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La tríada incómoda: Steinert, Sedini y Marín Opinión Imágenes: AgenciaUno

La tríada incómoda: Steinert, Sedini y Marín

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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Tres ministras en puestos críticos, sin ninguna experiencia política, que parecieran estar convirtiéndose en un problema difícil de revertir. Ellas han capturado la agenda no por el rol que deberían cumplir, sino por sus problemas personales, falta de tino o su estilo poco empático y distante.


Definitivamente, el Presidente José Antonio Kast tenía razón cuando en una entrevista –en plena campaña– señaló que ellos no tenían la experiencia suficiente para conducir un Gobierno. De hecho, si no fuera por el aporte de algunos integrantes de Chile Vamos, que se sumaron al Ejecutivo a última hora, el naufragio de estas primeras semanas sería total.

Por primera vez desde el retorno a la democracia un Mandatario sufre una caída tan drástica en las encuestas en sus primeras semanas de ejercicio del poder (en promedio, 12 puntos), pasando la desaprobación a liderar los sondeos. El viernes pasado la encuestadora B&W indicó que, en una escala de 1 a 7, Kast y sus ministros obtienen un 3.6. Es decir, reprobados. Aunque a los nuevos inquilinos de La Moneda les irrite reconocerlo, Gabriel Boric mostraba números mejores a esta altura.

Atrás quedaron las promesas de un Gobierno “de excelencia”, que venía a cambiar todo, despreciando a sus antecesores. Primeras semanas y, la verdad, más de lo mismo: ministros con escasa experiencia política y falta de calle, enredados por intentar privilegiar sus problemas personales por sobre el Estado o convencidos de que aún forman parte de un panel de farándula política. O, más simple aún, una ministra de la Mujer que, tomando una decisión sin una pizca de humanidad y sentido político, decidió apartar de su cargo a una mujer que padece un cáncer, esa enfermedad que –paradójicamente– La Moneda declaró que pondría en el centro de sus prioridades en salud.

Pero partamos por la dimensión política. El déficit aquí es evidente. Las sobrepromesas de la campaña le han pasado una cuenta importante al Ejecutivo. Luego de una campaña que generó altas expectativas, vino un largo periodo de transición en que el entonces Presidente electo y sus futuros ministros dieron la impresión de que llegarían al 11 de marzo con una ruta clara y concreta para hacerse cargo de tres promesas centrales: seguridad, migración y crecimiento.

Durante meses se habló del plan “Desafío 90” con el que harían un giro radical respecto del Gobierno de Boric. Sin embargo, las iniciativas se fueron diluyendo, llegando a la paradoja de que el plan ni siquiera se mencionó al asumir el poder.

En la entrevista colectiva realizada por Archi la semana pasada, una periodista le consultó a Kast cuántos migrantes ilegales llevaban expulsados, después que durante la campaña se desplegara un contador regresivo que advertía los días que les quedaban para salir del país a partir del 11 de marzo. “Ninguno”, respondió el Mandatario, evidentemente incómodo.

Aunque era obvio que esa promesa era incumplible, cuando se opta por una estrategia comunicacional y de marketing como si se estuviera vendiendo un producto garantizado, se crea una tremenda confusión, principalmente porque se juega con las emociones y expectativas de la gente.

Hoy los ciudadanos observan que las cosas siguen igual que siempre y empiezan a sospechar que las promesas no se cumplirán y los cambios radicales no vendrán. La magia no existe en política, por más que nuestra clase política nos haya tratado de convencer durante los últimos siete años de que el país se podía reinventar a costa de estallidos, procesos constitucionales fallidos y la polarización representada por la dupla Boric-Kast.

Y, claro, la demostración más gráfica del déficit político fue la forma en que enfrentaron el alza de la bencina. Aunque de fondo la administración dejó en evidencia una definición político-ideológica –su visión del rol del Estado–, el manejo político-comunicacional proyectó a un ministro de Hacienda que actúa como un gerente general de una empresa y anuncia una medida dura para las personas sin ninguna empatía.

Para fortuna del Gobierno, los parlamentarios de RN y la UDI lograron presionar para que la semana pasada La Moneda anunciara medidas paliativas, como los bonos para la compra de gas, medida que los municipios ya estaban implementando desde el día uno.

Tal es la falta de intuición política de Quiroz que tuvo que echar pie atrás en materia de seguridad a su orden de recorte parejo del 3% a todos los ministerios. Eso se puede hacer en una empresa, pero no en un país, menos cuando has prometido y prometido que terminarías con la delincuencia y decides descontarle 72 mil millones al presupuesto de la cartera encargada de ese tema.

Siguiendo en el área más crítica para el Gobierno y la ciudadanía, la seguridad, a la chambonada del recorte y reposición de los fondos se ha sumado la mala performance de la ministra Trinidad Steinert en estas primeras semanas.

Enredada a partir de la petición de dar de baja a la directora de Inteligencia de la PDI –una de las cartas para que por primera vez asumiera una mujer a la cabeza de la institución– debido a motivos personales y cuando –como informó Aquí Arica, de El Mostrador– uno de sus principales colaboradores está involucrado en el uso de licencias falsas, la ministra logró desviar la atención del problema de fondo y se convirtió en foco de críticas en su propio sector.

Producto de lo anterior, Steinert se ha visto insegura e incluso algo confundida en sus actuaciones públicas. Por cierto, su equipo comunicacional no ha aportado mucho a la causa. La cuña “ya di vuelta la página”, por el affaire PDI, no fue muy afortunada. En fuentes de Chile Vamos han señalado que la ministra tiene su línea de crédito en rojo y que, de no observarse cambios en las próximas semanas, sus días están contados. Para desgracia de ella, su condición de independiente la deja más desprotegida.

Veremos también qué ocurre hoy, cuando el director de la PDI entregue su testimonio en la sesión de la Comisión de Seguridad de la Cámara Baja.

La ministra de la Mujer, Judith Marín, llegó al ministerio con una fuerte carga ideológica, debido a sus posiciones conservadoras y su militancia religiosa. Y aunque hasta el momento se había mantenido fuera de la polémica, optando por un bajo perfil, la decisión de despedir a la directora del SernamEG, pese a su delicada condición de salud, la dejó en medio de la polémica.

Fuertemente criticada desde su sector –dos senadoras de RN y la excandidata presidencial Evelyn Matthei–, debido a su falta de empatía y humanidad, la ministra obligó incluso al Presidente a dar explicaciones por el caso. Y si Marín había intentado pasar inadvertida hasta ahora, todo lo que haga de aquí en adelante estará en la mira.

Pero donde el problema es mayor para el Gobierno es en el caso de la vocera, Mara Sedini. Este es un cargo crítico para cualquier administración y lo cierto es que el déficit parece ser estructural. La periodista y cantante no solo no ha logrado dar con el tono en su rol, sino que, además, pasó a tener un protagonismo público muy poco conveniente para La Moneda.

Las redes sociales y algunos programas –como Detrás del Muro y PH– han festinado con Mara debido a sus errores constantes, falta de claridad para explicar los temas y su estilo vehemente. Incluso, el propio Jefe de Estado ha tenido que salir a blindarla. La ministra pareciera a ratos estar en el set de Sin Filtros, un programa en que se permiten los gritos, el tono alto y la confrontación sin argumentos. Además, el episodio en que arrancó de la prensa en La Moneda –que hizo recordar a Evelyn– quedará marcado como un hito, precisamente por el rol que cumple en el Gobierno.

Tres ministras en puestos críticos, sin ninguna experiencia política, que parecieran estar convirtiéndose en un problema difícil de revertir para el Gobierno cuando aún no cumple un mes. Ellas han capturado la agenda, no por el rol que deberían cumplir, sino por sus problemas personales, falta de tino o su estilo poco empático y distante. En política siempre es mejor actuar más temprano que tarde y no dejar que las dificultades personales se transformen en problemas irreversibles para el Gobierno.

Y, por cierto, los que prometieron llegar con los mejores para asumir el mando, deberían reflexionar que para un cargo de ministro no basta solo la voluntad, trayectoria empresarial, judicial o televisiva. La falta de experiencia política se nota de inmediato. Se podrán tener discrepancias o una visión crítica de la evolución política radical de Ximena Rincón, pero sin duda personas como ella pueden asumir la responsabilidad de cualquiera de las tres carteras cuestionadas y, al menos, gestionarlas de manera de no convertirse en una carga para el Presidente. Si no, pregúntenle a Boric, que tuvo que sacar a su mejor amigo del gabinete.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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