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Franco Delle Donne: en EE.UU. ya se ven algunas características “de un tipo de fascismo” Investigación Archivo

Franco Delle Donne: en EE.UU. ya se ven algunas características “de un tipo de fascismo”

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación de El Mostrador.
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Autor del libro “Epidemia ultra”, que desmenuza la ultraderecha actual en casi todo el mundo, señala que estamos frente a un nuevo orden mundial y que bajo la presidencia de Donald Trump se ha normalizado el desprecio hacia la democracia, los consensos y las reglas.


La mayoría de los politólogos y analistas están de acuerdo en que la antigua dicotomía derecha/izquierda ya no es suficiente para describir y menos entender el complejo escenario internacional, marcado por lo que el investigador argentino Franco Delle Donne, autor del libro Epidemia ultra, recién publicado por editorial Península, explica como algo esencial: “No hemos sido capaces de percibir que la ultraderecha ha cambiado de forma, estilo y funcionamiento”. A esto agrega otro hecho esencial, muy cercano a la posverdad: que en esta época “la razón ya no es relevante, basta con la opinión personal de cualquiera en cualquier circunstancia”.

En medio de ese contexto asoman –o reflotan– conceptos como “democracia iliberal”, “desdiabolización”, populismo punitivo, libertarismo, paleoconservadurismo, anarcocapitalismo y “la ilustración oscura”, que no es más que el cuerpo doctrinario al cual adhiere el “tecnobarón” Peter Thiel, dueño de Palantir y otras empresas, entre ellas, la que dio origen a su fortuna, PayPal, donde era socio con Elon Musk.

Delle Donne, doctor en Comunicación de la Universidad Libre de Berlín, quien además conduce el podcast “Epidemia ultra”, explica desde Alemania que lo que está sucediendo hoy en Estados Unidos tiene que ver con “la consolidación, normalización y llegada al poder de fuerzas políticas o líderes políticos que corresponden a una parte del espectro político en que uno de los elementos principales de su discurso, de su contenido, de su agenda, es establecer una sociedad que no necesariamente está armonizada con los principios de la democracia, y con eso no me refiero solamente a ir y votar, que eso es obviamente parte de la democracia y es muy importante, sino a otros principios, como el respeto por el prójimo y la vigencia de un Estado de derecho donde el poder no esté concentrado en una sola persona, en un solo líder, como podría ser en una monarquía o en un fascismo, a que haya controles mutuos, que haya accountability, etcétera”.

Sin embargo, precisa que lo que hoy se aprecia en EE.UU. y otros países, como denominador común, “es el desprecio por las reglas y por los consensos establecidos” y ejemplifica al respecto con lo que sucede con la agencia federal de migraciones (ICE), añadiendo que la represión es algo que se aprecia en muchas partes, “pero yo no creía que en Estados Unidos se iba a ver algo de tal crudeza y de tal impunidad”, agregando que “el propio vicepresidente de Estados Unidos dice en conferencia de prensa: estos agentes gozan de inmunidad absoluta”.

Todo ello, precisa, “lo escribí hace muy poquito, en un artículo para la revista Anfibia: me parece que ya hay características de un tipo de fascismo que se empieza a desarrollar ahí. No quisiera ser absolutamente categórico y decir que esto es igual que en otra época, y poner un ejemplo para hacer un parangón, pero sí que hay elementos”.

¿Cómo se construye el imaginario ideológico de Donald Trump, el de JD Vance, el de Pete Hegseth y otros personajes? Te lo pregunto porque en el libro haces un repaso histórico de la ultraderecha y, en el caso de EE.UU., aparecen muy destacados el Tea Party, la Alt-Right y la denominada “Ilustración oscura”. También hablas del “cesarismo”. ¿Es eso lo que estamos viendo en Estados Unidos, la formación de una empresa gigante a cargo de un CEO?
Obviamente, ahí están sus raíces, pero si queremos ir más cerca y entender qué nos pasa con nuestra generación o con nuestra contemporaneidad, hay que mirar, por ejemplo, al desarrollo que, en particular, en Estados Unidos tuvo lugar en el Partido Republicano, donde surge una corriente política, que fue la del Tea Party, en su momento, que reacciona de una manera no habitual, que no era oponiendo un proyecto político alternativo a las discusiones que podían plantearse por parte de los neoliberales en el marco de “los halcones” de Bush y Reagan y demás, una idea ultranacionalista, donde lo más importante era la nación, lo más importante era cuidar los intereses nacionales y, sobre todo, plantear los principios más tradicionales del conservadurismo histórico en Estados Unidos: un Estado pequeño, no interventor, poco desarrollo del estado de bienestar y otro tipo de valores que, supuestamente, eran lo opuesto a la presidencia de Barack Obama. 

En ese contexto, recuerda Delle Donne, en las primarias del Partido Republicano de 2016 compitieron Marco Rubio y Ted Cruz contra Donald Trump. “Rubio representaba, tal vez, el ala más tradicional del Partido Republicano, es decir, un discípulo de Bush o de Reagan, pero termina compitiendo con un outsider, como era Donald Trump, que, de alguna manera, interpretaba mejor esa narrativa que dominaba las bases del partido, es decir, la narrativa de America First, la famosa frase, y luego aparece MAGA, Make America Great Again. Y a eso se le suma lo que sería la Alt-right, que es un movimiento absolutamente desordenado, caótico, sin un liderazgo claro.

¿Y cuál es el cuerpo doctrinario detrás de personajes como Peter Thiel y JD Vance o Elon Musk?
Vance es una figura bastante particular, que representa en el partido el sector más fuerte del MAGA, el sector más fuerte, nacionalista, no interventor, de una visión en la cual lo único que importa son los intereses de Estados Unidos, con un alejamiento profundo de todo lo que serían los consensos políticos internacionales desarrollados a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Tal vez, lo opuesto a lo que representa Marco Rubio, que está en el mismo Gobierno, pero que representa esto que te decía, este sector más neoconservador, de “halcones”, de decir “bueno, vamos a ser la policía moral del mundo, vamos a ir allí donde están los problemas y solucionarlos a los golpes, a los tiros, a los bombazos, pero lo vamos a intentar solucionar de nuestra manera”. 

El caso de JD Vance es interesante, porque a través de él Trump incorpora un acercamiento muy importante, y te diría orgánico, a todo lo que sería el poder de Silicon Valley. Es decir, él ya tenía esa amistad y esa cercanía con Elon Musk, pero Vance se acerca mucho a uno de los personajes más relevantes actuales de lo que pasa en Estados Unidos, que es Peter Thiel.

Sobre él hablo en el libro, también, un capítulo entero. Es el financista de JD Vance. Él es el que sostiene su carrera política, desde que es senador hasta lo que llegó, a vicepresidente, y comparten esa visión, también antidemocrática, aunque creo que ahí puede haber ciertas divergencias con Peter Thiel, pero esta idea de que el Estado tiene que ser pequeño y tiene que ocuparse de determinados objetivos concretos propios del interés patriótico, pero eso no incluye, o no incluiría, que tenga que, por ejemplo, ocuparse de la desigualdad o de los problemas sociales que puedan existir. 

Obviamente, lleva eso al extremo y él dice que lo que hay que hacer es dejar de desarrollar Estados tal y como los conocemos y construir corporaciones (empresas). Es decir, que el presidente, más que un presidente, sea una suerte de CEO o de gerente, que se organice a administrar una cantidad de recursos, y esto viene de lo que mencionabas hace un rato, de ciertas ideologías desarrolladas por algunas “mentes iluminadas”, que justamente se llaman a sí mismos Dark Enlightenment, la iluminación oscura o la Ilustración oscura. El es quien representa la presencia de esa ideología dentro del Gobierno de manera bastante activa.

Teniendo todo ese cóctel en cuenta, ¿cómo se entiende que hayan sacado a Maduro y hayan dejado gobernando a la misma dictadura? ¿Ya no les molesta que sea una dictadura de izquierda?
Bueno, a ver, ninguna transición puede generar ese corte de raíz y eliminación total de todos los que serían los elementos del régimen. O sea, en algo tenés que sostenerte para poder hacer que eso funcione, y no hay interés de ocupación territorial por ahora, como ha pasado en otros casos del pasado. No hay un interés colonial en el sentido clásico y posiblemente también porque el interés, en el fondo, no era necesariamente cambiar el régimen, sino tener un control sobre lo que pasa allí

Y ahí tengo mis dudas, porque no se plantea en el discurso de Trump, a diferencia de lo que planteaba, por ejemplo, George W. Bush con Afganistán o con Irak, un interés un exportar la democracia, como era en aquellos años, sino más bien eliminar un agente que él consideraba peligroso y amenazante para Estados Unidos, hablando del tema de narcotráfico y demás cuestiones, a lo que se agrega el elemento del petróleo robado o las empresas expropiadas injustamente, y una suerte de reivindicación nacional.

Es decir, trata de quitar el elemento neoconservador, de decir “gasto recursos de los americanos para solucionar problemas de otros países”, para plantear que “ese país es un problema para nosotros, entonces, vamos a intentar solucionar este problema a partir de esa intervención”. 

Es una situación que le ha generado críticas a Donald Trump. Hay sectores de MAGA, como Steve Bannon, que dicen que es un error intervenir, que Estados Unidos se tiene que ocupar de su propio país.

Dices que EE.UU. no tiene las pretensiones coloniales del pasado, pero Donald Trump ha explicitado sus pretensiones hacia Panamá, Groenlandia, Canadá, etc. El tema imperial suena mucho en Argentina, también, y el ruso Alexander Dugin es uno de los difusores de esta idea, de estos pequeños imperios hemisféricos. ¿Tú crees que hay una posibilidad de una vuelta hacia la época del imperialismo? 
Yo creo que puede haber ahí una forma de entender cómo está funcionando el mundo, dividiéndolo en bloques o zonas de influencia sostenidas por una potencia: China por un lado, Rusia por el otro, Estados Unidos por el otro y demás. Es cierto que Europa está en una situación de debilidad, que no termina de quedar claro cuál sería su rol en ese concierto, y creo que también estamos un poco influenciados por las noticias que vemos, que nos hacen intentar construir algún tipo de sistema explicativo para esto, de ahí la pregunta que me hacés, pero al mismo tiempo no sé si tenemos la información suficiente para estar seguros de que vamos hacia ese mundo de cuatro o cinco bloques. No lo tengo tan claro, porque hay diferentes variables: la cuestión de los BRICS, por ejemplo, y el rol que pueda llegar a jugar ese conglomerado, también bastante complejo de sostener. Es evidente que hay posiciones hegemónicas. La posición militar estadounidense es brutal. Ni siquiera China se le acerca como para desafiarlo.

Por otro lado, Delle Donne detalla que la expansión e influencia en América Latina “es tan grande que cuesta encontrar una forma de que, de alguna manera, sea domesticada por Estados Unidos, incluso aplicando la fuerza física. El propio Estados Unidos tiene una dependencia con China, y, de hecho, una de una de las discusiones que tienen internas es cómo desacoplamos las economías, que están profundamente interconectadas”. 

A ese respecto, añade que “coincido con que necesariamente estamos frente a un nuevo orden mundial”.

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