Gastronomía
Norte Verde: la nueva imagen del vino chileno marcada por el mar, el suelo y la altura
Entre costa, cordillera y desierto, el Norte Verde se presenta hoy como una de las zonas con alguno de los vinos chilenos que más están dando que hablar. En Ovalle, la quinta Convención de Vinos del Norte Verde propuso una conversación profunda sobre suelo, clima, identidad y futuro,
Hace unos días, Ovalle volvió a convertirse en el epicentro de una conversación que viene creciendo con fuerza en el mundo del vino chileno: la del Norte Verde, también conocido como Norte Chico, una de las zonas más fascinantes y desafiantes de la vitivinicultura actual. Allí se realizó la quinta Convención de Vinos del Norte Verde, organizada por Fuente Toscana junto al viticultor Héctor Rojas Barahona, un encuentro que ya se consolida como un ejercicio territorial único en el país.
Más que una degustación, la Convención es una experiencia enogastronómica integral. Cada edición propone una cena de maridaje inspirada en la cocina migrante mediterránea, una herencia cultural que ha sabido dialogar con el paisaje árido, el mar cercano y la montaña. Los platos, elaborados a partir de productos locales, conversaron cuidadosamente con una selección de 21 vinos del Norte Verde, elegidos por su calidad, singularidad y capacidad de expresar el territorio.
Pero lo que realmente distingue a este encuentro es su dimensión pedagógica y cultural. Los enólogos y viticultores detrás de cada vino participan activamente de la experiencia, compartiendo con los asistentes sus decisiones, su filosofía de trabajo y los desafíos de producir vino en condiciones extremas. El vino, aquí, no se presenta como un producto aislado, sino como el resultado de una historia compartida.

La convención presento 21 vinos del Norte Verde este 2026.
El Norte Verde como territorio
Desde su rol como anfitrión y fundador de Fuente Toscana, Juan José Juliá fue enfático en marcar una idea central que atraviesa toda la Convención: el Norte Verde no es una marca ni una moda. Es una región natural de Chile, definida por su geografía, su clima, su historia y su cultura, que se extiende entre los ríos Copiapó y Aconcagua, en lo que se conoce como los valles transversales.
En este territorio, “los valles bajan desde la cordillera hacia el mar, se abren, se cierran y se cruzan en pocos kilómetros”, generando mezcla, tránsito y encuentro. Nunca fue un lugar homogéneo ni aislado. “Mucho antes del vino y del pisco”, fue habitado por culturas que aprendieron a leer el paisaje, la escasez y la abundancia, recordó Juliá: desde el Hombre de Los Vilos, hace más de once mil años, hasta los changos, molles y diaguitas, que desarrollaron agricultura, sistemas de riego y una relación comunitaria con el agua.
Esa lógica de capas culturales que se integran y no se reemplazan es la misma desde la cual hoy se piensa la viticultura del Norte Verde. No es casual —recordó Juliá— que aquí hayan nacido dos de las denominaciones de origen más antiguas de América: el Pisco y el Pajarete. Más que una tendencia, eso habla de una vocación histórica.
Mapear el Norte Verde: núcleos, identidad y clima

La degustación de vinos fue dividida según los tres núcleos del Norte Verde: calcáreo, andino y Aconcagua.
Este año, la conversación de la Convención se centró en definir el Norte Verde desde el origen, entendiendo cómo el suelo, el clima, la escasez de agua y el entorno influyen directamente en el vino. Así, se propuso una lectura territorial basada en tres núcleos específicos: calcáreo (costa), andino y del Aconcagua.
Durante el encuentro, Héctor Rojas explicó que uno de los primeros ejercicios para comprender el Norte Verde fue ubicar las viñas existentes en un mapa. Ese gesto simple reveló algo fundamental: el Norte Verde no es un territorio uniforme, sino un mosaico de núcleos vitivinícolas con identidades propias, definidas por la geología, la cercanía al mar y la altitud.
Uno de los más reconocibles es el núcleo calcáreo, íntimamente ligado a las zonas costeras de la Cordillera de la Costa. Allí, la influencia del océano Pacífico y de la corriente de Humboldt genera climas fríos, con marcada amplitud térmica. En estos valles, el carbonato de calcio —presente de distintas formas— imprime una huella persistente en vinos frescos, tensos y de marcada salinidad.
“No es la latitud lo que cambia el clima en Chile, sino la distancia al mar”, explicó Rojas, destacando cómo desplazarse apenas algunos kilómetros entre viñedos puede significar un cambio climático radical. Esta condición explica por qué, incluso dentro del Norte Verde, las expresiones de vino son tan diversas.
El geólogo Eder González profundizó en el concepto de calcáreo, muchas veces utilizado de forma genérica. Explicó que, si bien algunos suelos provienen de antiguos fondos marinos —formados por conchas y microconchas solidificadas—, no todo suelo con carbonato de calcio tiene ese origen.

Los expositores y organizadores: Eder González, Ana María Barahona, Juan José Juliá y Héctor Rojas.
En el Norte Verde, este componente puede aparecer también por procesos de transporte y precipitación, donde el agua actúa como vehículo, depositando carbonato sobre granitos, gravas o terrazas aluviales. En zonas como Limarí, por ejemplo, existen gravas cementadas por carbonato de calcio, suelos blanqueados que interactúan directamente con la vid y aportan identidad a los vinos.
Este enfoque permite comprender que el carácter del Norte Verde no responde a un solo tipo de suelo, sino a la interacción entre geología, clima y manejo vitícola, traducida finalmente en la copa.

La degustación iba acompañada por distintos platos de Fuente Toscana. El Tortellini de sierra ahumada con brodo de mariscal caliente fue maridado por el núcleo calcáreo costa.
Las particularidades de los núcleos andino y Aconcagua
Distinto es el núcleo andino, ubicado directamente en la Cordillera de los Andes. Su nombre puede parecer simple, pero encierra profundas implicancias. Aquí la viticultura se desarrolla en altitud, con fuertes pendientes, suelos pobres y escasa materia orgánica. Un factor es clave: no llueve, nieva.
Esta diferencia cambia por completo el comportamiento del suelo y de la vid. La nieve se infiltra lentamente, el agua es limitada y los suelos son jóvenes y altamente drenantes. Geológicamente, se trata de un ambiente volcánico activo, con presencia de rocas negras masivas, coluvios de ladera y granitos profundos, vestigios de antiguos cordones volcánicos hoy expuestos.
En la copa, los vinos del núcleo andino se caracterizan por su gran tensión, marcada amplitud térmica y carácter de altura. Días de intenso calor y descensos bruscos de temperatura hacia la tarde —incluso en pleno verano— definen vinos vibrantes, austeros y de identidad extrema.
Dentro de esta cartografía aparece el núcleo del Aconcagua, correspondiente a sectores más costeros e interiores del Norte Verde. Aunque administrativamente no siempre se asocia al “norte”, sus características geográficas, climáticas y culturales lo integran plenamente a esta denominación.
Aquí domina un entorno volcánico y metamórfico, compuesto por rocas transformadas por presión y temperatura a lo largo de millones de años. Aparecen pizarras, esquistos, suelos aluviales y zonas de descomposición in situ, generando perfiles más heterogéneos que los del núcleo calcáreo costero.
Desde la viticultura, este núcleo da origen a vinos de estructura firme, energía contenida y una expresión más profunda y terrosa, donde la identidad no está marcada exclusivamente por el carbonato de calcio, sino por la combinación de materiales geológicos, pendiente y clima costero interior.
Identificar el territorio y pensar en el futuro

La Cazuela Nogada fue acompañada por los tintos del núcleo Aconcagua.
Para Juan José Juliá, uno de los grandes desafíos del Norte Verde es nombrar el territorio. Durante una visita previa de Ferran Centelles, sommelier de la Bulli Foundation, una frase quedó resonando como síntesis del proyecto: “Todo este relato no sirve de nada si no aparece en las etiquetas”. Nombrar el lugar no es un gesto comercial, sino un acto profundamente político: reconocerlo, defenderlo y proyectarlo hacia el futuro.
Por eso, en esta Convención se habló de parajes y núcleos, no como categorías cerradas, sino como herramientas para entender el Norte Verde desde dentro. Cada vino, cada plato, se convierte en una puerta de entrada a un territorio construido colectivamente, donde geología, cocina, historia y comunidad dialogan.
En un país fuertemente afectado por el cambio climático, y en una zona marcada por años de sequía, la reflexión cobra aún más sentido. Según las proyecciones compartidas durante el encuentro, las zonas costeras y de montaña serían las menos afectadas hacia 2050, mientras la zona central se desplazará climáticamente hacia el sur. En ese escenario, el Norte Verde aparece no solo como una exploración identitaria, sino como una respuesta estratégica al futuro del vino chileno.
La Convención de Vinos del Norte Verde es, así, mucho más que una cena o una cata. Es una celebración del paisaje, una instancia de aprendizaje colectivo y una invitación a comprender que, incluso en el desierto, el vino puede encontrar una voz propia. Fuente Toscana, Juan José Juliá y Héctor Rojas Barahona han logrado consolidar un espacio donde el vino se piensa, se conversa y se saborea con conciencia territorial.

Asistentes a la Quinta Convención de Vinos del Norte Verde.