una empresa igual a la que existe actualmente para obtener el mismo nivel de utilidades? ¿O se haría de forma radicalmente distinta, con menos capas organizacionales, menores costos fijos y un uso intensivo de IA?

Dicho de otro modo: ¿cuánto costaría clonar la empresa actual bajo parámetros de full tecnología e inteligencia artificial? Y la estocada final es inevitable: ¿es coherente ese costo de reposición con la capitalización bursátil actual? ¿O estamos frente a valoraciones que descansan en estructuras productivas que la IA está erosionando silenciosamente? ¿Justifica la diferencia de valor los activos intangibles como el valor de la marca, redes, datos, regulación, relaciones comerciales, o, por el contrario, se anticipan correcciones en el precio de la acción? 

Dada la relevancia del tema y la implicancia que tiene no solo en la propia empresa involucrada sino también en todos los agentes inversionistas que poseen acciones y bonos en sus carteras de inversión (donde destacan las AFP y compañías de seguros que venden rentas vitalicias), resulta del todo prudente y apropiado que la CMF exija al directorio de todas las compañías que transan en bolsa que se pronuncie en la memoria de la empresa respecto de una estimación, aunque sea somera y en línea gruesa, del costo de reposición de la compañía y de la brecha con la capitalización bursátil. 

Desde una perspectiva social, la IA puede jugar un rol clave en combatir las imperfecciones de mercado y “emparejar la cancha” al reducir asimetrías de información, bajar barreras de entrada y facilitar que la destrucción creativa fluya de manera más rápida y eficiente. Pero también impone desafíos: la IA abre la posibilidad de crecer con menor empleo, al menos en ciertos sectores. Este será uno de los mayores retos económicos y sociales de las próximas décadas. 

El crecimiento con bajo dinamismo del empleo, un capital humano con mayores expectativas de vida activa y los sistemas de ahorro previsional que no se autofinancian con la inversión en el mercado de capitales y tensionados por la menor base contributiva debido a la pirámide demográfica invertida, obligarán a repensar varios pilares del modelo económico: desde la formación y contribución productiva de dicho capital humano hasta la tributación y la forma en que se distribuyen los beneficios de la mayor productividad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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