BRAGA
Brecha digital desde la perspectiva de género: la conexión también influye en el empoderamiento
En un mundo digitalizado, no saber usar la tecnología no es solo una limitación, es una forma moderna de exclusión. Y el acceso equitativo al conocimiento digital se transforma, entonces, en una herramienta concreta de justicia social y de transformación.
En un mundo hiperconectado, donde la vida cotidiana se desarrolla cada vez más en pantallas, no todas las personas llegan en igualdad de condiciones. Para millones de mujeres en América Latina, la falta de acceso a Internet, la baja alfabetización digital y los estereotipos de género siguen siendo barreras invisibles —pero muy reales— que las excluyen del desarrollo social, económico y cultural que ofrecen las tecnologías.
Según datos recientes de ProFuturo y la Cepal, más de 89 millones de mujeres en América Latina no tienen acceso a Internet o no pueden costearlo, y solo el 65% de las mujeres usa Internet de forma regular, en comparación con el 69% de los hombres. Esta brecha digital de género no solo limita el uso de herramientas básicas, como la búsqueda de información o el acceso a servicios públicos digitales, sino que también se traduce en menos oportunidades laborales, menor autonomía económica y exclusión de espacios de participación cívica.
Una conexión que no alcanza
Hablar de alfabetización digital con perspectiva de género no se trata solo de enseñar a usar un celular o una app, sino de entender cómo las mujeres viven la tecnología de manera distinta, y cómo pueden crear condiciones más equitativas.
Esta perspectiva reconoce que las mujeres —especialmente aquellas de zonas rurales, de bajos ingresos, migrantes o jefas de hogar— enfrentan múltiples barreras: desde la falta de tiempo por las tareas de cuidado, hasta la violencia digital y la poca representación en áreas tecnológicas.
Aprender a defenderse en línea
En los últimos años, la violencia de género también se ha trasladado al mundo digital. Casos de ciberacoso, difusión no consentida de imágenes íntimas, control digital por parte de parejas o exparejas, y hostigamiento en redes sociales son parte del día a día de muchas mujeres. En este contexto, la alfabetización digital se vuelve también una herramienta de autodefensa y resiliencia.
Aprender a proteger la privacidad, denunciar un abuso o identificar noticias falsas también es parte del empoderamiento digital.
Iniciativas que marcan la diferencia
Diversos proyectos en la región están tratando de cambiar esta realidad. En Colombia, el programa “Mujeres TIC” ofrece cursos de programación y habilidades digitales a mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad. En Argentina, la organización Chicas en Tecnología trabaja con adolescentes para fomentar su participación en ciencia y desarrollo digital. Y en Chile, iniciativas como “Mujeres ON” y “Niñas Pro” capacitan a mujeres de todas las edades en competencias digitales, con foco en la autonomía económica y el liderazgo.
Aunque los avances son visibles, el desafío es estructural. Según cifras de la Unesco, solo el 35% de los estudiantes de carreras STEM son mujeres, y la participación femenina en la economía formal digital sigue siendo minoritaria.
La alfabetización digital con perspectiva de género implica no solo el acceso a conexión, si no que reconoce las desigualdades, generando espacios seguros y formativos para que las mujeres puedan usar la tecnología en sus propios términos. Es, en definitiva, una forma de acortar no solo la brecha digital, sino también la social, económica y cultural.