Qué es el ser humano y qué es la máquina
El eje central es que la inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero no humana: no siente, no tiene emociones ni ética propia. Lo que realmente distingue al ser humano de la máquina es su mundo emocional. Por eso, la educación debe enfocarse en fortalecer las capacidades humanas y no solo en incorporar tecnología.
Para Casassus, la diferencia central es “que tenemos emociones”.
Sobre la educación, planteó que su objetivo central es la formación de la mente y que la calidad educativa no puede reducirse solo a resultados de pruebas, sino a su conexión con el mundo real de los estudiantes.
“Una visión sistémica de lo que es calidad de la educación es como la correspondencia que hay entre los contenidos, los métodos, las prácticas en la educación y esta correlación con lo que está ocurriendo en el mundo y que rodea el mundo de los estudiantes. Entonces, para poder hablar y poder referirse a calidad de la educación, hay que tratar de entender qué está ocurriendo en este mundo que nos rodea”, explicó.
Los cuatro ejes principales
El expositor identificó cuatro grandes transformaciones que están redefiniendo la sociedad: el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial, la crisis del Estado tradicional, el surgimiento del posthumanismo y una profunda pandemia emocional en jóvenes, marcada por la angustia, la soledad y la incertidumbre.
En ese contexto, advirtió sobre el riesgo del antropomorfismo, es decir, atribuir cualidades humanas a las máquinas.
“No tenemos que olvidarnos que se trata de una máquina”, subrayó, recordando cómo el cine y algunas aplicaciones han favorecido una relación emocional con sistemas artificiales.
También alertó sobre el fenómeno del “humano disminuido”, al delegar en la inteligencia artificial capacidades como la memoria, la escritura o la creatividad. “Estamos entregándole a la máquina facultades fundamentales”, dijo.
Fortalecer las capacidades humanas