Publicidad
La dama del ron: Lorena Vásquez y el alma de Zacapa Coctelería

La dama del ron: Lorena Vásquez y el alma de Zacapa

Publicidad
Jo García
Por : Jo García Consultor eno-gastronómico
Ver Más

A más de cuatro décadas de su llegada a Ron Zacapa, la maestra mezcladora Lorena Vásquez ha transformado el destino de uno de los destilados más emblemáticos de Centroamérica y también ha abierto camino a nuevas generaciones de mujeres en la industria de los espirituosos.


En las alturas nebulosas de Guatemala, a 2.300 metros sobre el nivel del mar, donde el aire es tan delgado que el tiempo parece ralentizarse, se gesta uno de los secretos mejor guardados del mundo de los espirituosos. Allí, en una destilería que parece suspendida entre nubes, Lorena Vásquez, la maestra mezcladora de Ron Zacapa, orquesta una sinfonía de sabores que ha elevado un humilde destilado centroamericano a la categoría de elixir global.

Pero Vásquez no es solo una técnica experta; es una mujer cuya vida entre barriles y aromas revela una historia de tenacidad, innovación, investigación y un profundo compromiso humano que trasciende las botellas.

De la química al mundo del ron

Nacida en Nicaragua, en una época en que las fronteras de la ambición femenina parecían inamovibles, Vásquez se mudó a Guatemala en sus veintitantos años, acompañada de su esposo y su primer hijo.

Con un título en química y farmacia bajo el brazo, y estudios adicionales en tecnología de alimentos y administración de empresas, podría haber optado por un camino predecible en laboratorios farmacéuticos o incluso en su propia farmacia —un regalo de su padre tras su titulación—, pero ese no era su camino. En cambio, el destino, o quizás el aroma persistente de la caña de azúcar, la llevó a un mundo dominado por hombres: la industria del ron.

“Llegué al ron con entusiasmo porque amo la química y la investigación”, ha dicho Vásquez en entrevistas, recordando cómo, tras un divorcio, buscó algo que la apasionara de verdad. En 1984, a los 28 años, entró en Zacapa como analista de control de calidad, la única mujer entre 200 empleados. Cuatro décadas después, su trayectoria no solo ha transformado la marca, sino que ha reescrito las reglas de un sector donde las mujeres eran, hasta entonces, invisibles, formando profesionales en la industria que han aprendido de ella con pasión y entusiasmo.

El arte del blending

Lo que distingue a Vásquez no es solo su longevidad —más de 40 años en el oficio—, sino su enfoque intuitivo y sensorial hacia el blending, ese arte delicado de fusionar rones de diferentes edades y barriles para crear algo mayor que la suma de sus partes. Inspirada en el método solera tradicional de los vinos de Jerez, Vásquez perfeccionó el Sistema Solera de Zacapa, un proceso donde los rones jóvenes se casan progresivamente con los maduros en barriles que han albergado previamente bourbon, jerez y Pedro Ximénez, o exclusivas barricas de diferentes maderas en el caso del añejamiento de Royal.

Pero hay un twist guatemalteco: el envejecimiento ocurre en “la casa por encima de las nubes”, como lo llama ella, donde la baja presión y el oxígeno escaso permiten que los sabores se profundicen sin prisa, resultando en un ron hecho de jugo de caña virgen, no de melaza. “El blending es más que técnica; es crear armonía que resuena emocionalmente”, afirma Vásquez, cuya nariz y paladar —afinados por años de experimentación— detectan matices que otros pasan por alto: notas de vainilla tostada, caramelo quemado, frutas secas y un susurro de roble ahumado.

Investigación e innovación en la destilería

Su trabajo en investigación ha sido pivotal. Con un fondo en química, Vásquez ha liderado exploraciones en la interacción de ingredientes locales, como la caña cultivada en suelos volcánicos guatemaltecos —que representan apenas un 3% a nivel mundial—, así como la visión de pensar en el cambio climático y en nuevas plantas que se adapten a este escenario. También ha innovado en técnicas de maduración que minimizan la evaporación —el famoso angel’s share— mientras maximizan la complejidad.

En una industria a menudo estancada en tradiciones, ella ha impulsado colaboraciones con expertos en aromas y sabores, como François Chartier, cuestionando siempre el “por qué” detrás de cada decisión. “Sacudir el mundo del ron significa compartir conocimiento”, dice, y sus creaciones —como el Zacapa 23 o ediciones limitadas de la serie Heavenly Casks— han ganado premios internacionales, posicionando a Guatemala en el mapa global del ron premium. No es exagerado decir que Vásquez ha convertido Zacapa en un símbolo de excelencia: un ron que se bebe puro, como un ritual, en lugar de diluido en cócteles olvidados.

Un impacto más allá del ron

Pero quizás el legado más perdurable de Vásquez sea su impacto humano, particularmente en las mujeres. En un campo donde las barreras de género eran tan espesas como el humo de una destilería, ella ascendió no a pesar de ser mujer, sino gracias a su habilidad innata y su determinación. “No fue fácil”, admite, recordando los desafíos iniciales en un entorno masculino.

Hoy, como una de las pocas maestras mezcladoras en el mundo —nombrada entre las 25 mujeres más influyentes por People en Español en 2015—, se ha convertido en un referente para la próxima generación. En Zacapa ha fomentado un ambiente inclusivo, contratando y capacitando a mujeres en roles técnicos y creativos.

Una iniciativa emblemática es el programa que emplea a más de 700 artesanas indígenas guatemaltecas —muchas de ellas madres solteras en comunidades rurales— para tejer a mano las bandas de petate que envuelven cada botella. “Nació de la necesidad de ayudar a la gente de Guatemala, especialmente a las mujeres”, cuenta Vásquez. “Un pedacito de Guatemala está en cada botella”.

Este proyecto no solo preserva tradiciones ancestrales, sino que proporciona ingresos estables, empoderando a familias enteras y tejiendo, literalmente, un lazo entre el lujo global y la realidad local.

La guardiana del espíritu de Zacapa

Quienes la conocen hablan de su “calidad humana” con reverencia. En conversaciones, Vásquez irradia calidez y humor: una mezcla de científica rigurosa y narradora apasionada. “Soy la guardiana angelical”, bromea, refiriéndose a su supervisión total del proceso, desde la caña hasta el sorbo final, siempre dispuesta a mentorizar.

En un mundo de egos inflados, su humildad destaca: no busca reflectores, sino resultados que deleiten. “Mi jornada ha sido sobre fusionar tradición con innovación”, reflexiona.

Espera seguir inspirando a nuevas generaciones. En un momento en que la industria de los espirituosos enfrenta presiones por sostenibilidad y diversidad, Vásquez representa un modelo a seguir. Su ron no es solo una bebida; es una narrativa de resiliencia, de cómo una mujer, armada con curiosidad y coraje, puede destilar no solo alcohol, sino también cambio.

Mientras el sol se pone sobre las montañas guatemaltecas y el aroma de barriles viejos impregna el aire, uno no puede evitar pensar que, en cada gota de Zacapa, late el pulso de Lorena Vásquez: una maestra que, con paciencia y pasión, nunca deja de sorprender.

Ad portas de los 50 años de la marca, se esperan con ansias novedades y una edición especial de colección, donde —más que un ron— se estará embotellando el espíritu de toda una nación.

Publicidad