Lunes, 29 de agosto de 2016Actualizado a las 02:07

El ministro del Interior nuevamente bajo el síndrome del niño inadaptado del Gobierno

 Burgos al borde de la cornisa

por 24 marzo 2016

 Burgos al borde de la cornisa
En la Nueva Mayoría reconocen que en esta vuelta Burgos perdió parte de ese respaldo que había logrado e incluso amarrado, al jugarse las cartas para que se concretara la salida del cuestionado administrador de La Moneda, Cristián Riquelme. Que ya está empezando a molestar ese estilo en que desliza sus diferencias o descontento, pero nunca se atreve a concretar su decisión de dar un paso al costado.

Otra vez sus palabras sacaron ronchas, levantaron más que polvo en las huestes de la Nueva Mayoría y no cayeron muy bien en el seno de La Moneda. En el momento en que el ministro del Interior, Jorge Burgos, reconoció que si fuera parlamentario tendría dudas en relación con la tercera causal por violación en el proyecto de aborto terapéutico, se puso nuevamente al borde de la cornisa. Metió el dedo en la llaga en una materia que ha sido compleja para el oficialismo y que es altamente importante para la Presidenta Michelle Bachelet, quien la ha defendido públicamente.

Toda la semana el ministro Burgos ha sido objeto de críticas desde el oficialismo, luego de que el sábado 19 diera estas declaraciones a CNN: “Las dos primeras causales, si yo fuera diputado, no tengo ninguna duda, si fuera parlamentario respecto de la tercera estaría en un momento de duda (…) uno no es de una coalición por un determinado proyecto de ley (…) prefiero contestar con honestidad”.

Las reacciones no se hicieron esperar. Al día siguiente, los presidentes de partido de la Nueva Mayoría lo fustigaron públicamente y en el seno de la reunión de comité político esa misma mañana le pidieron al ministro que explicara sus dichos. No fueron los únicos, en el Congreso en la mayoría de las bancadas del oficialismo cuestionaron sus declaraciones. Si bien para algunos fue “una tontera” propia del estilo autónomo que se le conoce a Burgos, muchos reconocieron que les cayeron “pésimo” sus dichos y que fueron un reflejo de la “falta de compromiso” del ministro, otra manifestación de su incomodidad en el Gobierno.

La molestia entre las bancadas de la Nueva Mayoría queda reflejada en las palabras del diputado PS, Leonardo Soto: “Él es el conductor del gabinete político, es el vicepresidente de la República y tiene una labor delicada, mantener el orden en la gestión de Gobierno y contribuir al orden en la coalición y no puede bajo ningún concepto tener conductas que vayan en el sentido completamente contrario (…) él se ha autoimpuesto un rol que no le corresponde, que es de intentar pautear a la Presidenta, es legítima la discrepancia en algunos aspectos de la agenda pública que sustenta el Gobierno, pero no lo puede ventilar como un actor más de la política".

El nivel de la crítica interna es proporcional al hecho de que estas declaraciones no son una situación aislada, sino que constituyen un capítulo más de las tensiones internas en Palacio, de las diferencias y gallitos entre el ministro y Bachelet durante los diez meses en que dirige las riendas de Interior, que han pasado desde la visita que le hizo el ex Presidente Ricardo Lagos cuando la Mandataria estaba fuera de Chile, hasta el viaje “sorpresa” a La Araucanía que hizo la Presidenta a fines de diciembre, del cual su ministro del Interior fue abiertamente marginado, lo que gatilló una crisis de proporciones que lo tuvo renunciado.

Ese episodio le generó un apoyo transversal desde el oficialismo, mucho más amplio que las fronteras de la DC. Fueron muchos los dirigentes y parlamentarios que cuestionaron –pública y privadamente ante las autoridades de Palacio– la poca habilidad y tino de La Moneda con el ministro del Interior en esa oportunidad.

 Entre los cercanos a Burgos hay quienes reconocen que se ganó la “camotera colectiva”, porque no hay duda de que se salió del borde totalmente. “Toda la entrevista completa fue un gustito que se dio, no solo la parte del proyecto de aborto”, afirmaron en La Moneda.

Pero en esta ocasión las cosas cambiaron. En la Nueva Mayoría reconocen que en esta vuelta Burgos perdió parte de ese respaldo que había logrado e incluso amarrado, al jugarse las cartas para que se concretara la salida del cuestionado administrador de La Moneda, Cristián Riquelme; que ya está empezando a molestar ese estilo –añaden– en que desliza sus diferencias o descontento, pero nunca se atreve a concretar su decisión de dar un paso al costado.

La pérdida de apoyo fue notoria, en estos días solo algunos sectores de la DC lo han respaldado. Dirigentes y parlamentarios cercanos a Burgos recalcaron que la Presidenta sabía perfectamente cómo era y cómo pensaba el ministro al momento de elegirlo para dicho cargo, que era ilógico pensar que la autoridad DC no iba a plantear su postura en un tema de esa envergadura, un criterio por lo demás que interpreta a una parte de la falange.

“Fue honesto, no llamó a una rebelión interna, sus palabras le hacen sintonía a un sector importante de la DC y, en ese sentido, su presencia en La Moneda es muy útil”, recalcó un alto asesor de Palacio.

Una visión no compartida por timoneles de la Nueva Mayoría, como Guillermo Teillier (PC) y Jaime Quintana (PPD), quienes durante la semana insistieron en que no corresponde que el ministro del Interior dé opiniones personales, más aún si estos dichos pueden generar confusión en las huestes de la coalición, considerando que el proyecto de aborto terapéutico pasó a su segundo trámite constitucional al Senado, donde hay más riesgo que la iniciativa sea morigerada por “la cocina” de la Cámara Alta y las voces más conservadoras del oficialismo en esta materia.

Casi a punto…

Entre los cercanos a Burgos hay quienes reconocen que se ganó la “camotera colectiva”, porque no hay duda de que se salió del borde totalmente. “Toda la entrevista completa fue un gustito que se dio, no solo la parte del proyecto de aborto”, afirmaron en La Moneda.

En esa entrevista, el secretario de Estado dijo que “apoyaría a Ricardo Lagos con gusto” y reconoció que le habría gustado quedarse en el Ministerio de Defensa, “si hubiera podido elegir me habría quedado donde estaba, pero cuando la Presidenta de Chile te llama y te argumenta de por qué te necesita en un cargo, yo le contraargumenté por qué creía que era bueno que me quedara allá, le di mis características y me dijo ‘precisamente por eso te quiero acá’. Es un diálogo complicado, tampoco uno puede negarse”.

Confesó que, respecto del episodio de La Araucanía, a fines de diciembre, “fue complejo” para él enterarse de la forma en que lo hizo, una vez que Bachelet ya estaba arriba del avión, que ese tema con la Presidenta “lo aclaramos”, que a su juicio fue “una mala asesoría” –con lo que apuntó directo a la jefa de gabinete presidencial, Ana Lya Uruiarte–, que él mismo aclaró públicamente que “ambos coincidíamos en que no había sido buena la forma y el modo que se hizo, en fin, tema superado. Conversamos el tema, fue una reunión privada, conversamos el tema, solucionamos el tema”.

De sus roces con el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy (PS), el ministro dijo que efectivamente “tuvimos una diferencia, pero bien y el ministro del Interior soy yo, las decisiones las tomo yo, él es un espléndido funcionario y toda esa especulación que me llevo mal con él es eso, pura especulación”.

Especulación o no, esas palabras sobre Aleuy y toda la entrevista en general cayeron mal en La Moneda, como reconocieron en privado varios en Palacio, que incluso le molestó bastante a la propia Presidenta, que optó por no ahondar en el asunto, ya que Burgos dio señales de que al menos en el tema del aborto terapéutico no pensaba seguir escalando públicamente sobre sus dudas.

Si bien entre quienes lo conocen entienden que no se iba a quedar callado y que en algún momento expresaría su opinión, también reconocen que el ministro se puso peligrosamente al borde de la cornisa, que quedó a un paso de caer o, en castellano puro, a otra salida de libreto para dejar el cargo.

Hace rato que se instaló en el oficialismo la idea de que Burgos tiene sus días contados en el gabinete, que ya se gastó toda su línea de crédito política. Una sensación que, como sus críticos afirman, ha alimentado el mismo ministro, con reiteradas señales internas de su disconformidad y desencanto, de su intención de querer dar un paso al costado, algo que al final del día nunca se concreta.

Es más, en su propio círculo aseguran que hasta la salida de Riquelme incluida y la molestia que eso generó en la Presidenta Bachelet por sentirse pauteada y forzada a tomar una decisión sobre su administrador, Burgos tenía argumentos de peso para sentirse fuera de lugar en el Gobierno, pero que eso ya no es así. Que el nuevo diseño que está aplicando La Moneda le acomoda mucho, recoge muchas de las ideas que la autoridad DC planteó tantas veces, que incluso la comunicación con la Mandataria es fluida, ya que hablan todas las semanas.

“Ya no tiene argumentos para sentirse inadaptado”, recalcó un asesor.

A muchos en el oficialismo les llamó la atención el despliegue del ministro esta semana en el Congreso, donde estuvo martes y miércoles, participó en distintas reuniones con el resto del comité político para aunar criterios en la Nueva Mayoría para sacar adelante la reforma laboral, se le vio conversando con el senador Andrés Zaldívar,  fumando con el diputado Aldo Cornejo y se reunió con el nuevo presidente del Senado, Ricardo Lagos Weber.

Una presencia que fue anotada por muchos, una forma de acallar en parte las críticas soterradas a una suerte de “desidia” que le cuestionan y de la que ponen como ejemplo el hecho de que brilló por su ausencia en el Congreso durante buena parte de la tramitación de la ley antidelincuencia.

Un clima complejo para Burgos nuevamente, otra vez se instala la duda sobre su continuidad, aunque el ministro en la misma entrevista de la discordia fue categórico a la hora de explicar cómo sortea y enfrenta estas situaciones: “Vivo al margen de las intrigas, me importan un comino”.

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