Opinión
IA: entre la promesa y la amenaza, el nuevo dilema de la ciberseguridad
Es así como Chile enfrenta dinámicas de ciberamenazas similares a las globales, pero amplificadas por su apertura económica, su liderazgo en digitalización y su creciente dependencia de infraestructuras críticas interconectadas.
El panorama de la ciberseguridad ha cambiado de manera radical: los atacantes ya no necesitan “romper la puerta”, porque ingresan utilizando credenciales legítimas robadas, moviéndose con sigilo dentro de los sistemas como si fueran usuarios autorizados, según revela el estudio global Dinámica de Amenazas Anual 2026, elaborado por el área de Inteligencia de Amenazas de PwC.
Este cambio no es menor. El robo de identidades y el ransomware se posicionaron como las principales preocupaciones en los servicios de respuesta a incidentes durante 2025. Sin embargo, solo el 18% de los ejecutivos a nivel mundial considera la gestión de identidades y accesos (IAM) dentro de sus tres prioridades presupuestarias. La brecha entre el riesgo real y las decisiones estratégicas es evidente, y sus consecuencias pueden ser profundas para la continuidad de los negocios.
A este escenario se suma otro factor: la inteligencia artificial. La IA se ha consolidado simultáneamente como la mayor inquietud de los líderes de cara al futuro y como la principal prioridad de inversión en ciberseguridad. Y es que los actores maliciosos ya están incorporando IA en todo el ciclo del ataque, escalando campañas de engaño, automatizando la suplantación de identidades y perfeccionando técnicas de ingeniería social.
El informe de PwC advierte además sobre el aumento del riesgo en la cadena de suministro digital y en los ecosistemas SaaS. Un tercio de los líderes reconoce que los ataques en la nube y en productos conectados son las amenazas para las que están menos preparados. En entornos altamente interconectados, un solo compromiso “aguas arriba” puede impactar en decenas de organizaciones en cuestión de horas, exponiendo la fragilidad de la confianza digital sobre la que hoy operan muchas industrias.
En paralelo, las fronteras entre cibercrimen, fraude, amenazas internas y espionaje se han difuminado. Los ataques actuales combinan deepfakes, ingeniería social en múltiples etapas, reclutamiento fraudulento, lavado de criptomonedas y compromisos en la cadena de suministro. Frente a amenazas convergentes, las respuestas fragmentadas ya no son suficientes.
Es así como Chile enfrenta dinámicas de ciberamenazas similares a las globales, pero amplificadas por su apertura económica, su liderazgo en digitalización y su creciente dependencia de infraestructuras críticas interconectadas. En este contexto, el robo de credenciales sigue siendo una de las principales puertas de entrada para los atacantes, potenciado por el uso cada vez más sofisticado de la IA.
Por tanto, el mensaje es claro: reforzar los mecanismos de identificación y autenticación ya no es solo una buena práctica, sino una exigencia estratégica. Comprender cómo evolucionan estas amenazas es el primer paso para anticiparse. El segundo, y más urgente, es actuar. En la era de la inteligencia artificial, la ciberseguridad es una responsabilidad transversal, que define la resiliencia y la confianza en la economía digital.
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