El fin de las vacaciones y el retorno a la rutina laboral o escolar no solo implica reorganizar horarios y responsabilidades. Para muchas personas, este período también trae un aumento del estrés que puede tener efectos concretos en la salud dental.
Dolor mandibular, desgaste dentario, inflamación de encías e incluso la aparición de aftas o herpes labial son algunas de las manifestaciones más frecuentes asociadas a este fenómeno.
Bruxismo: una condición que se activa con el estrés
Una de las consecuencias más comunes del estrés es el bruxismo, definido como una actividad muscular repetitiva de la mandíbula que puede ocurrir tanto durante el sueño como en estado de vigilia.
La doctora María José Manresa, cirujano dentista y especialista en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial de Clínica Mora Pavic, explica que “muchas personas no son conscientes de que aprietan los dientes durante el día o mientras duermen, o de que tienen algún problema en las articulaciones de la mandíbula o en los músculos asociados hasta que aparecen síntomas como dolor de cabeza, cuello o mandíbula, o dificultades para comer o hablar”.
Se estima que el bruxismo nocturno podría afectar hasta a un 30% de los adultos, mientras que el bruxismo de vigilia alcanzaría alrededor de un 15%.
Según la especialista, el bruxismo de vigilia está fuertemente vinculado a factores emocionales como el estrés y la ansiedad, habituales en períodos de transición. En tanto, el bruxismo nocturno puede asociarse a trastornos del sueño —como ronquidos o apnea—, al consumo de estimulantes (cafeína, nicotina, azúcar y bebidas energéticas) y a problemas gástricos como el reflujo.
“El consumo excesivo de azúcar y bebidas isotónicas o energéticas puede alterar el pH de la boca, generando una respuesta involuntaria de apretamiento para estimular la producción de saliva. Con el tiempo, esto favorece el desgaste dental y agrava el cuadro”, detalla la doctora.
Encías inflamadas y mayor riesgo de caries
El estrés sostenido también puede afectar el sistema inmune, aumentando la probabilidad de desarrollar gingivitis o periodontitis, enfermedades caracterizadas por inflamación y sangrado de encías.
A esto se suma un componente conductual: la falta de tiempo y el cansancio propios del regreso a la rutina pueden llevar a descuidar el cepillado o el uso de hilo dental, elevando el riesgo de caries.
Otro efecto relevante es la disminución de saliva. El aumento del cortisol —conocido como la hormona del estrés— puede reducir su producción, provocando sequedad bucal o xerostomía.
“La saliva cumple una función protectora fundamental, ya que ayuda a neutralizar ácidos y controlar bacterias. Cuando disminuye, aumenta el riesgo de caries, mal aliento e infecciones”, advierte la especialista.
No es infrecuente, además, que en estos períodos aparezcan aftas o herpes labial, asociados a bajas defensas y cambios bruscos de ritmo.

Crédito: El Mostrador.
La importancia de detectar señales tempranas
“Detectar a tiempo el bruxismo es clave para evitar daños irreversibles en los dientes y encías, pero por sobre todo, porque es la alarma que envía el cuerpo sobre un problema de salud que puede ser mucho más importante y que es necesario corregir para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes”.
Entre las recomendaciones frente al aumento del estrés en esta época, la especialista sugiere:
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Retomar una rutina estricta de higiene bucal, con cepillado al menos tres veces al día y uso diario de hilo dental.
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Moderar el consumo de azúcar, cafeína y bebidas energéticas.
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Mantener horarios regulares de sueño.
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Incorporar técnicas de manejo del estrés, como ejercicio físico o pausas activas.
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Realizar un chequeo odontológico tras las vacaciones.
“El bruxismo no siempre es una condición crónica. Si logramos identificar y controlar sus factores desencadenantes como el estrés, la dieta o trastornos del sueño; es posible revertirlo y prevenir complicaciones mayores”, concluye Manresa.
El regreso a clases y al trabajo puede ser un período exigente, pero especialistas coinciden en que atender las señales del cuerpo —incluidas las que se manifiestan en la boca— es clave para evitar problemas mayores en la salud dental.