Publicidad
Sobre la negativa del Gobierno de José Antonio Kast a apoyar a Michelle Bachelet Opinión Archivo

Sobre la negativa del Gobierno de José Antonio Kast a apoyar a Michelle Bachelet

Publicidad
Mariano Fernández Amunátegui
Por : Mariano Fernández Amunátegui diplomático, académico y político chileno. Fue ministro de Relaciones Exteriores durante el último año del primer gobierno de Michelle Bachelet
Ver Más

Con cada día que pasa se debilita la argumentación del Gobierno de José Antonio Kast y las razones esgrimidas para no apoyar la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet a la Secretaría General de las Naciones Unidas.


Esta oportunidad única para que una chilena encabece la principal organización internacional del planeta, con el añadido de ser la primera mujer que asuma ese mandato, se está poniendo en juego frente a la pequeñez pueblerina de la decisión gubernamental.

La débil declaración oficial

La declaración oficial inicial ya ha perdido plena validez, pero es importante examinarla en detalle para mostrar su mediocridad y falta a la verdad.

El texto expresa que “el Gobierno de Chile informa que ha decidido retirar el apoyo de Chile a la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet como candidata al cargo de secretaria general de las Naciones Unidas hecha en conjunto con Brasil y México”.

 Luego, entrega el primer argumento: “El contexto de esta elección”.

No se entiende qué se desea decir. Es ininteligible. Si con ello se marcan las tensiones en el Medio Oriente u otras, el contexto no afectará el proceso electoral de la ONU, como no lo afectó previamente en 2016, también con conflictos armados, batallas y crisis diversas en el planeta.

Luego se mencionala dispersión de candidaturas de países de América Latina”, argumento insostenible. Si hay elección, debe haber candidaturas. Hasta la fecha tenemos cuatro (se retiró una) y es probable que finalmente sean tres. ¿Sabía el Gobierno de Chile cuántas candidaturas se presentaron para elegir al nuevo secretario general el 2016? Fueron 13 los candidatos, con ocasión de la elección del actual secretario general, António Guterres. El listado está disponible en las páginas de la ONU.

La pregunta que surge ante tanta falta de veracidad es inevitable: ¿fue el documento redactado desde la ignorancia o preparado deliberadamente de mala fe? No parece haber otra explicación plausible. En consecuencia, el argumento que se presenta como central –el supuesto exceso de candidatos– queda completamente desvirtuado.

También se esgrime que diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable esta candidatura y el eventual éxito de esta postulación”. ¿Se trata de un eufemismo para señalar que habría un veto del actual Gobierno de los Estados Unidos? ¿Hay algo más? Son cinco los países con derecho a veto.

En la elección del secretario general suelen ponerse de acuerdo en un nombre y, en ese sentido,  la candidata en vanguardia –sin discusión alguna– es Michelle Bachelet, presentada originalmente por Chile, Brasil y México.

Ella continúa en elección como candidata de las dos mayores potencias latinoamericanas, las que han confirmado su compromiso con buenos argumentos. Además, según fuentes diplomáticas habitualmente bien informadas, su candidatura ya contaría con otros apoyos que serán públicos a medida que avance el período electoral.

Brasil, entre las 10 primeras economías del mundo, y único país latinoamericano con red en África (que son más de 50 votos) y México, otra gran nación, con especial relación con EE.UU., difícil de seguir desde la distancia, son dos muy potentes patrocinadores. Además, ¿plantearía Estados Unidos un veto motu proprio o se habría estado sugiriendo algo desde La Moneda?

También se indica que junto con retirar el patrocinio de Chile, el Ministerio de Relaciones Exteriores y las embajadas que nos representan en el exterior, dejarán de participar en los esfuerzos de promoción de esta candidatura. No sé si calificar la frase como patética o, simplemente, dejarla sin comentario, considerando los efectos que esta declaración tendrá durante la campaña.

“Con todo, en consideración a la trayectoria de la expresidenta Bachelet y en el caso de que ella decida continuar con su postulación, Chile se va a abstener de apoyar a cualquier otro candidato en este proceso eleccionario”, dice el texto.

Otra vez una afirmación patética o, digámoslo de frentón, un golpe al prestigio e imagen de Chile, después de tantos años de lucha para salir del aislamiento en que nos encontrábamos a fines de 1989.

Sin embargo, sin darse cuenta, esta parte de la declaración debilita aún más el contenido del por qué se retira el patrocinio, porque textualmente sostiene “en consideración a la trayectoria de la expresidenta Bachelet”. A buen entendedor, pocas palabras. Vale decir, a la expresidenta resulta imposible desconocerle su estatus y envergadura política, con lo cual pasa a ser a lo menos inefable la posición del Gobierno, por no expresar un calificativo más altisonante.

El mundo no suele entrar en los detalles de las disputas políticas nacionales, en particular las de poca envergadura, como “no fui informado a tiempo” y, por otra parte, más allá de ello, Michelle Bachelet disfruta de una gran imagen internacional, no solo como jefa de Estado en dos ocasiones, sino también como una exitosa altísima funcionaria en las Naciones Unidas y, también, como una eficaz ministra de Defensa, especial ventaja para los temas de paz y seguridad, esenciales en las tareas de la ONU.

Lo señalado está en conocimiento y lo sabe de memoria cualquier funcionario de la ONU, así como diplomáticos, periodistas y entendidos en asuntos internacionales, y son las razones del por qué es considerada un candidata muy importante.

Por último, cuando se organicen reuniones de campaña sin participación de los diplomáticos chilenos, pienso que será un triste espectáculo para nuestro país, puesto que para evitar cualquier sospecha deberán mantenerse ausentes de toda actividad durante 2026, hasta las elecciones.

El análisis previo, por la debilidad e incongruencia de los argumentos, demuestra que la declaración del Gobierno no explica para nada la lógica del retiro del patrocinio de la candidatura.

¿Cuáles podrían ser las verdaderas razones?

Las razones de no haber consultado el Presidente Boric al candidato José Antonio Kast acerca de la candidatura de Michelle Bachelet, que no se mencionan en la declaración por peligro de ridiculizar el mensaje, al final es un argumento, pero es de tanta minucia doméstica que no se sostiene.

Veamos ahora cuáles son las otras y reales razones.

Parlamentarios del oficialismo han señalado en una misiva pública que la inscripción de la exmandataria a la Secretaría General de las Naciones Unidas no generaría “consenso” en la mayoría de los chilenos.

A su vez, el 21 de marzo la bancada de la UDI exigió no apoyar la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU porque no se mantuvo “un diálogo previo con todas las fuerzas políticas“, acusándola así de “tensionar el clima político interno y polarizar la sociedad“.

Asimismo, aseveraron que la expresidenta produciría “legítimos cuestionamientos en parte relevante del país”.

Hasta aquí, son puras expresiones que no están a la altura de un desafío como la Secretaría General de la ONU.

Sin embargo, no podía faltar la declaración miserable. Ella fue pronunciada por colaboradores del Instituto Libertad, entre ellos, funcionarios diplomáticos en servicio, quienes sostienen que se trató de “una iniciativa del Grupo de Puebla” (al que ni siquiera pertenece la expresidenta Michelle Bachelet), para agregar a ello una crisis financiera, tratando así de moderar la triste perfidia de su principal argumento.

Un horizonte quizás más positivo

A pesar de todo ello, en el horizonte se podría divisar una cierta racionalidad sobre la candidatura. Ha habido algunas expresiones, como las de Pablo Longueira y Cristián Monckeberg, que apuntan a una posición razonable en el sentido de que, a pesar de diferencias políticas, ellos habrían apoyado a la expresidenta Bachelet.

Incluso, el propio presidente Kast, en una entrevista con ARCHI, manifestó que estaba “valorando mucho” a la expresidenta. Más adelante, agregó que desearía una colaboración de ella para la imagen de Chile en temas internacionales donde Michelle Bachelet tiene gran influencia, mucho prestigio, y mencionó como ejemplo el caso de la educación.

Por ello, una reconsideración de la posición del Gobierno, si se continúa reconociendo la  importancia objetiva de la expresidenta, podría constituirse en un gesto de unidad nacional que le vendría muy bien a un Gobierno que pierde popularidad muy rápidamente y cuyas decisiones están dividiendo aún más a los chilenos.

Por otra parte, continúa generándose la sensación de que si Michelle Bachelet pierde la candidatura (siendo actualmente la favorita), sería por responsabilidad exclusiva del retiro del apoyo de su propio Gobierno, recayendo sobre José Antonio Kast la responsabilidad personal y política de la pérdida de la Secretaría General de la ONU por su negativa decisión.

A ello, habría que agregar que si Michelle Bachelet es elegida secretaria general de la ONU, la situación del Gobierno que no le dio su apoyo se transformaría en una imagen impresentable para el gobernante.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.

Publicidad