Río de Janeiro en modo Carnaval: samba, turismo y una fiesta para vivir también durante todo el año
Río de Janeiro, en estos días, no solo baila, sino que se proyecta al mundo como destino turístico, potencia cultural y símbolo de una alegría. Y es que más que una fecha en el calendario, es una forma de vivir… y que también se puede disfrutar a través de la samba durante todo el año.
Brasil ya vive sus primeros días de Carnaval y el pulso se siente con fuerza en Río de Janeiro, la capital mundial de la samba. Desde el 13 al 18 de febrero, millones de personas —entre locales y visitantes extranjeros— toman las calles, los barrios históricos y el icónico Sambódromo Marquês de Sapucaí para celebrar una de las manifestaciones culturales más potentes del planeta.
Pero el Carnaval no es solo una explosión de música, brillo y comparsas: es también un motor económico y una vitrina internacional para Brasil.
Río de Janeiro: una ciudad que vibra con la samba

Créditos: Embratur
En Río, los primeros días ya muestran su cara más intensa:
- Los blocos de rua recorren barrios como Lapa, Ipanema y el Centro Histórico.
- Las escuelas ultiman detalles antes de desfilar en el Sambódromo.
- Turistas y cariocas comparten la misma energía festiva bajo el calor del verano brasileño.
La samba, nacida de la herencia afrobrasileña y forjada en comunidades populares, alcanza su punto máximo durante estas jornadas. Cada escuela cuenta una historia a través de su “enredo” (tema), con carrozas monumentales, miles de bailarines y baterías que estremecen el suelo.
El Carnaval representa el apogeo de la samba, pero también revela algo más profundo: una cultura que transformó el dolor histórico en celebración colectiva, que convirtió la calle en escenario y la comunidad en espectáculo.
La samba más allá del Carnaval: una experiencia permanente en Río

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Aunque el Carnaval representa el punto más alto de visibilidad y espectacularidad, la samba no desaparece cuando termina el desfile en el Sambódromo Marquês de Sapucaí. En Río de Janeiro, la samba es una práctica viva, cotidiana y comunitaria que se expresa durante todo el año en distintos espacios de la ciudad.
Para quienes quieren entender el Carnaval más allá del desfile y no necesariamente viajar en febrero, Carnaval Experience se ha convertido en una de las propuestas más completas e inmersivas de Río de Janeiro.
La experiencia se desarrolla en la Cidade do Samba, el complejo donde las principales escuelas construyen sus carrozas y confeccionan sus trajes. Allí, el visitante accede al “detrás de escena” del mayor espectáculo del mundo: talleres donde se diseñan fantasías, espacios donde se ensamblan estructuras monumentales y salas donde se explica cómo se crea el enredo que cada escuela presentará en el Sambódromo.

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El recorrido no es solo informativo, es participativo. Los asistentes pueden:
- Probarse trajes originales de Carnaval.
- Aprender pasos básicos de samba con instructores.
- Comprender cómo funciona la batería y la organización interna de una escuela.
- Descubrir la dimensión histórica y social del Carnaval como expresión afrobrasileña.
Más que un tour, la experiencia permite entender que el Carnaval es el resultado de meses —e incluso un año completo— de trabajo creativo, comunitario y artístico. Además, efrece una puerta de entrada permanente al universo del Carnaval y convierte lo que muchos perciben como un evento puntual en una experiencia cultural accesible durante los doce meses del año.
Las escuelas de samba no son solo agrupaciones que desfilan una vez al año. Son verdaderas organizaciones culturales y sociales que funcionan los 12 meses, con talleres, ensayos, proyectos comunitarios y actividades abiertas al público.
En el caso de Acadêmicos do Salgueiro, fundada en 1953 y una de las más premiadas del Carnaval, su “quadra” (sede) en el barrio de Andaraí se convierte cada semana en un espacio que convoca a cercanos y turístas. Ahí ensaya la batería —el conjunto de percusión que marca el pulso del desfile—, las passistas practican coreografías y la comunidad se reúne para mantener viva la tradición.

Durante el año, los turistas pueden asistir a ensayos abiertos, donde se vive una versión más cercana y menos formal que la del Sambódromo. Se aprende sobre el “enredo” (la historia que contará la escuela en Carnaval), se conocen los trajes en proceso de creación y, muchas veces, se puede incluso participar en clases básicas de samba. Es una forma de experimentar la dimensión cultural y social que sostiene el espectáculo.
La samba en la calle
Ubicada en la zona portuaria, en el histórico barrio de Saúde, la Pedra do Sal es considerada uno de los principales símbolos de la herencia afrobrasileña en Río. El lugar formó parte de la llamada “Pequeña África”, territorio donde se asentaron comunidades afrodescendientes tras la abolición de la esclavitud en 1888.
Allí, a los pies de una gran roca de piedra —que antiguamente fue punto de comercio de sal— comenzaron a reunirse músicos, trabajadores portuarios y descendientes de esclavos para cantar y tocar ritmos que darían origen a la samba carioca.
Hoy, especialmente los lunes y viernes por la noche, se realizan rodas de samba abiertas y gratuitas. No hay escenario formal: los músicos se ubican en círculo y el público rodea, canta y baila. La experiencia es íntima, espontánea y profundamente auténtica. Para muchos visitantes, es el lugar donde se entiende que la samba no nació como espectáculo, sino como expresión comunitaria.

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Pero si la Pedra do Sal representa el origen y las escuelas el corazón estructural de la samba, barrios como Lapa y Santa Teresa son su escenario cotidiano.
Lapa, con sus icónicos Arcos y su vida nocturna intensa, concentra bares y casas de música donde la samba suena prácticamente todas las semanas del año. Espacios como Rio Scenarium combinan decoración histórica, gastronomía y espectáculos en vivo que atraen tanto a locales como a viajeros. Allí la samba se mezcla con el choro y otros géneros brasileños, manteniendo viva la tradición bohemia carioca.
En Santa Teresa, barrio de calles empedradas y casas coloniales, la experiencia es más íntima. Pequeños bares y centros culturales organizan presentaciones en vivo donde la cercanía entre músicos y público crea un ambiente casi doméstico. No se trata de un show turístico, sino de una práctica cultural integrada al día a día del vecindario.
Así, mientras febrero concentra el espectáculo global, propuestas como esta demuestran que la samba y el Carnaval son una industria creativa activa, un patrimonio cultural en movimiento y una vivencia que en Río de Janeiro nunca se apaga. Quien visita la ciudad fuera de febrero también puede sentir esa esencia carioca.