Salud
Créditos: El Mostrador.
Irritabilidad, insomnio y ansiedad: la depresión estacional también puede manifestarse en verano
Aunque suele asociarse al invierno, la depresión estacional también puede manifestarse en verano de forma silenciosa. Irritabilidad, insomnio y ansiedad son algunas de las señales de un malestar que suele minimizarse, pero que puede afectar la calidad de vida si no se reconoce a tiempo.
Aunque suele asociarse a los meses fríos, la depresión estacional no es exclusiva del otoño o el invierno. En verano, este cuadro puede aparecer de forma más silenciosa y pasar inadvertido, pese a generar un impacto real en la vida cotidiana. Irritabilidad persistente, insomnio, ansiedad, sensación de agobio y dificultades para adaptarse a los cambios de rutina son algunas de las señales que pueden marcar esta experiencia, muchas veces normalizada bajo la idea de que el malestar es solo “parte del calor” o del estrés propio del período.
El verano suele estar socialmente ligado al descanso, las vacaciones y el disfrute, pero no todas las personas lo viven de ese modo. La depresión estacional, conocida clínicamente como trastorno afectivo estacional (TAE), también puede manifestarse durante los meses de mayor luminosidad y altas temperaturas. “A diferencia del cuadro invernal, la depresión estacional de verano tiende a manifestarse de forma menos evidente, no siempre se manifiesta como tristeza profunda, sino a través de irritabilidad persistente, alteraciones del sueño o ansiedad, lo que dificulta su identificación temprana”, explica Denisse Tapia, psiquiatra y directora médica de Clínica MirAndes Salvador de Grupo Cetep.
Esta presentación más difusa hace que los síntomas se minimicen o se atribuyan a factores externos, aun cuando afectan de manera significativa la calidad de vida.
Desde una perspectiva fisiológica, el aumento de las horas de luz y las altas temperaturas alteran los ritmos biológicos. La mayor exposición solar reduce la producción de melatonina, hormona fundamental para regular el sueño, lo que favorece el insomnio y un descanso poco reparador. “Cuando estas alteraciones se sostienen en el tiempo, se afecta la estabilidad emocional y aumenta la vulnerabilidad a síntomas depresivos”, advierte Tapia. A esto se suman factores emocionales y sociales, como los cambios abruptos de rutina, la presión por “aprovechar” el verano, las comparaciones vinculadas a la imagen corporal y las expectativas de disfrute.
i bien no todas las personas desarrollan un trastorno depresivo, existen grupos con mayor riesgo, como quienes han tenido episodios depresivos previos, problemas de sueño o dificultades para adaptarse a cambios. La duración y el impacto de los síntomas son claves: cuando el malestar se prolonga por semanas e interfiere con la vida laboral, social o familiar, es una señal de alerta. “El contraste entre lo que se espera sentir en esta época y lo que realmente se experimenta puede generar un malestar significativo”, advierte la especialista.
Señales de alerta y la importancia de consultar a tiempo
Si bien no todas las personas desarrollan un trastorno depresivo, existen grupos con mayor riesgo, como quienes tienen antecedentes de depresión, trastornos del sueño o dificultades para adaptarse a cambios de rutina. La clave está en la duración e intensidad de los síntomas. “Cuando la irritabilidad, el insomnio o la sensación de agobio se mantienen por varias semanas e interfieren con la vida laboral, social o familiar, es fundamental consultar”, enfatiza la experta.
Desde la práctica clínica, las recomendaciones apuntan a cuidar las rutinas básicas, proteger el descanso nocturno, evitar la sobreexigencia social y mantener espacios de regulación emocional. También se sugiere reducir el uso de pantallas durante la noche, moderar el consumo de alcohol y no suspender tratamientos farmacológicos o terapéuticos sin indicación médica. “Reconocer que el verano no siempre se vive como una etapa de bienestar permite atender el malestar a tiempo y evitar que el cuadro se profundice”, concluye la Dra. Tapia.