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Senador Mirosevic advierte peligro de gobernar vía decretos: “Eso nunca ha terminado bien en Chile” PAÍS

Senador Mirosevic advierte peligro de gobernar vía decretos: “Eso nunca ha terminado bien en Chile”

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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El senador liberal Vlado Mirosevic advierte que las reformas del Gobierno de José Antonio Kast deben pasar por el Congreso y cuestiona la invitación a Flávio Bolsonaro al cambio de mando, calificándola como un “error diplomático amateur”, que envió una señal innecesaria a Brasil.


A pocas horas de iniciado el Gobierno de José Antonio Kast, desde la oposición comienzan a delinearse las primeras señales sobre cómo será la relación con el nuevo Ejecutivo. El senador liberal Vlado Mirosevic planteó algunos de los principales temas que, a su juicio, marcarán el tono del debate político en esta etapa.

En entrevista con El Mostrador, el parlamentario advirtió sobre la importancia de resguardar el rol del Congreso en la tramitación de las reformas que impulse el Gobierno, señalando que las políticas de emergencia o de alto impacto deben discutirse dentro del marco institucional y con participación del Poder Legislativo.

El senador también abordó el inicio del nuevo ciclo en materia de política exterior. En ese contexto, calificó como un “error diplomático amateur” la invitación al senador brasileño Flávio Bolsonaro –uno de los opositores más visibles del presidente Luiz Inácio Lula da Silva– a la ceremonia de cambio de mando.

Para Mirosevic, ese episodio generó una señal innecesaria hacia Brasil, uno de los principales socios políticos y comerciales de Chile en la región, y abre interrogantes sobre el tono que adoptará la política exterior del nuevo Gobierno.

-Senador, el acuerdo entre el Socialismo Democrático y la derecha permitió que esta última controle durante tres de los próximos cuatro años la presidencia del Senado. ¿No hay un costo político para la oposición?
-Yo creo que esto ha pasado muchas veces en el Senado. Y creo que es bueno que ocurra en el sentido que le da estabilidad a la Cámara Alta. Es un acuerdo puramente administrativo.

No quiere decir que en temas programáticos haya ni una coma de modificación de nuestras posiciones. Sí me hubiese gustado que fuera un acuerdo más amplio, naturalmente, pero eso ya no depende de mí. Pero creo que es completamente legítimo y esto ha sucedido en otras ocasiones. Le da estabilidad y evita un poco este “pirquineo” de votos, que genera mayorías muy temporales, de conseguir en cada elección un voto más o un voto menos, que es lo que hemos sufrido en la Cámara mucho tiempo.

En ese sentido, me parece mucho más inteligente el acuerdo del Senado. Le da estabilidad y es un acuerdo administrativo. Además, respeta más o menos el equilibrio de fuerzas: que los escaños se representen en las mesas y en las comisiones de manera proporcional.

-Pero este acuerdo, impulsado por el PS y el PPD con la derecha, generó una división con el Frente Amplio y el Partido Comunista. ¿Cree que antes de esta negociación debió haberse ordenado primero a la oposición?
-Yo no creo que este acuerdo signifique o marque el futuro de la oposición. Este es un acuerdo puramente administrativo. El corazón del futuro de la oposición es programático: tiene que ver con el tono, con el estilo, con los tiempos y las oportunidades para hacer oposición. No con un acuerdo de administración. El Senado siempre ha tenido esto, no es ninguna novedad.

Yo creo que el futuro de la oposición no se firmaba hoy día. Ojalá dependiera solo de un acuerdo administrativo, pero es mucho más difícil que eso. Se trata de cómo entender, cómo hacer entender y cómo navegar –o danzar, si se quiere– entre dos culturas políticas y dos estilos distintos de hacer política entre la centroizquierda y la izquierda para hacer oposición.

Eso es más difícil, es más desafiante, y creo que es un desafío permanente. No creo que esté escrito.

-¿Cómo se construye una oposición coordinada en ese escenario?
-Creo que también hay que desdramatizar que haya estilos distintos. Algunos van a tener una posición de una manera, otros de otra. En el fondo, programáticamente no tenemos tantas diferencias, pero sí hay diferencias de estilo, de forma y de oportunidad. Entonces creo que va a haber coordinación de todas maneras. Eso está relativamente garantizado.

Todos los partidos tenemos disposición de coordinación, de diálogo entre nosotros, de intentar empujar cosas juntos. Pero eso no significa uniformidad. Tampoco significa actuar siempre en común. No significa ni unanimidad ni uniformidad. También van a existir expresiones distintas. Es natural.

-¿Cree que la experiencia del Gobierno del expresidente Boric, de trabajar con ambas izquierdas, delinea el camino?
-El Gobierno del expresidente Boric aportó en que la centroizquierda y la izquierda ya no estén en una competencia asesina. Creo que esa es una herencia importante. Si bien el Gobierno de Boric no inauguró una coalición uniforme o única, sí creo que el trabajo diario del Gobierno hizo que las desconfianzas bajaran y que se produjera una cierta complicidad. Por lo tanto, aunque vamos a tener matices y diferencias, no creo que vaya a haber una competencia destemplada entre centroizquierda e izquierda como se vivió en el pasado.

-Hoy la Presidencia de la República, del Senado y de la Cámara de Diputados quedaron en manos de la derecha. ¿No es una señal política fuerte al inicio del nuevo Gobierno?
-En el Gobierno de Boric pasó exactamente lo mismo. Ambos presidentes de las Cámaras fueron oficialistas, de centroizquierda. Una fue producto de un acuerdo general –como en el Senado, con Álvaro Elizalde– y otra fue por competencia en la Cámara contra la derecha.

Entonces, se repite más o menos el mismo escenario que cuando Gabriel Boric asumió la Presidencia. No creo que sea tan distinto ni una gran innovación. Todos los gobiernos hacen grandes esfuerzos por tener el primer año la presidencia de ambas Cámaras. Quizás la pregunta es otra: ¿cuál es el plan que trae José Antonio Kast para su primer año, del cual todavía se conoce poco?

-Usted ha dicho que el tipo de oposición que harán dependerá del tono y del estilo del nuevo Gobierno…
-Vamos a poder ir tomando el pulso del Gobierno en los próximos días, pero todavía está por verse cuál va a ser el estilo presidencial y cuál va a ser la impronta del Gobierno. Si la impronta del Gobierno es una especie de argentinización de la política chilena, que es lo que vimos en el retiro del Presidente Kast de La Moneda junto con sus ministros, creo que eso va a traer muchas tensiones que no son buenas para Chile. Si, en cambio, el sello es más parecido al tono conciliador que vimos inmediatamente después de la elección –dejar atrás la superioridad moral, dejar atrás el insulto al adversario–, eso abre puertas para un diálogo distinto.

Todos quieren diálogo por el bien del país, pero es muy difícil dialogar si el interlocutor está en un plan de arrinconar o insultar a la oposición.

Por eso yo uso la frase: cuidado, Presidente Kast, con la argentinización de la política chilena, porque nuestra cultura política es muy distinta.

-En ese contexto, ¿cómo interpreta la decisión de invitar a uno de los principales opositores del presidente Lula da Silva al cambio de mando? Algunos medios internacionales sostienen que eso influyó en que Lula desistiera de viajar a Chile.
-Yo creo que eso es un error diplomático bastante amateur. Habla de un alineamiento con amigos ideológicos, de dividir el mundo entre amigos políticos y adversarios, en vez de tener una política de Estado. Brasil es el socio más importante de Chile en América Latina, no solo en términos comerciales, sino también políticos. Y es bastante insultante.

Uno puede entender las razones del presidente Lula para suspender su viaje a pocas horas de la ceremonia, porque no se trata de cualquier adversario político. Se trata de un adversario político que intentó un golpe de Estado y desconocer los resultados electorales.

-¿Ve ahí una señal de alineamiento con la nueva derecha internacional, como la que se reunió el fin de semana en torno a Donald Trump?
-Eso es muy peligroso. Es coherente con cómo se comporta la ultraderecha en el mundo, pero es peligroso para Chile. Chile depende absolutamente de tener una política de economía abierta. Y eso supone una política exterior que no discrimina ideológicamente quiénes son tus aliados. Un Presidente excesivamente alineado con amigos ideológicos puede traer problemas no solo para la política exterior chilena, sino también para la economía.

Chile tiene un peso simbólico importante en el mundo por su prestigio. Y no creo que sea bueno dividir el mundo de esa manera.

-Como senador de oposición, ¿qué espera del Gobierno de Kast?
-El país le dio al Presidente José Antonio Kast una oportunidad. Pero no necesariamente está de acuerdo con todo su programa o su ideario. Hay un mandato bastante preciso. Seguridad, orden, migración y economía. Si el Presidente Kast hace un Gobierno más pragmático que ideológico, puede mostrar resultados. Si toma el camino ideológico, tengo la impresión de que va a fracasar rotundamente.

-El Presidente firmó en sus primeras horas varios decretos bajo el concepto del Gobierno de emergencia. ¿Existe preocupación de que el Congreso pueda quedar al margen?
-Los decretos presidenciales tienen su límite. Y nosotros, como oposición, vamos a ser muy vigilantes del Estado de derecho. Lo que tiene que pasar por el Congreso, tiene que pasar por el Congreso. Ojo con obsesiones ideológicas que pretendan no construir consensos mayoritarios. Aquí no se trata simplemente de prender la motosierra.

Las políticas de emergencia que el Presidente Kast quiera impulsar también deben pasar por el Congreso y ser objeto de debate, discusión y consenso. Una excesiva tendencia hacia los decretos presidenciales puede terminar en un presidencialismo peligroso, fuera de nuestra tradición de consensos mayoritarios.

Y eso nunca ha terminado bien en Chile.

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