Sostenibilidad
Descontaminar Las Salinas: ciencia, fiscalización y desarrollo urbano en Viña del Mar
El proyecto de biorremediación en el Paño Sur ha sido fiscalizado 14 veces desde que inició sus trabajos en septiembre de 2024 y ya roza el 30% de avance. Stephanie Rotella, gerente de Medio Ambiente de la obra, explica qué implica hacer esto por primera vez en una zona urbana de Chile.
En un proceso técnico sin precedentes en Chile en contexto urbano, se busca sanear 16 hectáreas frente al borde costero de Viña del Mar. Un proyecto que combina la ciencia de la biorremediación —una técnica impulsada por décadas de investigación científica liderada en buena parte por mujeres— con un desafío social de generar confianza en vecinos, autoridades y ciudadanía en el suelo que alguna vez albergó un centro de distribución y almacenamiento de combustibles y donde comenzó un proceso de más de veinte años de saneamiento que puede, efectivamente, recuperarse.
Eso es parte de lo que lleva haciendo Stephanie Rotella desde que asumió la gerencia de Medio Ambiente del proyecto Las Salinas. Ingeniera civil de la Universidad Católica con especialización en el MIT, Rotella lleva 13 años vinculada a este proyecto —primero en un rol técnico, hoy conduciendo el área ambiental— y conoce sus bemoles mejor que nadie.
Catorce fiscalizaciones
Los números que maneja Rotella son concretos: 570 días de operación continua, un avance cercano al 30% en el Paño Sur, dos hectáreas completamente saneadas en el Paño Sur alto y 14 fiscalizaciones realizadas por autoridades ambientales y sanitarias. Esto último, lejos de verlo como una presión externa, la profesional lo presenta como una señal de que el estándar va en la dirección correcta.
“Valoramos muy positivamente la fiscalización, porque los proyectos de regeneración ambiental deben ir marcando un estándar de excelencia para el bienestar de la comunidad y el desarrollo del país”, dice.
En los 570 días de operación, los registros del sistema integral de monitoreo de variables ambientales de Las Salinas dan cuenta de que permanentemente se ha trabajado bajo los niveles permitidos en materia de ruido, polvo en suspensión y olores. Con todo, Rotella reconoce que externalidades son percibidas por los vecinos y que eso obliga a un trabajo permanente de ajuste y comunicación, en que lo central es insistir en lo que indican todos los registros y la experiencia internacional aplicada: el proceso de saneamiento a través de la biorremediación es seguro para las personas y el entorno.
“Los vecinos pueden, en ciertas ocasiones, percibir olor asociado a algunas labores específicas de la biorremediación como cuando se instala una biopila, que implica mover suelos. Si eso se da en condiciones alta temperaturas y baja humedad, por ejemplo, hará que sean perceptibles, pero no revisten riesgo alguno para la salud de las personas ni para el medio ambiente. En esos casos, en Las Salinas optamos por pausar algunos trabajos, mientras persiste esa condición climática, y nos concentramos en otras labores en el terreno”, afirma Rotella.
Técnica global segura
La biorremediación que se aplica en Las Salinas no es experimental: hay experiencias de más de 50 años en el mundo que demuestran que la naturaleza puede recuperarse con el apoyo de tecnología verde. El punto es que en Chile no existía otro caso en área urbana, lo que obligó al equipo a revisar las mejores prácticas internacionales y adaptarlas al contexto local.En esa búsqueda, Rotella destaca el rol de investigadores y académicos de universidades de la Región de Valparaíso, y reconoce además una línea de filiación científica que le resulta significativa: referentes globales en biorremediación son mujeres.
Nombra a Julia Foght (Universidad de Alberta), Lisa Álvarez-Cohen (UC Berkeley), Siti Khodijah (ITB Indonesia) y Elizabeth Edwards (Universidad de Toronto), entre otras. “Esto es fundamental y ojalá ese trabajo de investigación fuera más conocido, porque sirve para promover técnicas seguras y también para estimular que más mujeres trabajen en el área científica”, afirma Rotella.
Participación y aula abierta
El proyecto contempla un Programa de Comunidad Informada y en ese marco, el despliegue de un Plan de Monitoreo Participativo (PMP) en el que intervienen directamente personas de los sectores cercanos acompañando la medición de las variables ambientales del proyecto. Rotella recuerda haber participado en cientos de diálogos a lo largo de los años que lleva vinculada a Las Salinas, y subraya como una responsabilidad de la empresa la necesidad de aportar a disminuir la incertidumbre, lo que hacen con información respaldada en datos concretos.
Para 2026, Las Salinas está impulsando un Plan Educacional asociado al proyecto, que busca ampliar el proceso iniciado hace dos años con establecimientos escolares y universitarios, a los vecinos. La iniciativa tiene un antecedente concreto: la experiencia con recintos educacionales cercanos y la visita el año pasado, de la profesora Roxana Nahuelcura, del Liceo N°1 Javiera Carrera de Santiago, quien visitó el proyecto en terreno junto a estudiantes que se preparaban para un concurso científico internacional.
“Las Salinas tiene el valor de ser no solo un excelente proyecto de regeneración ambiental y urbana, es también un aula abierta”, dice Rotella. En un contexto en que la política científica vuelve a tener visibilidad institucional, el proyecto busca posicionarse también como caso de estudio para futuros procesos de saneamiento en Chile.
“Compartimos lo señalado por la nueva Ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, quien ha indicado que promover la ciencia y el conocimiento es un tema clave para el desarrollo del país. Hacia ese horizonte trabajamos también en Las Salinas y estamos a disposición para seguir impulsando nuevas iniciativas que aporten a la Región de Valparaíso y a todo Chile”, concluye Rotella.