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Radares y airbags: la tecnología que está reforzando la seguridad de los ciclistas en Chile Digital

Radares y airbags: la tecnología que está reforzando la seguridad de los ciclistas en Chile

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Tincho Calderón
Por : Tincho Calderón Periodista especializado en tecnología, gadgets y videojuegos.
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Herramientas como radares traseros y sistemas de protección activa apuntan a reducir la exposición en ese tipo de situaciones, especialmente en vías compartidas.


La seguridad del ciclismo en Chile está entrando en una nueva etapa. A la tradicional combinación de casco, iluminación y conducción defensiva, se están sumando tecnologías activas como radares de proximidad y sistemas de airbag autónomo, que buscan reducir riesgos en entornos con alta presencia vehicular.

El cambio responde a un fenómeno mayor: el aumento sostenido del uso de la bicicleta, tanto en ciudad como en carretera. Según datos del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones de Chile, los viajes en bicicleta han crecido de forma relevante en la última década, especialmente en zonas urbanas como Santiago, donde la infraestructura ciclista ha avanzado, pero aún convive con flujos vehiculares intensos.

En este contexto, dispositivos como los radares traseros han comenzado a masificarse. Equipos como el Garmin Edge 540, un ciclocomputador de gama media-alta, se integran con radares como el Garmin Varia RearVue 820. Estos sistemas detectan vehículos que se aproximan por detrás a distancias de hasta 140 a 150 metros y entregan alertas visuales y sonoras en tiempo real.

Más allá de la detección, el valor está en la interpretación. Los dispositivos utilizan códigos de color y señales dinámicas para indicar la velocidad relativa de aproximación. Esto permite al ciclista anticipar maniobras sin necesidad de girar la cabeza constantemente, algo especialmente relevante en rutas estrechas o con alto tráfico.

Algunos modelos actuales incorporan cámara trasera integrada, como el RCT715, que graba automáticamente ante eventos bruscos y permite registrar incidentes.

La evolución no se limita a la conciencia situacional. En paralelo, 2025 y 2026 han marcado la expansión de airbags personales para ciclistas, una tecnología que ya tenía presencia en el motociclismo. Marcas como Decathlon han comenzado a comercializar chalecos que integran sensores inerciales y algoritmos capaces de detectar una caída en milisegundos.

Estos sistemas se inflan antes del impacto y están diseñados para proteger zonas críticas como el tórax, la espalda y, en algunos modelos, el cuello. Su funcionamiento se basa en patrones de movimiento, no en conectividad externa, lo que permite una activación autónoma.

En el ámbito de la seguridad pasiva, también han ganado relevancia soluciones antirrobo de alta resistencia. Productos como los candados de Hiplok, diseñados para resistir herramientas eléctricas como esmeriles, responden al aumento en el valor promedio de las bicicletas, especialmente en segmentos eléctricos y de alto rendimiento.

El interés por estas tecnologías ha comenzado a reflejarse en el mercado local. Activaciones recientes en espacios como las de Garmin en Mall Sport han mostrado una mayor disposición de los usuarios a incorporar este tipo de soluciones como parte de su equipamiento habitual.

De acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito, los siniestros que involucran ciclistas siguen concentrándose en interacciones con vehículos motorizados. En ese escenario, herramientas como radares traseros y sistemas de protección activa apuntan a reducir la exposición en ese tipo de situaciones, especialmente en vías compartidas.

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