Publicidad
Habitar en calle Opinión Archivo (AgenciaUno)

Habitar en calle

Publicidad
Thomas Batzenschlager
Por : Thomas Batzenschlager Académico del Campus Creativo UNAB y parte del equipo de la Fundación Gente de la calle.
Ver Más

Comprender la situación de calle desde esta perspectiva implica reconocer a quienes la viven como sujetos que habitan, no como cuerpos fuera de lugar. Implica también desplazar el enfoque desde el control hacia el cuidado.


En un contexto de crisis habitacional estructural, la situación de calle ha tomado un espacio importante en el debate público, sin embargo, bajo un giro preocupante: el retorno de medidas punitivas que buscan despejar el espacio urbano, más que comprender trayectorias de vida y buscar soluciones efectivas.

Es así como en el último tiempo vemos con frecuencia desalojos, retiro de carpas y operativos municipales que buscan prohibir prácticas básicas como dormir o descansar en la vía pública, bajo una lógica conocida: la criminalización de la pobreza. Sin embargo, estas políticas omiten una dimensión fundamental del fenómeno: habitar la calle como una manifestación de la dignidad interrumpida.

Tendemos a pensar el acto de habitar como algo exclusivo de la vivienda, asociado a la estabilidad, la privacidad y el confort. Pero la evidencia muestra lo contrario: en la calle, las personas también construyen formas de habitar: cocinar, ordenar objetos, delimitar un espacio, protegerse del clima o simplemente buscar el confort necesario para dormir son prácticas profundamente domésticas, aunque ocurran en condiciones desfavorables o no deseadas.

El habitar, entonces, no desaparece con la pérdida del hogar; se transforma, se precariza y persiste como una necesidad vital más allá de la subsistencia.

Ignorar esta dimensión tiene consecuencias graves. Cuando se destruye un ruco o se retiran pertenencias se interrumpe una trama cotidiana que permite sostener la vida. Se pierde un orden, una memoria, una forma de cuidado. La violencia no es solo material, sino también simbólica y existencial, y puede dificultar aún más los procesos de reintegración en vez de solucionarlos.

Frente a esto, es urgente cambiar la mirada. Comprender la situación de calle desde esta perspectiva implica reconocer a quienes la viven como sujetos que habitan, no como cuerpos fuera de lugar. Implica también desplazar el enfoque desde el control hacia el cuidado.

Para abordar de manera sostenible la situación de calle la respuesta no puede ser policial. Requiere políticas que garanticen acceso a vivienda, pero también dispositivos y espacios que acompañen los procesos de reconstrucción del habitar.

El habitar no es un lujo: es una condición básica de dignidad. Y reconocerlo es el primer paso para construir una ciudad más justa y habitable para todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.

Publicidad