Gastronomía
Gobierno argentino quita financiamiento a la guía Michelin y apuesta por una propia con YPF
Con menos recursos, Argentina reconfigura su estrategia gastronómica: mientras la Guía Michelin se sostiene gracias al impulso federal de Buenos Aires y Mendoza, el gobierno de Javier Milei apuesta por una guía propia.
La escena gastronómica argentina está atravesando por un punto de inflexión. Mientras inspectores anónimos recorren locales en Buenos Aires y bodegas-restaurantes en Mendoza para la próxima entrega de la Guía Michelin —prevista para el 13 de julio— las nuevas estrellas traen además un cambio de visibilidad, ya que la ceremonia no tendrá alfombra roja ni despliegue escénico y será solo virtual, vía Zoom.
El gobierno central decidió retirarse del financiamiento de la guía, dejándolo solo en manos de los gobiernos locales de Buenos Aires y Mendoza, pese a que el acuerdo original había sido impulsado por el Instituto Nacional de Promoción Turística durante el gobierno de Alberto Fernández, con un horizonte de tres años. Hoy, la administración de Javier Milei optó por no renovar el financiamiento, en línea con su política de ajuste del gasto público.
Frente a ese vacío, los gobiernos de Buenos Aires y Mendoza decidieron sostener la presencia de la guía con una inversión cercana a los US$400.000, repartida entre ambos destinos, según informó La Nación. Para Valentín Díaz Gilligan, presidente del Ente de Turismo porteño, no se trata de un gasto, sino de una herramienta estratégica que busca posicionar a la ciudad dentro de una liga global donde compite con capitales como París, Tokio o Nueva York.
Algo no menor, si se considera la caída del turismo del vecino país, que alcanzó cerca de un 14% el año pasado. Por eso, la gastronomía aparece como uno de los motores más efectivos para atraer a los visitantes internacionales.
Costos vs. beneficios
Los cuestionamientos van más allá de la austeridad. Uno de los debates recurrentes en torno a Michelin es su foco en la alta gama. Sin embargo, desde el sector público y privado insisten en ampliar esa mirada. La guía no solo distingue restaurantes de lujo, también incluye categorías como Bib Gourmand, orientadas a propuestas de gran calidad a precios más accesibles.
Por eso iniciativas locales buscan equilibrar la narrativa. Bares notables, bodegones y cocinas tradicionales forman parte de políticas complementarias que intentan evitar que el relato gastronómico quede reducido a una élite.
De hecho, la decisión de eliminar la ceremonia presencial —cuyo costo podía igualar al de la propia guía— no es solo un ajuste presupuestario sino un gesto político. La pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse este modelo sin una estrategia nacional articulada. Por ahora, Argentina mantiene su lugar dentro del mapa Michelin, compartiendo escena en América Latina con destinos como Ciudad de México, São Paulo y Río de Janeiro.
Una guía propia
Más allá de la Guía Michelin, el Gobierno nacional comenzó a delinear su propia hoja de ruta. Durante el Consejo Federal de Turismo, el secretario Daniel Scioli anunció el desarrollo de una guía gastronómica federal junto a YPF y la Academia Nacional de Gastronomía.
La propuesta apunta a un formato digital, multilingüe y con alcance territorial amplio, con el objetivo de visibilizar la cocina de todas las provincias y dinamizar el turismo interno, centrada en la identidad y cercanía.
Según datos oficiales, el turismo emisor argentino cayó alrededor de un 13%, mientras crece el movimiento interno. Allí, la gastronomía aparece como una herramienta concreta para incentivar viajes de corta distancia y escapadas de fin de semana.
Sin embargo, dentro del sector hay consenso en que una guía nacional difícilmente pueda reemplazar el peso simbólico e internacional de Michelin. Mientras la guía francesa funciona como un sello global de calidad, la iniciativa local se proyecta como una plataforma de promoción interna.