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Cristián Valenzuela, la estrategia del “titiritero” tras las auditorías
Cristián Valenzuela es el articulador de las bajadas comunicacionales de las auditorías en los ministerios de Mujer, Justicia y Vivienda. La estrategia busca mantener la narrativa de crisis para justificar el recorte del 3% a programas de pueblos originarios y género, matando dos pájaros de un tiro.
En el trazado de la cuenta regresiva, instalada por el propio José Antonio Kast durante su campaña, se prevé que las primeras auditorías al aparato público comiencen a aparecer a contar de la segunda semana de abril. Con esto, se cumple una de las fases iniciales del diseño que busca instalar el denominado Gobierno de Emergencia.
- La lógica detrás de las auditorías pretende convertir estas indagatorias en una prueba fehaciente –o chivo expiatorio, según se mire– que justifique una intervención mayor en el aparato público. Una medida que ha pretendido instalar una retórica del descalabro, buscando higienizar el Estado de parásitos y malas prácticas.
La estrategia es fundamental para recuperar el orden y, en ese ideal portaliano, es donde el Ejecutivo pone todas sus fichas. Para esto –dicen cercanos a la nueva administración–, hay que mantener la tensión para justificar el reordenamiento, que no es otra cosa que la puesta en práctica de un planificado diseño comunicacional que tiene a las auditorías como uno de sus principales caballitos de batalla.
- Y es en este clima de urgencia –o doctrina de shock– donde el nombre de Cristián Valenzuela, asesor del Segundo Piso en el Gobierno de Kast, figura como el articulador.
- El hombre detrás de la tesis del “Estado en quiebra” y la minuta que calificó el cáncer de la exdirectora del SernamEG como un asunto privado –dos instancias que obligaron al Gobierno a recular–, será el encargado de generar las bajadas comunicacionales sobre las distintas auditorías que se presume comenzarán en los ministerios de la Mujer, Justicia y Vivienda, buscando no solo eventuales forados económicos sino sobre todo responsabilidades políticas.
Al margen de que las indagatorias puedan o no arribar a la justicia, se estima que lo principal es mantener la narrativa de crisis y, a partir de este relato, justificar otro aspecto no menor: el recorte de programas sociales, relacionados con pueblos originarios y otros con perspectiva de género. Esto, buscando matar dos pájaros de un tiro: cumplir con el recorte presupuestario del 3% y eliminar todo vestigio de cultura woke en el Gobierno.
- Aunque las auditorías parecen ser piezas fundamentales para sostener la agenda de copamiento, tampoco está claro si van a aportar antecedentes nuevos a la hora de iniciar una investigación.
Aunque en la oposición apuestan al agotamiento en la estrategia de “inundar la zona” –particularmente por los efectos del anegamiento en el propio Gobierno–, en el oficialismo apuntan a mantener la táctica más allá de cualquier decaimiento, por una razón que a estas alturas ya forma parte del leitmotiv de la neopolítica: el ocaso de la “dictadura” de los acuerdos y el advenimiento de nuevas formas de control político. “Vinimos a hacer lo que tenemos que hacer”, dicen varios, sin complejos.
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