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Creencias erróneas y temores sociales obstaculizan el avance de la ESI en el sistema escolar chileno BRAGA Créditos: El Mostrador

Creencias erróneas y temores sociales obstaculizan el avance de la ESI en el sistema escolar chileno

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Aunque la ESI es valorada por su rol en la prevención de abusos y la formación afectiva, un estudio del CIAE revela que mitos y temores infundados dificultan su implementación en Chile, exponiendo a niños y niñas a desinformación y riesgos evitables.


Si bien la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas es valorada por su rol en la prevención de abusos, el fomento del autocuidado y la promoción de relaciones afectivas saludables, todavía existen mitos y temores que dificultan su implementación efectiva en Chile. Así lo evidencia un estudio del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, liderado por la investigadora Anita Tobar.

“Un análisis preliminar de entrevistas realizadas a población adulta chilena sugiere que las creencias sobre la ESI en nuestro país son altamente contradictorias. Se considera fundamental para el bienestar de niñas, niños y adolescentes, pero al mismo tiempo genera temor por una supuesta hipersexualización de las y los estudiantes. Es una tensión que revela más desinformación que un rechazo bien fundamentado”, explica Tobar.

Además, la académica explica que cientos de personas temen hablar de sexualidad en la infancia ya que, se implica exponer niños y niñas a contenidos peligrosos para su etapa de desarrollo. Sin embargo, Tobar advierte que esta visión está completamente distorsionada del sentido de la ESI.

“La educación sexual integral no adelanta contenidos sexuales de manera inapropiada, sino que acompaña el desarrollo desde el autocuidado y el respeto por el propio cuerpo y el de los demás”, agrega.

De acuerdo con la investigadora, estas creencias equivocadas tienen un trasfondo cultural y se ven profundamente influenciadas por narrativas sociales y mediáticas que alimentan el miedo y la desconfianza. “Muchas veces se asume que la ESI es solo biología o genitalidad y no se considera que aborda también el consentimiento, el respeto, los vínculos y la prevención de violencia. Sobre todo, se ignora que enseña integralmente sobre la sexualidad, de forma progresiva y adecuada a cada etapa del desarrollo”, enfatiza.

Miedos y prejuicios frenan la ESI

Uno de los riesgos más preocupantes es que estas creencias, arraigadas en el entorno social y familiar, terminen por censurar, debilitar o incluso bloquear por completo la implementación de programas de Educación Sexual Integral (ESI) en los establecimientos escolares.

La experta advierte que “cuando la implementación se percibe como riesgosa, las escuelas pueden optar por reducir contenidos o simplemente no abordarlos. Esto vulnera el derecho de niñas, niños y adolescentes a recibir la educación que necesitan para su correcto desarrollo psico-emocional”.

Bajo este mismo contexto, alerta sobre la falta de respaldo y formación institucional para docentes. “Si el profesorado no está debidamente preparado ni apoyado, es probable que también reproduzca los temores y prejuicios presentes en la sociedad. Por eso, la implementación de la ESI no puede limitarse solo a ajustes curriculares; es un desafío cultural que implica aceptar y acoger con respeto las preocupaciones de las familias”.

Asimismo, agrega que “estudios como este son indispensables para la creación de intervenciones pedagógicas que se hagan cargo de manera realista y culturalmente apropiada de las necesidades de nuestra sociedad”, afirma Tobar. “Por ejemplo, identificar estos miedos en población chilena releva la importancia de fortalecer urgentemente la relación entre las escuelas y las familias. Para esto, sería bueno avanzar hacia la capacitación de docentes, para que puedan no solo identificar las preocupaciones de sus apoderados, sino también abordarlas desde la misma escuela, ofreciendo un espacio seguro para aprender sobre los beneficios de una ESI bien implementada”.

La ESI no es el problema, es parte de la solución

Según la experta, la Educación Sexual Integral (ESI) genera impactos positivos comprobables: contribuye a reducir conductas de riesgo, previene embarazos no deseados y entrega herramientas clave para cuestionar y desnaturalizar la violencia sexual.

“Lo que hipersexualiza no es la educación, es el silencio. Es dejar a niñas, niños y adolescentes expuestos al sensacionalismo de los medios, a información sin mediación adulta que responda sus dudas e inquietudes de manera respetuosa e informada, o a pensar que se puede aprender sobre sexualidad viendo contenidos pornográficos que, justamente, normalizan la hipersexualización de los cuerpos y erotiza problemáticamente la violencia”, enfatiza Tobar.

Finalmente, la experta concluye que una ciudadanía bien informada es clave para poder avanzar. “Necesitamos abrir espacios de diálogo, confiar en la evidencia y entender que una ESI bien implementada no es un riesgo, sino una herramienta imprescindible para formar personas autónomas, respetuosas y conscientes. Hoy, más que nunca, el acceso a una ESI de calidad es un derecho de las infancias que la academia puede y debe defender”.

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