Opinión
Más allá del turismo: crecimiento récord y una encrucijada estratégica para Chile
En un año marcado por la cautela económica y el ajuste fiscal, el turismo se consolidó como uno de los sectores más dinámicos de la economía chilena. Durante el primer semestre de 2025, el país recibió 3,1 millones de turistas internacionales, un aumento de 32,6% respecto de 2024, superando incluso las proyecciones de recuperación postpandemia. Este crecimiento no fue casual ni coyuntural: respondió a una estrategia que combinó posicionamiento internacional, diversificación de la oferta y fortalecimiento de la marca país.
Chile volvió a ser reconocido por séptima vez como Mejor Destino de Aventura del mundo, capitalizando su geografía única y su narrativa de turismo de naturaleza extrema. A ello se sumaron hitos relevantes como la designación de Valdivia como Ciudad Humedal Ramsar, el debut del primer transporte público 100% eléctrico en Copiapó y el impulso al enoturismo, con exportaciones de servicios que superaron los US$3.000 millones. Estos avances confirman que el turismo dejó de ser un fenómeno estacional para transformarse en una plataforma de desarrollo territorial, de innovación y empleo local.
El giro más interesante de 2025, sin embargo, estuvo en el relato. A través de Marca Chile y de iniciativas como la Trilogía Gastronómica, el país comenzó a proyectarse no solo como destino, sino como experiencia integral: cultura, gastronomía, naturaleza y comunidades locales articuladas bajo una identidad común. Este enfoque permitió descentralizar la oferta, integrar cadenas productivas y atraer inversión cultural, siguiendo modelos exitosos de la región que han sabido convertir su cocina y patrimonio en activos estratégicos.
El impacto económico fue tangible. El turismo aportó 2,3% al PIB en el primer trimestre, el gasto extranjero creció 48,1% y las exportaciones de servicios aumentaron 19,4%. Argentina, Bolivia y Brasil lideraron las visitas, confirmando la relevancia regional del sector y su capacidad de generar divisas en un contexto de bajo dinamismo global.
Pese a estos resultados, el sector enfrenta una encrucijada hacia 2026. El recorte presupuestario de 12,6% en promoción internacional deja a Chile con solo US$7 millones para competir en un mercado donde países vecinos duplican o triplican esa inversión. A ello se suman desafíos estructurales: sostenibilidad climática, seguridad, diversificación cultural y menor burocracia. El turismo ya demostró su potencial. El desafío ahora es político y estratégico: decidir si Chile lo consolida como motor de desarrollo o lo deja avanzar sin respaldo.
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