Investigación
El Libro naranja: La sombra de Jaime Guzmán en las nominaciones políticas de José Antonio Kast
Las nominaciones del gabinete y subsecretarías de José Antonio Kast, con amplia mayoría de independientes, ha generado molestia en Chile Vamos por la escasa presencia partidaria. La perspectiva es vinculada a la doctrina gremialista de Jaime Guzmán, plasmadas en un antiguo documento de su autoría.
Las sucesivas nominaciones de autoridades políticas del gobierno de José Antonio Kast –primero en ministerios y últimamente en subsecretarías– han generado molestia en varios sectores de Chile Vamos, cuyos partidos políticos buscaban un espacio más relevante en el diseño del nuevo gobierno.
Críticas al interior de la coalición apuntaron a la incomodidad por la alta presencia de independientes en la arquitectura ministerial. Pablo Longueira, reincorporado a la UDI tras su absolución en el caso SQM, dijo que había varios ministros que eran “yogures con fecha de vencimiento”. Carlos Larraín, otrora líder de RN, apuntó a que los partidos del conglomerado estaban “picados” por obtener solo “dos ministros”.
En efecto, el próximo 11 de marzo, jurarán 20 ministros independientes de un total de 25 carteras. En las subsecretarías la estadística es similar: 32 de las 39 asignaciones no figuran con militancia partidaria. Otro dato: en todos los gobiernos post dictadura, el porcentaje de independientes en ministerios y subsecretarías nunca ha sido superior al 22%.
En otras palabras, según explicó en una reciente columna el analista político Mauricio Morales, “el gobierno de Kast prácticamente cuadruplica los promedios históricos de incorporación de independientes al núcleo del ejecutivo”.
Las explicaciones para esta arremetida de figuras sin militancia han sido múltiples; además de incomprensibles para algunos. “Es muy inusual que el ganador de una elección no elija a miembros de su partido o coalición como anclas”, apuntó Gonzalo Valdés, analista político de la Universidad Andrés Bello, tras las nominaciones.
Pero más allá de la extrañeza, estar “picados” o desear un corto viaje a varios miembros del futuro gabinete, existe una variante que hasta ahora no se ha profundizado: la raigambre doctrinaria del nuevo presidente, inspirada en las enseñanzas de Jaime Guzmán en la Universidad Católica.
En el libro o folleto naranja, un opúsculo de 16 páginas redactado por el exsenador de la UDI en el año 1966, hay varias pistas que dan cuenta del valor otorgado al trabajo fuera de partidos tradicionales, con fuerte presencia en sociedades intermedias, impronta que marca la esencia pura y dura del núcleo doctrinario del gremialismo.
El movimiento, en rigor, promueve las autonomías de diversos sectores de la vida profesional –vecinales, culturales, empresariales, universitarios y gremiales, entre otros– buscando “la incorporación de las personas independientes a la lucha por defender y proyectar las bases de una sociedad libre”, agrega el folleto en clara alusión a la importancia de personas sin filiación política.
“El Gremialismo se ha demostrado eficaz para aglutinar en la defensa de la autonomía de su propia institución vecinal, de estudio o de trabajo, a muchas personas que por razones vocacionales jamás adoptarían una posición política activa”, explica el documento.
Dicho de otro modo, más allá de las apreciaciones políticas, habría algo más profundo ligado a aspectos doctrinarios –coinciden algunos analistas– que explicaría las nominaciones de ministros y subsecretarios independientes en el futuro gobierno de José Antonio Kast.
Un manual de instrucciones
Un exmiembro de la Fundación Jaime Guzmán recuerda que una de las primeras lecciones que aprendió fue “despreciar” a quienes hacían carrera al interior de los Partidos Políticos. “¿A quién le ha ganado este?, era la pregunta que se hacía en ese tiempo, cuando veíamos a militantes de cuadros políticos en distintos cargos, personas que nunca han generado un empleo o han influido al interior de sus sectores profesionales o productivos”.
Esa mirada, asegura la misma fuente, proviene precisamente del documento de 16 páginas, escrito a máquina por Jaime Guzmán en el año 1966, que fue repartido en innumerables cursos formativos durante más de cuatro décadas a lo largo de todo Chile. “El folleto naranja es el manual de instrucciones de este gobierno, al volverlo a releer, uno puede entender perfectamente las decisiones del futuro gobierno, hacia dónde apunta”, agrega.
El primer punto del Libro naranja, sin ir más lejos, describe al gremialismo como una “corriente de pensamiento que lucha por la despolitización de todos los organismos intermedios entre el hombre y el Estado”. La configuración del nuevo gabinete responde en parte a esta perspectiva, pues varios de los ministros provienen o han pasado por este tipo de organizaciones –gremiales, educacionales o corporativas–, sin militar en ningún partido político, pero participando activamente en ellas.
Algunos de estos, como el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, fue consejero gremial de la Sofofa y Presidente de la Cámara Chilena de la Construcción de La Serena; la futura ministra de Seguridad, Trinidad Steiner, presidió la Asociación Nacional de Fiscales; May Chomalí, próxima jefa de la cartera de Salud, es directora del Centro Nacional en Sistemas de información en Salud (CENS); y la ministra de Medio Ambiente, Francisca Toledo, trabajó en la Cámara Marítima y Portuaria de Chile.
Así como existirían sociedades intermedias concebidas para administrar el Estado, el folleto naranja reconoce otras organizaciones fundadas en comunidades de trabajo o actividades, cada una de ella fiel a su “fin propio y peculiar”. “Es decir, cada uno en lo suyo”, explica el documento, sin la necesidad de que cada una de ellas caiga en las redes de la politización partidaria.
“El gremialismo exige para quienes lo profesan, la concordancia en un aspecto fundamental, cual es el de respetar la autonomía de cada agrupación social para perseguir su finalidad propia, independiente de toda tutela o subordinación extraña o instrumentalizadora”, asegura.
La desconfianza hacia los grupos políticos tradicionales, agrega el manuscrito, obedecería a sus propios instintos de “instrumentalización”. “Es muy difícil evitar que la mayoría de los partidos quiera politizar los cuerpos intermedios, pero sin duda que una de las formas más eficaces de impedirlo es formando dirigentes gremialistas que después, si libremente quieren pertenecer a un partido, defiendan en su interior estos principios”, expresa el documento.
El analista político Mauricio Morales, fue uno de los primeros en reparar que la decisión de formar un gabinete con una mayoría de independientes, respondía a las bases programáticas formuladas por Jaime Guzmán en los años sesenta. “Este gobierno es el que mejor representa aquello de no considerar a los partidos políticos como las únicas agencias de canalización de intereses entre la ciudadanía y el Estado”, sostuvo Morales hace pocos días en un programa radial.
“Kast podría convertirse en una especie de verdugo de estas instituciones que hoy concentran el mayor rechazo ciudadano. En consecuencia, si es que uno se va a las bases originarias del gremialismo, Jaime Guzmán estaría muy satisfecho con la nominación de un gabinete de estas características”, puntualizó el académico de la Universidad de Talca.
Arma de doble filo
El cientista político Miguel Torres comparte que los nombramientos del futuro mandatario responden a la doctrina política heredada del folleto naranja. “Aunque se ha manejado de una manera velada, claramente los perfiles escogidos tienen que ver con estos grupos intermedios, que se alejan de los partidos producto de su desligitimación”, explica.
“El gabinete de Kast es gerencial, muy técnico, con poca experiencia política, pero con conocimientos en sus respectivas áreas, esto es evidente. El problema es que deberán negociar con gente de su propio sector y para eso se requiere audacia y muñeca política”, añade el magíster en investigación en ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Para Torres, la perspectiva despolitizada puede ser también un arma de doble filo, muy parecido a lo que sucedió en el gobierno de Boric, cuando se criticó los 20 años de la exConcertación, pero “al final tuvieron que convocar a miembros de la coalición para apuntalar el gabinete”. “En el caso de Kast podría pasar exactamente lo mismo”, argumenta Torres.
Guillermo Holzmann, analista político y académico de la Universidad de Valparaíso, reconoce que si bien Kast recoge las teorías gremialistas como parte de su ideario político, estas han sido “completamente permeadas por la fragmentación de la sociedad y un cambio profundo en su configuración”. “Kast busca pragmatizar ideas que vienen desde hace muchas décadas, incluso siglos, que si bien fueron absorbidas por el gremialismo, se van a someter a una prueba de efectividad en la práctica”, asegura.
Para Holzmann, desde esta perspectiva, la probabilidad de éxito es escasa: “yo creo que es poco probable que esa respuesta sea automáticamente positiva o pueda darle viabilidad a su gobierno de emergencia”. “La apuesta de Kast no puede descansar solamente en cómo generar esa conexión o ese potenciamiento de determinados grupos intermedios, cuando entre ellos hay contradicción e incluso confrontación evidente”, añade.
Abstraerse de los partidos políticos hoy en día, insiste Holzmann, entraría sólo en el plano del pragmatismo ideológico. “Los partidos políticos son hoy día indispensables, más allá de que se les critique o se los considere como parte de una casta…cualquier posibilidad de éxito del gobierno de Kast pasa necesariamente por ellos”, concluye.
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