BRAGA
Créditos: Cedida.
María Teresa Rojas: “La falta de autonomía hace mucho más difícil romper los circuitos de violencia”
María Teresa Rojas analiza las cifras que evidencian la persistencia de la violencia de género en Chile y advierte que la falta de autonomía económica, el insuficiente apoyo institucional y el aumento de la violencia digital siguen dificultando la protección de mujeres y niñas.
Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Fecha que busca poner sobre la palestra los diferentes tipos de violencia de género que sufren millones de mujeres alrededor del mundo. Este día fue instaurado en 1999 por la Organización de Naciones Unidas y su finalidad es visibilizar la violencia de género como una grave violación a los derechos humanos.
Asimismo, Naciones Unidas establece que la violencia de género incluye actos físicos, sexuales o psicológicos, coerción o amenazas, tanto en la vida pública como privada. El panorama en Chile no deja de ser alarmante. Organizaciones como el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL advierte que la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema persistente, convirtiendo el 25 de noviembre en una fecha clave para reafirmar el compromiso con sus derechos.
Por otro lado, el Dossier Informativo Violencia contra Mujeres 2024-2025 elaborado por la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, establece que la situación de género en Chile sigue siendo crítica. La violencia intrafamiliar fue el delito más denunciado por mujeres en 2024, mientras que ese mismo año se registraron 50 femicidios, seis de los cuales no fueron reconocidos oficialmente, la mayoría cometidos por parejas o exparejas.
El informe también revela que entre 2020 y 2024 desaparecieron 64.500 mujeres y niñas, y se registraron 58 agresiones sexuales diarias, la mayoría ocurridas en espacios íntimos. La organización detrás del dossier sostiene que estos crímenes representan las formas más extremas del continuo de violencia que enfrentan las mujeres diariamente, y que muchas veces quedan excluidos de los debates presidenciales sobre seguridad.
Bajo el contexto del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, El Mostrador Braga conversó con María Teresa Rojas, directora de Género, Diversidad y Equidad de la Universidad Alberto Hurtado, para profundizar en las cifras, desafíos y estrategias que aún persisten en la lucha por la igualdad y la protección de los derechos de las mujeres en Chile y América Latina.
– ¿Cuál diría que hoy es el principal desafío para avanzar hacia una vida libre de violencia en Chile, especialmente en un escenario político y electoral polarizado como el actual?
Creo que son varios los desafíos. Sin duda hay un problema que es estructural, que es la desigualdad. Parte importante es la falta de autonomía económica de las mujeres, su baja inserción en el mercado laboral, más bien en el mercado informal, y el poco apoyo que existe para que puedan conciliar labores de cuidado y trabajo, explica que los circuitos de violencia sean más difíciles de romper. Sin duda es un tremendo problema, todavía reportamos una cantidad de femicidios importante, no baja la cifra además. El problema de la violencia es el principal y sigue siendo muy dramático en Chile, pero me gustaría también mostrar que la falta de autonomía y estabilidad económica hace mucho más difícil romper esos circuitos que en condiciones de plena autonomía, por eso la violencia hacia las mujeres no solamente es explícita, en términos de violencia física o psicológica, también es un maltrato en término de brecha salarial, falta apoyo a los cuidados, falta apoyo a la inserción, formar el trabajo y por supuesto también sigue habiendo una desigualdad de género en términos de mujeres más expuestas a la violencia donde la mayoría de los denunciados son hombres.
-A pesar de los avances legislativos y de la mayor conciencia social que existe, las cifras de violencia siguen siendo cifras alarmantes. ¿Qué cambios urgentes deberían implementarse desde el Estado y desde las instituciones para que este día sea más que una conmemoración?
Me gustaría hacer un un alcance, algunos y algunas especialistas han dicho que el aumento de las cifras, por ejemplo, en las denuncias por violencia intrafamiliar, incluso el aumento de las cifras que reporta la ley Karin, las denuncias por ley Karin sobre acoso laboral y acoso sexual son mucho más numerosas en mujeres. Algunos especialistas han subrayado que ese aumento de denuncias no es porque haya más violencia que antes, sino porque existen más canales, más información para poder denunciarla. Es como, paradójicamente, una buena noticias. Se hace más visible algo que ha existido siempre, pero que hoy hay más posibilidades de poder denunciarlo. Lo digo porque me gustaría subrayar que los avances legislativos son importantes.
¿Cuáles son los desafíos? Cuidar las leyes que tenemos, seguir legislando en aquellas zonas sombrías donde todavía no logramos llegar con la regulación y las normas. Sobre todo entorno a la violencia económica, la violencia de la dependencia o de la informalidad, después de las leyes, hay una necesidad de más apoyo institucional a las mujeres que denuncian, y eso tiene que ver con acoger en las instituciones que denuncian, tener una perspectiva de género, de resguardar la seguridad realmente, aplicar medidas cautelares efectivas, que significan que ellas se puedan alejar, y se alejen de sus agresores, porque parte del problema es que eso nadie lo puede garantizar, se fiscaliza con cierta debilidad, y eso es parte del problema.
-Han surgido nuevos conceptos como la violencia digital y diversas organizaciones feministas advierten que este tipo de violencia en redes sociales se ha intensificado. ¿Cómo deberían las instituciones abordar las nuevas manifestaciones que afectan especialmente a las mujeres más jóvenes?
Sobre eso tenemos más claridad del problema y menos claridad de la solución. La investigación refiere justamente al sistema chileno, la misma Superintendencia de Educación reporta aumentos del bullying sexista por medios digitales o de violencia digital sobre todo por la exposición de imágenes de jóvenes sin consentimiento y de una nueva dinámica que sabemos que existe más o menos sabemos cuáles son los espacios, no tenemos claridad de cuál es la envergadura porque hay muchas redes sociales a las que el mundo formal todavía no llega y si sabemos que, en aquellos en lugares, sobre todo en el sistema escolar en que esto disminuye es porque deben haber reglas muy claras de lo que significa la violencia digital, sancionarla, pero sobre todo educarla. Si no hablamos del tema, si no le enseñamos a los niños y a las niñas el respeto por la intimidad, el respeto por el cuerpo, el respeto por el consentimiento, si esa conversación no forme parte como de la matriz educativa permanente, es muy difícil que podamos modificar esos patrones de conducta porque es mucho más penetrante, rápido, a la mano, especialmente en el mundo digital, el lenguaje virtual que el lenguaje escolar.
-El trabajo no remunerado que sostiene al país, pero que queda fuera de la protección social. ¿Cree que el reconocimiento del cuidado como trabajo podría reducir la violencia económica estructural contra las mujeres?
Absolutamente. cuando sabemos en Chile que casi dos tercios de las personas que cuidan son mujeres, sabemos además que no tienen no solamente el reconocimiento económico, no tienen un reconocimiento social por el trabajo y además un profundo proceso de cansancio, porque no reciben dinero, no reciben reconocimiento, pero además son personas extremadamente cansadas porque no reciben dinero, no reciben reconocimiento, pero además son personas extremadamente cansadas porque tienen que conciliar el cuidado con las labores de trabajo fuera y muchas veces sin ni siquiera tiempo para poder cuidarse, ¿no? Entonces, esa dependencia económica, pero también algunos autores hablan del esclavitud del tiempo, de no poder tener tiempo ni siquiera para pensar en un mecanismo que te ayude a superar ciertos mecanismos de violencia es un tipo de violencia muy estructurales de las mujeres, y de algunos hombres también que tienen que cumplir, pero es fundamentalmente un fenómeno feminizado, porque les impide contar con dinero, pero también con tiempo para romper circuitos de violencia.Varias autoras en Chile han trabajado justamente el concepto del agotamiento un cuerpo agotado que puede estar profundamente cansado, difícilmente es un cuerpo que puede pensarse a sí mismo, a su autonomía, en vivir de una manera diferente. Esto me parece estructural y cualquier política de cuidado real que vaya emparejada del reconocimiento social y económico del labor, por supuesto que va a ser sumamente importante el autonomía de las mujeres y en que se rompa el círculo de la violencia en muchos casos.